¿Hay partes del cuerpo que ya no necesitamos?

Resulta lógico que las mujeres los tengan, evidentemente funcionan para amamantar a los hijos. Pero, ¿por qué los hombres tienen pezones? La respuesta está en la manera en la que el sexo es desarrollado dentro del útero de la madre.

Foto archivo

Desde un punto de vista antropológico, a las partes del cuerpo que ya no necesitamos para nada se conocen como “sobras evolutivas”. Es decir, no tienen ninguna utilidad para las funciones y actividades que se desarrollan en la vida actual.

Sin embargo, no siempre fue así. Entre nuestros antepasados prehistóricos, estas zonas cumplían funciones específicas, como explicó a BBC Mundo la antropóloga de evolución en el Boston College, Dorsa Amir.

A continuación, algunas de ellas:

El apéndice

Seguramente es la parte “más inservible” del cuerpo que todos conocen. Este órgano ayudaba a la digestión de las plantas que formaban parte de la dieta de nuestros ancestros. Cuando la dieta de las personas se volvió más variada, el apéndice perdió su función, asegura la experta.

Palmar largo

Se trata de un músculo que va desde la muñeca hasta el codo y según certifican científicos, antes servía para ejercer la fuerza necesaria y trepar árboles.

Al presente, cerca del 10 por ciento de los seres humanos ya lo ha perdido.

¿Cómo saber si aún lo tienes? Si extiendes el brazo con la palma de la mano hacia arriba, unes tu dedo pulgar con el dedo índice para formar un triángulo, posiblemente verás un músculo delgado, con un vientre corto, que se extiende por el antebrazo, debajo o junto al tendón.

Cordales

La finalidad de las muelas del juicio, cordales o terceros molares era morder las carnes duras y los cereales crudos. Como ya sabrá, hoy no se necesita masticar con tanta intensidad.

Pezones masculinos

Resulta lógico que las mujeres los tengan, evidentemente funcionan para amamantar a los hijos. Pero, ¿por qué los tienen los hombres?

La respuesta está en la manera en la que el sexo es desarrollado dentro del útero de la madre.

En estado embrionario, todas las personas se desarrollan de manera similar, siguiendo un “patrón femenino”. En otras palabras, todos empezamos siendo mujeres.

Y aproximadamente 60 días después de la concepción, la testosterona empieza a influir en quienes contienen un cromosoma Y, es decir, los hombres. La hormona cambia la actividad genética de las células, tanto en los genitales como en el cerebro. Sin embargo, en esta etapa los pezones ya se han desarrollado.

Cola embrionaria

Aún hoy, entre la semana cinco y ocho tras la concepción, el futuro bebé comienza a desarrollar una cola que desaparece antes de nacer, para formar lo que conocemos como coxis. Según teóricos, en la era prehistórica servía para moverse y mantener el equilibrio.

Músculos arrectores pili

Estos músculos, conectados a los folículos capilares, ayudaban a erizar la piel y los vellos corporales, que milenios atrás eran mucho más abundantes que ahora. De esta forma, los humanos parecían ser más grande en una situación de amenaza: un comportamiento que aún practican muchos mamíferos, como los gatos.

Músculos en las orejas

Responsables de mover la parte visible a los ojos, pocas personas tienen control sobre ellos, planteó la antropóloga Amir. Algunos mamíferos, sin embargo, los siguen usando para detectar presas o depredadores, algo que se cree también hacían los humanos de antaño.

Músculo piramidal

Con forma triangular y situado en la parte baja del abdomen, no sirve más que para mover la “línea del alba”, aquella que va desde el vientre inferior hasta el pecho. Hoy no tiene utilidad.