Hechizo en masa: el efectode los tambores de bomba

Caminar un sábado por la calle Cristina de Ponce sin sentirse atraído por los compases del cua, el barril de bomba y el tambor segundo ya es casi imposible.

Foto Archivo

Caminar un sábado por la calle Cristina de Ponce sin sentirse atraído por los compases del cua, el barril de bomba y el tambor segundo es casi imposible, ya que desde la mañana hasta el atardecer sus sonoros ritmos retumban por el casco urbano y, en especial, al interior del Centro Cultural Carmen Solá de Pereira.

Allí, bajo la sombra de un árbol de su patio interior, se entremezclan semanalmente los participantes del Taller de Bomba y Percusión que ofrece el profesor José Archeval: un junte heterogéneo que genera espontáneamente desde risas hasta compases y aplausos, en un ambiente de absoluta fraternidad musical.

El grupo, de casi todas las edades, es integrado por residentes de numerosos pueblos de la isla, ya que llegan desde Gurabo y San Juan, hasta Guayama, Santa Isabel, Cabo Rojo y Ponce: hombres y mujeres que desde el pasado mes de agosto acuden al Centro para aprender, mejorar y desarrollar sus habilidades en los instrumentos de percusión intrínsecos a la legendaria bomba puertorriqueña.

Como explicó a La Perla del Sur el profesor Archeval, la finalidad del taller es que todos sus participantes aprendan del género “como es, con un poco de historia, sin descartar presentar la escuela en diferentes actividades culturales”.

“Antes de la pandemia asistíamos a actividades, tocábamos en ferias de artesanías, en la Fiesta Negra de Arroyo, en el Museo de Arte, porque eso es para ellos como un laboratorio,” continuó el experimentado músico, mientras atendía a sus estudiantes en la sesión que realiza cada sábado, de 9:00 a 11:30 de la mañana.

Precisamente, el pasado sábado entre carcajadas y con la jovialidad que le caracteriza, el connotado instructor de Bomba corregía a sus pupilos, al tiempo en que repetía instrucciones sobre los toques de tambor, infiriendo la necesidad de uniformidad en los instrumentos.

Y antes de que este semanario le preguntara, aclaró que aún quedan espacios para personas interesadas en aprender o mejorar su destreza, ya que, incluso, algunos de sus discípulos cuentan con algún bagaje musical del género.

“Hemos tomado todas las medidas, tomamos la temperatura, tienen que tener mascarilla en todo momento y lo hacemos aquí, en el patio, un lugar abierto”, apunto el también profesor de la legendaria Ponce High.

Imán para el turismo

La magia de su experiencia y romance con los ritmos antillanos prontamente cautivó a otras personas que, a diferencia de sus alumnos, no contemplaban vivir una mañana hechizados por la cadencia del tambor.

Tal fue el caso de una pareja de colombianos que se asomó por el portón principal de la sede cultural y, gesticulando los movimientos propios del ritmo de los tambores, preguntaron si podían entrar y acercarse al grupo.

Sin reparo alguno, Archeval accedió y los sentó a su lado para que se deleitaran con el compás de los tambores y el cua, mientras otro de los instructores les explicaba su origen y posteriormente les ofrecía un recorrido por la sede cultural.

Minutos más tarde, un grupo de estadounidenses acompañados por una guía turística solicitaron entrar al centro, también seducidos por el contagioso ritmo.

“Eso nos pasa mucho”, puntualizó entusiasta instructor de percusión en bomba. “Cada día que estamos aquí, escuchan la música desde la calle, llegan y los atendemos. Si tenemos que explicarles, también lo hacemos”.

Oportunidad dorada

En un aparte, Andrés González Maldonado, un residente de Cabo Rojo, confesó que en el Centro Cultural ha encontrado un espacio para aprender y disfrutar del género musical que más le agrada.

Por eso, entusiasmado destacó que, sin reparos, viaja cada sábado desde la zona oeste hasta la Ciudad de los Leones. “Estaba tocando de oído y aquí he aprendido que la bomba, contrario a lo que pensaba, son cuatro diferentes toques. Y otras cosas que no sabía”.

Muy cerca, Jennifer Ortega Ruiz aprendía a dominar el ritmo del cua, un robusto pedazo de caña que es chocado por dos palos de madera para producir un sonido de contraste con el resto de los instrumentos.

La residente de Ponce expresó que no se ha limitado a su clase de percusión, sino que también se animó a las clases de baile de Bomba. “En las mañanas estamos con la percusión y en las tardes estamos en baile”, expresó jubilosa.

Cantera de cultura

Pero estos no son los únicos talleres que el centro reactivó los sábados. En un recorrido por los balcones de la instalación cultural también nos topamos con Olga Costa Alfaro y Teddy Vázquez Tapia, artesanos de caretas y promotores de la exposición “Máscaras de la plena” que inauguró solo días atrás y que incluirá talleres sabatinos sobre confección de máscaras en dos sesiones, una a las 10:00 de la mañana y la segunda a la 1:00 de la tarde.

En estos, Olga y Teddy enseñan a los asistentes el arte de la confección de una máscara de vejigantes, pero con una temática: la plena.

Cada taller ofrece capacidad para siete participantes por sesión y para unirse es requerido estar vacunados contra el Covid-19.

El Centro Cultural Carmen Sola de Pereira de Ponce es una organización sin fines de lucro que promueve actividades de desarrollo cultural, sin limitarse a los residentes de la Ciudad Señorial. Para orientación adicional, puede visitarlos en el Número 70 de la calle Cristina o llamar al 787-607-5112 en horario regular.

Bajo la sombra de un árbol en el patio interior del Centro Curltural de Ponce se entremezclan semanalmente los participantes del Taller de Bomba y Percusión que ofrece el profesor José Archeval. (Foto: Glorimar Muñoz)