Félix Irizarry Pabón: de gloria musical a padre del alcalde

Lo conocí hace muchos años, cuando era gerente de la emisora ponceña WPAB.

Foto archivo

“Aunque (Félix) Irizarry es un buen comunicador, su conversación es muy escasa cuando se le pide que hable de sí mismo. Pudiéramos decir que a veces huye de la gente que intenta conocer su vida de artista”.

Jorge Luis Ruiz Rosaly

A la memoria de mi querido hermano Jorge Luis Ruiz Rosaly, un apasionado conocedor de la radio y las grabaciones, y adelantado en el ámbito de la publicidad comercial.

He estado vinculado de distintas formas con la emisora ponceña WPAB, desde el año 1961.

Allí conocí a la persona que fue gerente y mano derecha del dueño: don Félix Irizarry Pabón.

Era un hombre campechano, de sonrisa fácil, sencillo, sumamente eficiente en su trabajo, respetuoso de sus subalternos, fiel a la institución y al dueño de la estación, don Alfonso Giménez Aguayo.

Jamás lo oí hablar (mucho menos presumir) de sus años de gloria como cantante en Ponce, Mayagüez y San Juan, con visitas artísticas al extranjero, de famosas orquestas de su tiempo, para cuando le llamaban “El Romántico de la Whoopee Kids”.

Me pregunto cuántos de los miembros de las generaciones recientes saben de quién les hablo. Jústamente eso es lo que pretendo, traerlo al presente mediante un breve paseo por su vida.

Este ilustre ponceño nació en el barrio Collores de Jayuya… haciendo honor al conocido refrán que pregona: “los ponceños nacemos donde nos da la gana”.

Como cuestión de hechos, se refería a la ciudad de Ponce como “mi Ponce”, según dice en un estupendo escrito mi fallecido hermano, Jorge Luis Ruiz Rosaly, de cuyo escrito tomo varios de los datos que me permiten escribir esta columna.

Fueron sus padres doña Cecilia Pabón y don José Irizarry.

A temprana edad se trasladó al barrio Machuelo de Ponce y aquí cantó en programas radiales para aficionados y en el “Study Hall” de la Escuela Superior de Ponce, de donde  salieron hacia la fama tantos artistas de la ciudad y de sus pueblos vecinos.

Uno de aquellos programas de aficionados en los que participó en el año 1940 fue en WPAB, y su presentación tuvo estas favorables consecuencias para él: ganó el primer premio.

Domingo “Mingo” Colón Surís, director de la ya famosa Orquesta Whoopee Kids, era también el director artístico de la emisora WPAB, y tras escucharlo cantar, lo elogió y estimuló a seguir su carrera como bolerista.

La orquesta mayagüezana Hatuey había venido a Ponce a hacer algunas presentaciones y coincidió con que su director, el pianista William Manzano, escuchó aquel programa a traves de WPAB y lo reclutó para su orquesta, cuando tenía 16 años de edad.

Dadas las condiciones de la época, tuvo que mudarse a Mayagüez durante todo el año que cantó con la Hatuey.

Luego, pasó a ser cantante de la orquesta del centro nocturno Copacabana, dirigida por Rafael Prieto, en el área metropolitana. Para ello, tuvo que ir a vivir a una pensión en los altos del Teatro Luna en el Viejo San Juan.

Continuando tras su huella artística, en el año 1945 Mingo Colón Suris visitaba el área metropolitana de San Juan, lo volvió a escuchar, lo visitó y lo contrató para traerlo de vuelta a “su Ponce”, como el cantante de su orquesta, algo con lo que Félix soñaba.

Con los Whoopee Kids de Mingo Colón Surís afloraron sus mayores momentos de gloria.

Viajaron en cuatro ocasiones a Venezuela y una a Nueva York. En Venezuela alternaron con la Billo’s Caracas Boys y la Orquesta de La Habana, cuyo pianista y director era Dámaso Pérez Prado.

