Otro gesto de la diáspora: Viaja 1,000 millas para ayudar a familias de Ponce

“La destrucción es mucho más de lo que esperaba. No es lo mismo verlo por televisión que verlo en persona”, recalcó el doctor Eric Manuel Alfonso Matos.

Según familiares y amigos, al hogar de Carmen María Fontánez y su esposo José Manuel Rodríguez no llegan ni los políticos, aunque “estemos en época electoral”.

Su vivienda en madera y zinc se levanta sobre suelo escarpado de roca y caliche en la parte más alta de la comunidad Brisas del Caribe en Ponce, justo en el lugar al que llaman “El Boquete” y al cual solo se puede llegar andando.

La remota ubicación, sin embargo, no impidió que las ráfagas del huracán María golpearan duramente la casa de esta pareja, dejando el dormitorio matrimonial sin paredes ni techo, al igual que otras partes del hogar, ahora en inestable condición.

El dolor de hallarla así, empero, no compara con la realidad que los apalea cada mañana. Como confesaron ambos, a más de 30 días del inolvidable 20 de septiembre se sienten olvidados y desamparados.

Sin empleo ni ingresos suficientes para restaurar su vivienda, solo han obtenido la ayuda de una religiosa que días atrás tocó a la puerta de su hogar, para brindarles un desayuno y un almuerzo.

“Desde entonces, ustedes son los primeros que llegan aquí”, confesó José Manuel, en referencia a la visita de La Perla del Sur.

Giro de 180 grados

La desoladora sensación de apatía y discrimen cambió dramáticamente el pasado sábado en la tarde, precisamente, tras otra visita: la de un médico boricua residente en el estado de Florida.

Eric Manuel Alfonso Matos viajó 1,600 kilómetros y llegó hasta el apartado sector del barrio El Tuque en representación de la oficina Fisher & Steinberg Chiropractic Center, ubicada en el distrito Kendall del condado Miami-Dade.

Como explicó a este semanario, tanto los galenos de este centro de salud como sus clientes y colaboradores optaron por no permanecer de brazos cruzados y salieron a colectar fondos de emergencia para auxiliar a damnificados de Puerto Rico.

El resultado fue un donativo global de $4 mil, los que se obtuvieron en menos de 12 horas de campaña y con los que pudieron ayudar de forma directa a más de una decena de familias en el norte y sur de la isla. Carmen María y José Manuel fueron dos de ellos.

“La idea surgió viendo en las noticias cómo nuestro país había sido afectado por el huracán María. Nos preguntamos qué podíamos hacer y entre mis compañeros de trabajo, mi jefe y yo decidimos que íbamos a hacer un evento para recibir donaciones en efectivo y canalizar esos fondos en recursos específicos, en ayuda directa”, explicó Alfonso Matos.

“Fue una simple sugerencia, pero provocó un sí absoluto de parte de todos en la oficina”, continuó. “Y al final, aun con recursos limitados, demostramos que cada donativo puede significar una gran diferencia para quienes lo han perdido todo”.

El dinero obtenido, aclaró, fue donado por un grupo multiétnico de patrocinadores.

“Como muchos saben, Miami agrupa una mezcla hermosa de culturas, mayormente latinoamericanas. Cubanos, boricuas, dominicanos, colombianos, venezolanos, nicaragüenses, mexicanos y estadounideneses, todos fueron muy solidarios y generosos con la causa”, puntualizó.

Testimonios edificantes

Al aterrizar en su isla para distribuir los fondos, sin embargo, el médico no tardó en reconocer que la ayuda obtenida no sería suficiente para atenuar lo que sus ojos veían.

“La destrucción es mucho más de lo que esperaba”, confesó. “No es lo mismo verlo por televisión que verlo en persona”.

Pero a medida que avanzaba en su ruta y se detenía a compartir con los recipientes de los donativos, confirmó que cualquier aportación económica no edificará tanto como el espíritu y carácter luchador de la raza puertorriqueña.

“No me sorprendió el optimismo que tienen. Están felices y agradecidos de estar vivos, de tener salud, aunque no tengan un techo sobre las casas”, relató.

Ejemplo vivo de ese estoicismo lo volvió a experimentar a metros de distancia del hogar de Carmen María y José Manuel.

Mientras caminaba cuesta abajo, con lentitud y dificultad debido a una parálisis corporal limitante, Carmelo Oquendo Rivera reafirmaba orgulloso que su espíritu ponceño lo ayudaba a levantarse.

“Yo siempre he sido ponceño y lo seré. Yo no me quito ni me rindo”, puntualizó de entrada quien por los pasados 12 años ha vivido sin servicio de electricidad ni agua en una vivienda de un dormitorio, en la parte más alta de Brisas del Caribe.

Según explicó, su único ingreso no rebasa los casi $200 mensuales que le aprobó el Programa de Asistencia Nutricional (PAN) y, debido a un debate de jurisdicción entre Ponce y Peñuelas, ningún municipio ha querido suplirle a él ni a sus vecinos inmediatos agua en camiones cisterna.

“Tardé siete días en volver a mi casita después del huracán, pero gracias a toda la comunidad que abrió los caminos, pude llegar”, relató Carmelo sobre la odisea. “La estructura (vivienda) no la perdí completa, pero el techo, la ropa y los alimentos sí”, reconoció.

“Yo soy impedido, pero ya puse la mitad del techo con zines que recogí. Quería estar aquí, así que lo hice”, continuó. “Aunque le haga el techo de paja, aquí vivo feliz”.

Misión inconclusa

Sobre la dura realidad que a más de un mes del huracán todavía viven miles de familias en el país, Alfonso Matos prefirió no callar.

“En el carácter personal puedo asegurar que la ayuda no está alcanzando a mucha gente. Hay ayuda de otros medios, pero están un poco atrasados, algo lentos”.

Por circunstancias como esa, recalcó, urge movilizar a más puertorriqueños en el exterior y convertir sus enlaces en el mundo en instrumentos para la rehabilitación y reconstrucción del país.

“Sin lugar a dudas, estamos haciendo lo correcto, pero no lo suficiente. De hecho, creo que todos nosotros en la diáspora deberíamos estar buscando la manera de hacer obras como éstas. De seguro, todo el mundo está donando aquí y allá, pero podemos y debemos hacer más”, describió.

“Por el momento, estoy eternamente agradecido de todas las personas que confiaron en nosotros y han hecho posible que volvamos a la isla para ayudar a quienes más lo necesitan”.

“También queremos agradecer a La Perla del Sur y a los líderes comunitarios que nos han traído hasta aquí. Queda mucho por hacer, pero esto es, Dios mediante, el inicio de un movimiento para empezar a canalizar recursos para la gente”, sentenció.

A la expresión de gratitud se unió además José Luis “Isra” Burgos, el samaritano que percibió las penurias que atraviesan Carmen María y José Manuel.

“Es a ellos, al doctor Alfonso y a sus amigos, a quienes agradecemos de todo corazón el haber pensado en nosotros. En nombre de todos, que reciban mil bendiciones”, declaró.

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