Guarionex deberá cumplir sobre 200 años de cárcel

Por la muerte de sus compañeros policías

Foto Daileen Rodríguez
La fiscal Sharleen Torres de Jesús instruye a los familiares de las víctimas. Foto Daileen Rodríguez. Foto Daileen Rodríguez
La fiscal Sharleen Torres de Jesús instruye a los familiares de las víctimas. Foto Daileen Rodríguez
Suministrada
Confesora Matos abandona la sala con los abogados de defensa. Foto Daileen Rodríguez

PONCEHoy, ocho días antes de que se cumpla un año del asesinato de la teniente Luz M. Soto Segarra y los agentes Frank Román Rodríguez y Rosario Hernández de Hoyos, en la Comandancia de Ponce, Guarionex Candelario Rivera fue sentenciado a cumplir en prisión sobre 137 años por asesinato en primer grado, sobre 12 años por restricción ilegal agravada -que se recogen dentro de los 99 años de asesinato- y 65 años por la violación de la Ley de Armas.

La jueza Carmen Otero Ferreiras le impuso 99 años por uno de los cargos de asesinato en primer grado, mas por los otros dos cargos de asesinato le fijó la pena agregada que dispone el Artículo 71.2 del Código Penal, de 19 años, nueve meses y 19 días por víctima. Esto suma 138 años, seis meses y 38 días.

Fue el pasado 22 de noviembre de 2016 cuando un jurado compuesto por ocho mujeres y cuatro hombres emitió el veredicto de culpabilidad, en todos los cargos, pasadas las nueve de la noche.

En ese entonces, la frase “culpable por unanimidad” retumbó las paredes de la Sala 505, del Tribunal de Ponce, mientras el acusado mantenía su mirada clavada en el suelo y se escuchaban los gemidos de sus familiares más allegados. Entre estos, su esposa Confesora Matos, quien no faltó a un día de juicio, al igual que la hermana del imputado.

Hoy, al igual que las pasadas veces, Candelario Rivera entró a la sala y miró a Matos a los ojos tras lanzarle una leve sonrisa. Vestido como confinado, de amarillo de pies a cabeza, tomó asiento junto a sus abogados durante el proceso, Donald R. Milán y Armando F. Pietri Torres. Mientras estuvo sentado, el chasquido de sus esposas no se escuchó ni un solo momento; mantenía la cabeza inclinada, estaba tieso.

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Durante el juicio, que se extendió del 15 de marzo al mes pasado, la prueba del Ministerio Público, representado por Sharleen Rosa de Jesús e Idelfonso Torres Rodríguez, consistió en testimonios de trece testigos más amplia prueba forense. El día del informe final, la fiscal remachó en su discurso que este suceso podía resumirse con la frase “grande es aquel que para brillar no necesita apagar la luz de los demás” porque, a su entender, el imputado “apagó la luz” de sus compañeros laborales sin medir consecuencias, aunque con pleno dominio de su razón.

Asimismo, recalcó que ese día que Candelario Rivera entró a la Comandancia de la región de Ponce cargaba su pistola de reglamento (una Glock, modelo 22, cargada con 15 municiones), más un revólver con seis balas, dos porta cargadores adicionales y un bulto negro con una caja que tenía 38 balas.

Por otra parte, los abogados de defensa machacaban que los agentes de la Comandancia de Ponce se burlaban del acusado por su religión y lo mandaban a lavar carros y a “hacer mandados”. “La Policía desarmó moralmente a Guarionex. Se burló de él por su religión cuando su única fortaleza era Dios”, añadió Pietri Torres aquel 22 de noviembre.