Fiesta en El Tuque: recobra su brío el Centro Sor Isolina Ferré

Hace 13 años, Enrique Borbé Crespo llegó a Ponce desde Filipinas, sin poder hablar ni entender el español. Ahora es un aventajado universitario que estudia Ciencias Forenses, mientras lidera la Banda Musical del Centro Sor Isolina que lo recibió y formó.

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A sus ocho años de edad, Enrique Borbé Crespo emigró desde Filipinas hasta el sector Brisas del Caribe en el barrio El Tuque de Ponce, junto a su familia.

Al no dominar el idioma español, sus padres lo matricularon en los servicios de tutorías de los Centros Sor Isolina Ferré (CSIF) de la localidad, sin ninguno prever que esto cambiaría su vida para siempre.

Ahora, 13 años más tarde, Enrique es un aventajado universitario que estudia Ciencias Forenses mientras lidera la Banda Musical de la entidad que fue clave en su desarrollo personal.

“Aquí empecé como un muchacho extranjero que necesitaba aprender español y tomar tutorías para poder aprobar las clases, luego me fue gustando y participé de los talleres y de la banda”, comentó.

Precisamente, junto a la agrupación y sus 31 jóvenes músicos residentes del sector, Enrique quiso corresponder la pasada semana parte de las bendiciones recibidas al pisar esta comunidad ponceña y junto a ellos, entonó sus mejores interpretaciones para la reapertura de este centro, severamente afectado tras el paso del huracán María.

“Los servicios que recibí aquí tuvieron un impacto en mi vida, grande, eficiente y bueno en el aspecto personal, académico y profesional”, puntualizó además, al elogiar la labor social de los CSIF.

A la actividad se unieron invitados especiales e integrantes del equipo de Baloncesto Superior Nacional los Leones de Ponce, quienes, ante la mirada entusiasta de niños y jóvenes, hicieron entrega de materiales deportivos como donativo a la institución.

Además, durante el evento de reapertura se inauguró el nuevo salón de Bellas Artes Sor Rosita Bauzá, la religiosa que siempre estuvo al lado de Sor Isolina cuando comenzaron el desarrollo de esta iniciativa comunitaria, hace ya 50 años.

Sor Rosita, a quien cariñosamente llaman la “empresaria del amor” en referencia a su experiencia en la industria de la Banca previo a su decisión de ingresar al servicio religioso, recordó que fueron los propios integrantes de la comunidad quienes al inicio separaron un predio de terreno -con cuerdas y un cartel- que leía Centro Sor Isolina Ferré.

Desde entonces, el lugar se ha convertido en motor de ilusiones y esperanzas para mas de 500 niños, adolescentes y madres de la comunidad que acuden diariamente al centro a recibir servicios.

“Estábamos locos por esta reapertura. Desde que tengo uso de razón participo de los servicios”, reconoció Nora Medina, quien desde pequeña acompañaba a su madre al CSIF de La Playa de Ponce para participar de talleres educativos y de autogestión.

Mas ahora, esta residente del sector El Tuque asiste junto con sus dos hijos a los talleres y tutorías educativas. Luciendo una blusa que evidencia el nombre del Club “Salud Integral Mujer” del cual participa, Nora recalcó que talleres como el de repostería le han ayudado a alcanzar la autogestión y superación que tanto anhelaba.

Su hijo mayor, incluso, logró obtener un empleo e ingresar a la universidad gracias a las gestiones que realizaron los Intercesores del Centro.

Por su parte, el menor de ellos, Yahir A. Torres, participa activamente en la banda musical y aseguró que tanto las tutorías, como los adiestramientos y su participación en la banda le han dado la oportunidad de mirar la vida desde otra perspectiva: una de oportunidades.

“La experiencia ha sido bien chévere. Como persona no me visualizaba logrando lo que estoy logrando”, comentó entusiasta el joven de 14 años de edad y estudiante de la Escuela Fernando Malavé.

Por su parte, la directora del Centro, Rosalía Torres de Mirandés, destacó que las tareas de rehabilitación de esta sede apremiaban, ya que “de todos los servicios que ofrecemos, aquí se benefician muchas personas desde los seis años de edad hasta los adultos, entre los que se incluyen sana convivencia, crianza de los hijos y autogestión”.

“También tenemos el grupo de los ‘Preferidos de Jesús’ a quienes le tenemos planes especiales por ser mas fuertes de carácter”, comentó quien junto a su equipo de trabajo impulsa una campaña de prevención de conductas de riesgo, como medida para mejorar la calidad de vida de todos en la comunidad.

Antes de concluir la actividad, los participantes expusieron sus trabajos de manualidades, repostería y fotografía apoyados por entidades como el Museo de Arte de Ponce, Trinity College  y los Centros Head Start de la ciudad.

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