Germina nueva cepa de prodigios

Junto a estas líneas, los talentosos Leexander Torres, Fabiola Moreu, Doris Feliciano, Ernesto Vázquez, Lyene Rosado, Jerica Siberón, Andrea Alvarado y Alex Colón.

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La experiencia fue inequívocamente surrealista.

Sus voces y carcajadas destilaban los típicos rasgos de la adolescencia, pero su diálogo no. Contrario a todo lo que se espera de quienes andan entre los 16 y 18 años de edad, hablaban de sus inventos e investigaciones: extractos orgánicos capaces de frenar tumores cancerosos, algas aptas para complementar plantas de tratamiento y hasta un novel programa de computación capaz de revolucionar la exploración arqueológica en el planeta.

Y quien los escuchara mientras caminaban por una de las aceras del barrio El Tuque en Ponce, de seguro se preguntaría – “¿Y a estos chicos, qué les picó?”.

Tal interrogante, sin embargo, tiene una explicación simple y diáfana. Precisamente, los picó el germen de un batallón de maestros de vocación. El que labora en el plantel que recientemente se trasladó a este barrio ponceño, la Escuela Especializada en Ciencias y Matemáticas Thomas Armstrong Toro.

Esta escuela pública, reconocida en todo el país por su calidad de enseñanza, logró una vez más que ocho de sus pupilos brillaran con méritos propios en dos eventos internacionales dedicados a la investigación científica.

En el primero de ellos -el National Junior Science And Humanities Symposiumcelebrado el pasado mes en Hunt Valley, Maryland- el proyecto de Andrea Alvarado Zarate y Leexander Torres Texeira se alzó con el People’s Choice Award, convirtiéndose así en el favorito de las miles de personas que acudieron a la cita, la que a su vez atrajo a más de 300 competidores.

En el segundo reto, el Intel ISEFefectuado días atrás en Pittsburg, Pennsylvania, el joven Ernesto Vázquez Ubides de 11mo. grado ganó nominación a Premio Especial tras competir contra más de 1,300 proyectos procedentes de 83 países. Un logro realmente admirable.

Portentos innatos

Durante una cándida tertulia en la biblioteca de la escuela, los entusiastas Leexander Torres y Andrea Alvarado explicaron que llevan tres años investigando los efectos del extracto de guanábana o Annona muricata en células cancerígenas de ovario.

“En Puerto Rico y el mundo padecemos mucho este tipo de cáncer. En los Estados Unidos, por ejemplo, mueren cada año 14 mil mujeres por esta causa”, explicó Andrea, de 17 años de edad.

“Y la tasa de supervivencia ronda el 39 por ciento, por lo que la tasa de mortandad es súper alta”, abundó Leexander, de 18 años de edad.

No obstante, ambos estudiantes explicaron que uno de los elementos presentes en el fruto de la guanábana, la acetogenina, les demostró potencial para inhibir la reproducción de células cancerosas en diversas pruebas e, incluso, capacidad para disminuirlas selectivamente, sin dañar las células y tejidos sanos, lo que refuerza las hipótesis de estudios realizados durante más de cuatro décadas con este potencial anticancerígeno natural.

Aunque ambos ya terminan el cuarto año y se encaminan a sus carreras universitarias, prometieron que el proyecto presentado en Maryland no terminará allí, ya que continuarán estudiando el tema a partir del próximo semestre, desde sus nuevas vidas en la Pontificia Universidad Católica.

El ponceño Ernesto Vázquez, entretanto, explicó que el estudio que llevó a Pittsburg seguirá evolucionado un año más en la Armstrong Toro, ya que en agosto pasará a su duodécimo grado.

Con el aplomo y convencimiento de todo un profesional, relató que creó un método efectivo para tratar aguas residuales, sin recurrir a químicos, ni depender de electricidad. Para lograrlo, empleó un activo presente y abundante en la naturaleza, la microalga Chlorella vulgaris, con la cual disminuyó exitosamente altos niveles de nitratos y fosfatos en agua dulce.

