Iglesia Católica anuncia protocolos para la reapertura de sus templos

Foto: EPA/ABED AL HASHLAMOUN

Puerto Rico – La Arquidiócesis de San Juan, la Diócesis de Ponce, la Diócesis de Caguas y la Diócesis de Fajardo-Humacao presentaron recientemente un documento de 15 páginas que recoge las medidas protocolares que estarán tomando para el regreso a las celebraciones con el pueblo en medio de la pandemia. 

“Este protocolo es primordialmente litúrgico y rige dentro de los límites de nuestras diócesis. Lo que decimos para las parroquias y sus capillas, aplica igualmente a capillas conventuales, santuarios y demás lugares donde se planifique tengan celebraciones en nuestras diócesis”, reza el documento que entró en vigor el 26 de mayo de 2020. 

Como disposiciones previas el documento establece que se mantendrá la dispensa del precepto dominical hasta nuevo aviso, así como la del precepto pascual y la confesión anual. 

Así mismo, invita a las personas mayores, enfermas, inmunocomprometidos o en situación de riesgo a que ponderen la conveniencia de asistir a lugares con aglomeración de personas, incluyendo los lugares de culto.

De la misma forma, quienes tengan algún síntoma relacionado al COVID-19, aunque sea de catarro o hayan estado en contacto con personas con algún virus, no deben ir a las celebraciones ni visitar templos ni otros lugares.

Antes de proceder a la apertura de los templos e iniciar celebraciones con la asistencia del pueblo, los sacerdotes tendrán que hacerse la prueba molecular del SARS-CoV-2 y si es posible también la serológica y repetirla mensualmente. Si hay sacerdotes enfermos o con tos no deben celebrar la Santa Misa con el pueblo. 

Por otro lado, aunque las parroquias se prepararán para tener sus dispensadores de desinfectantes y cumplir con las demás medidas de salubridad, se exhorta a todos los que asistan a los lugares de culto a limpiar bien sus manos y usar mascarilla desde antes de entrar.

Las puertas de las iglesias se mantendrán abiertas a la entrada y salida de las celebraciones para evitar que los feligreses toquen las manillas y no se permitirá tocar ni besar el sagrario ni las imágenes de los santos y santas.

El documento protocolar establece que convendrá organizar, sea por parroquias o decanatos o vicarías, un comité de profesionales de la salud que asista a los párrocos o administradores parroquiales en esta situación.El Consejo pastoral parroquial apoyará al párroco o administrador parroquial en estas circunstancias. 

Igualmente, es pertinente tener un ministerio de ujieres o acogida o un grupo de voluntarios, que permita la realización de las medidas protocolares, como por ejemplo:la apertura de puertas, ubicar fieles en el templo, distanciamiento en la fila para la Comunión, etc.

De la misma forma se le pedirá a los fieles que velen también el distanciamiento físico en las zonas de estacionamiento, de modo que al entrar o salir de sus vehículos, cuiden con el distanciamiento establecido.

Fase preparatoria 

Esta fase durará de una a tres semanas y consiste en informar y educar para la preparación de los templos, capillas u otros espacios (inclusive la sacristía, oficinas parroquiales, etc.) para adecuarlos a recibir los fieles, principalmente para la celebración de la Santa Misa u otros actos de culto cuando se den las condiciones para iniciar el desconfinamiento paulatino de la cuarentena. En esta etapa se limpiarán y desinfectarán las áreas siguiendo las guías para estos procesos. 

Fase I

En esta siguiente fase se podrán reabrir los templos una vez cumplan con los requerimientos de la fase preparatoria. 

En esta fase los asistentes a las celebraciones no deben superar 25% o 1/4 de la capacidad del espacio celebrativo. Al llegar a esa cantidad máxima permitida de fieles en el espacio celebrativo no podrá entrar más nadie.

