Hermanas Dominicas: obra social y espiritual que trasciende

En sus institutos de Yauco y Guánica, las Hermanas Dominicas también brindan talleres de repostería a niños y adultos.

La Caminata por Amor es mucho más que un recorrido de 14 kilómetros. Es generosidad, solidaridad y compromiso.

Además, es allí donde se define el presupuesto con el que podrán contar las Hermanas Dominicas de Fátima para sus obras misioneras.

“Son muchas cosas las que logramos hacer gracias al apoyo económico de la gente que participa en la caminata anual”, inició Sor Ana Chévres, Madre Superiora del Convento.

Como explicó, el trabajo social, educativo, de salud y autosuficiencia de estas religiosas llega a comunidades remotas donde los servicios gubernamentales y privados no trascienden y donde la sobrevivencia delata la pobreza extrema.

Ese es el caso de la comunidad del barrio Indiera Alta de Maricao, donde alrededor de 58 familias dependen casi en su totalidad de la agricultura. Allí la Congregación estableció un proyecto de desarrollo educativo con la intención de integrar a las familias en eventos de autogestión y sustentabilidad.

En un momento dado, la Congregación logró el apoyo de la Reserva de la Guardia Nacional para adiestrar a los hombres y mujeres del sector en talleres de loza, bloque, costura y siembra, por mencionar algunos. Además, se les provee ayuda psicosocial, trabajo social, orientación y consejería.

“De esta manera las familias aprenden a ser útiles para sí mismas, a su comunidad y al país”, sumó Sor Ana.

Además, narró que la Congregación atiende proyectos de salud en otros sectores de Puerto Rico, muchos de ellos dirigidos a la prevención de enfermedades, la vacunación y al tratamiento de personas que han caído en las garras de la drogadicción.

“Tenemos proyectos en Puerto Rico y en el exterior. Todas las casas de servicios, institutos y proyectos especiales están encaminadas a la autosuficiencia. La intención es prepararlos para que puedan retomar el control de sus vidas”, agregó Sor Ana.

Por mencionar algunos, en Yauco, Guánica y Maricao ubican tres institutos cuyos participantes tienen la oportunidad de finalizar la escuela superior, al tiempo en que reciben formación religiosa. Además, se les capacita en artes culinarias, repostería o técnica de uñas, entre otras destrezas.

Asimismo, hay religiosas que trabajan en la formación de catequistas y en medios de comunicación social en Ponce y Mayagüez. También en un centro de servicios para mujeres maltratas conocido como Centro Madre Dominga en Ponce.

Otros servicios que llegan a las comunidades incluyen suministro de ropa, alfabetización y realización de actividades culturales y sociales, encaminadas a la unión de la familia, entre muchas más.

“Actualmente colaboramos en muchos centros e institutos de ayuda comunitaria a través de todo Puerto Rico. En ocasiones es difícil enumerarlas todas, pero nosotros estamos con quien nos necesite. Atendemos mucha gente que llega solita hasta aquí, que, dentro de sus necesidades, lo que requieren es de alguien que los escuche”, agregó Sor Ana.

Otras de las tareas que llevan a cabo es la producción de formas (ostias) para distintas iglesias de la zona. Tienen plantas, una tiendita de efectos religiosos y una gran casa para recibir a sus visitantes.

“Aquí nos visita mucha gente. Muchos vienen a conocer el Santuario, otros vienen detrás de la obra de Madre Dominga Guzmán, fundadora de la orden religiosa, y otros vienen a caminar por los jardines, orar y tener tiempos de paz”, indicó.

Actualmente solo cuatro de las ocho hermanas que residen en el Convento trabajan en su mantenimiento, por lo que recurren a manos voluntarias para mantener el lugar. Muchas de ellas ya están mayores, superan los 70 años, pero no dejan de trabajar.

“Ellas tienen mucha energía. No paran y su obra se siente, se ve en cada rincón de este lugar”, expresó la voluntaria Teresita Camacho Rodríguez.

En sus institutos de Yauco y Guánica, las Hermanas Dominicas también brindan talleres de repostería a niños y adultos. En la foto vemos a la fenecida fundadora de la orden, madre Dominga Guzmán Florit.

Suministro de ropa, alfabetización y realización de actividades culturales encaminadas a la unión de la familia figuran entre los servicios que estas religiosas brindan a comunidades marginadas. La fenecida fundadora de la orden, madre Dominga Guzmán Florit.