Por sus características, excesos de nitratos y fosfatos pueden provocar eutrofización o exceso de nutrientes en agua, lo que a su vez incentiva el crecimiento de material vegetativo, compromete el oxígeno en agua y provoca la eventual destrucción de ecosistemas en ríos y lagos, al dejarlos de ser aptos para seres vivos.

“Actualmente, esto está pasando en Puerto Rico a gran escala, ya que la mayoría de los cuerpos de agua están eutrofizados. La AAA no tiene un proceso para disminuir nutrientes en las aguas residuales, así que cuando son descargadas en cuerpos de agua llegan con ese exceso de nutrientes”, comentó.

Pero el proyecto de Roberto no termina aquí. Su experiencia en Pennsylvania le demostró que la microalga también puede ser utilizada para la producción de biodiésel, suplementos alimenticios y comida de ganado, con lo cual se podría abrir la puerta para la creación de empresas en Puerto Rico y nueva riqueza nacional.

Otros estudiantes del plantel ponceño que ganaron pase a estos dos eventos internaciones e igualmente cautivaron la atención de pares fueron:

Alex Manuel Colón Vázquez

Presentó un programa de computadora que permite determinar de forma fiable la antiguedad de material arqueológico en un yacimiento. Su método probó ser efectivo y superlativamente más económico que estudios tradicionales, como las pruebas de Carbono 14, cuyo equipo ronda los $2 millones.

Fabiola Moreu Muñiz

Investigó un método alternativo y costo efectivo para el tratamiento de cáncer de ovarios, utilizando la terapia fotodinámica. Según explicó, “utilizamos la clorofila de la planta de alfalfa, una sustancia que absorbe fotones de luz, para aplicarla a un tumor y exponerlo a la luz, causando que el tumor produzca un oxígeno radical con el cual sus células mueren”. Tras aplicar el tratamiento, constató una disminución en el conteo de células cancerígenas.

Doris Feliciano Alcázar

Enfocada más en el ángulo de ingeniería, Doris creó un sensor capaz de atraer metales pesados mediante la electrización o conducción de electricidad, para detectarlos en cuerpos de agua dulce en el área sur de Puerto Rico y cuantificar su cantidad: “algo innovador ante los sensores convecionales que, al entrar en contacto con el agua, se oxidan más rápido de lo que deberían y causan señales erróneas”.

Jerica Siberón Albertorio

Estudió los efectos de un pesticida químico en comparación con uno orgánico para concluir que el primero es capaz de reducir hasta en 40 por ciento la producción espermática en la abeja macho de la especie “melífera” o productora de miel, además de incrementar factores críticos como la mortandad de colonias y su velocidad de vuelo, en comparación con el pesticida orgánico.

“La abeja melífera es un importantísimo polinizador que desde el año 2014 figura en la lista de especies en peligro de extinción”, indicó Jerica, “y con esta investigación se pretenden ofrecer alternativas para su supervivencia y proveerles un ambiente propicio”.

Lyene Rosado Seda

Realizó otro estudio comparativo entre componentes a prueba de balas para determinar si ciertos materiales elastoméricos o compuestos de goma, más livianos y flexibles, son recomendables en su fabricación. De acuerdo a sus exámenes, ninguno superó las pruebas, por lo que no recomendó su aplicación de forma intercalada con otros elementos, como el metal o cerámica.

Al final de estas vivencias, algo más quedó claro para estos alumnos y sus familias: la oportunidad que les trajo este año académico amplió sus experiencias, los expuso a más culturas y agigantó sus destrezas de comunicación en el idioma inglés, ya que tanto sus ponencias como el intercambio con jurados, profesores, estudiantes y visitantes fue en esa lengua.

Mas, sobre todo, el apoyo de sus maestros y su determinación individual les enseñó a creer en sí mismos, a confiar en todas sus posibilidades y a poner todo su potencial al servicio de la humanidad.


El profesor de Biología e
Investigación, Jonatan Plaza Plaza, es uno de los mentores del grupo.