Para distribuir de alguna manera los fieles y evitar sobrepasar la cantidad establecida de asistentes, los párrocos o administradores parroquiales darán algunas pautas de quienes pueden asistir a las celebraciones por día u hora: por sectores de la parroquia, por apellidos, por grupos o ministerios parroquiales, reservando su puesto con antelación por medio de una llamada o internet o alguna otra opción que decidirá oportunamente el párroco o administrador parroquial con la ayuda de su consejo pastoral parroquial.

Los sacerdotes celebrantes, diáconos y sus ayudantes deben desinfectarse las manos antes de comenzar la misa y ponerse mascarilla para toda la celebración y evitar tocarse la cara. En el presbiterio debe guardarse también la distancia requerida entre los ministros.

Los fieles se sentarán  a dos por fila dejando entre sí 6 pies de distancia a vuelta redonda, a menos que sean del mismo núcleo familiar. Eso puede implicar dejar un banco o fila de sillas por medio sin usar o alejar las filas o bancos unos de otros, según el caso de cada templo.

En cuanto a los coros no deben exceder tres personas y guardarán la distancia establecida entre ellos. No se repartirán boletines parroquiales, ni cantorales ni hojas sueltas ni otro material.

Dado que han pasado más de dos meses de cuarentena y aún no se prevén las condiciones para acceder expedita y normalmente al sacramento de la confesión, se autoriza a los sacerdotes, si lo creen prudente, a conceder durante el acto penitencial de las primeras misas que celebren con la asistencia de los fieles la absolución general, siguiendo lo dispuesto en el ritual de la Penitencia y recordándoles que deberán acudir a la confesión individual tan pronto les sea posible. 

El documento protocolar establece que no habrá procesión para presentar los dones ni colecta. Se exhorta a los fieles a hacer llegar sus ofrendas electrónicamente. Los que no dispongan de métodos electrónicos, podrán depositar su donativo en una canasta o alcancía que se pondrá en un lugar adecuado y seguro o las enviarán por correo.

El saludo de paz sigue omitido o limitado a un gesto en el que los fieles no se toquen ni se acerquen físicamente menos de 6 pies.

La Comunión se recibirá en la mano, evitando cualquier contacto con la mano del comulgante. Se podrá distribuir la Comunión, según la costumbre de hacer fila, pero guardando la distancia entre comulgantes. También se puede considerar que los fieles se mantengan en su lugar y el ministro se acerque a llevarle la Comunión.

El fiel comulgante antes de acercarse a comulgar se desinfectará las manos, hará la fila guardando distancia, al llegar ante el ministro y mostrársele la Santa Hostia, sin decir nada, hará una reverencia con la cabeza o el cuerpo o una genuflexión y recibirá el Santísimo en la mano. 

Al finalizar la celebración, se tendrán las puertas abiertas para evitar que los fieles tengan que tocar las manillas o las puertas. Se organizará una salida ordenada de la asamblea evitando agrupaciones de personas en el exterior del lugar de la celebración.

Una vez salgan todos los fieles se procederá a la desinfección del templo, bancos, objetos litúrgicos, baños, etc. después de cada misa o celebración. Convendrá educar y exhortar a los fieles a colaborar en esto limpiando el área en que se han sentado.

Otros sacramentos y celebraciones 

El Bautismo y la Unción de los enfermos se podrá realizar solo en peligro de muerte. Los matrimonios, actos de culto, misas feriales, así como la permisión para asambleas más concurridas, etc. se darán indicaciones más adelante, según lo permitan las circunstancias.

En cuanto al sacramento de la Reconciliación se deberá adecuar los confesionarios para que tengan circulación de aire hacia el exterior, que el penitente no quede muy cerca del confesor y haya en el lugar de la rejilla un panel de plástico o acrílico que permita oír, pero proteja al confesor y penitente de cualquier contagio.

Tanto el confesor como el penitente deben cuidar las medidas de higiene antes de entrar y al salir del confesionario. Tanto el fiel como el confesor deberán usar mascarilla. El penitente o el confesor deberán limpiar el área usada al salir. 

En lo que se adecua el confesionario a estos requisitos, se ha de celebrar el sacramento en un espacio amplio y mantener la distancia física que asegure tanto la prevención de cualquier contagio como la confidencialidad del sacramento.