Además de Caracas, se presentaron en Maracaibo, con gran éxito en ambas ciudades.

De regreso a Ponce, continuaron con una tradicion que tenía Mingo de tocar, sentados sus músicos entre el público, en el Parque Charles H. Terry, para la inauguración de la temporada de béisbol profesional.

En esas giras artísticas, no todo fue “miel sobre hojuelas”, como dicen los españoles. (Las hojuelas son un postre típico de La Mancha, de origen árabe). Les ocurrieron varios percances y en uno de ellos, un mal entendido con los dueños de un hotel, todos los miembros de la orquesta fueron a la cárcel por tres días.

Regresó de esa gira exhausto y desencantado con la mala experiencia vivida.

Pasó a formar parte de un trío “Los Soñadores”, en condición de “atracción especial”.

Aquel trabajo con el trío no era tan intenso y estresante como el de los Woopee Kids, una orquesta reclamada desde los lugares más insospechados del país, varios días cada semana.

Simultáneamente, aceptó el trabajo que le ofreció su amigo, el narrador del béisbol  profesional de Ponce, José Ramón “Pancha” Díaz, para formar parte del “staff” de WPAB, que fue donde lo conocí personalmente años más tarde.

Tuve el honor de escucharlo cantar en discos, acompañado por la Orquesta Whoopee Kids, del modo que sigue.

Corría el año 1965 y WPAB conmemoraba sus 25 años de existencia, con una programacion especial, insuperada: la más espectacular que he escuchado en mi vida en ese género.

Si la memoria no me engaña, creo que la programación especial duró varios días.

WPAB tenía archivados varios discos de tamaño descomunal, grabados en la propia emisora, de su programación de antaño y de eventos artísticos efectuados en su Radio Teatro.

Los técnicos, gerencia y locutores les llamaban a esos discos enormes, por razones evidentes, “tortas”, y como puede suponerse, su calidad técnica es inferior a la grabación de estudio profesional.

Ya yo era abogado, estaba próximo a casarme, pero todavía seguía hospedado en la casa de doña Julita y don Toño González en la Avenida Muñoz Rivera de Ponce, entre el Tastee Freez y el naciente centro comercial Santa María.

Como consecuencia de un caso penal que mi socio y compadre Pedro Malavet Vega, nos ofrecimos con la Sociedad para la Asistencia Legal a un caso complicado, para ir soltándonos, para ir perdiendo el miedo escénico.

En efecto, nos encargaron uno, de hechos  delictivos que ocurrieron en un barrio rural  del pueblo de Orocovis, donde se imputaba a un joven asesinar al amante de su mamá, arrastrar el cadáver por la carretera y lanzarlo por un barranco. ¡Casi nada!

En aquel barrio había por aquellos días un severo brote de hepatitis y yo contraje la enfermedad, haciendo investigaciones, visitando hogares.

Los médicos me habían recetado, entre otras cosas, absoluto descanso y consumir muchos dulces, para el hígado. Aquella orden médica de “absoluto descanso”, coincidió con la espectacular programación  especial de WPAB.

Desempolvaron todos sus discos “tortas” sobre deportes, creo recordar que con el periodista Juan B. Román. TAmbién de política, de Puerto Rico e internacional, de música clásica y popular, de radio novelas, declamación y programas cómicos.

En fin, fue un banquete el que ofrecieron y yo lo disfruté íntegro, “por orden médica”.

Ahí escuché cantar boleros, muy bien cantados, por el padre del actual alcalde de Ponce, Luis Manuel Irizarry Pabón, acompañado por la inmortal orquesta ponceña de Mingo y sus Whoopee Kids.

A pesar de la poca calidad técnica de las enormes “tortas”, se escucha una voz agradable y armoniosa, un cadencioso instrumento vocal típico de las grandes orquestas de aquellos tiempos.

También he visto una fotografía de la orquesta en ejecución, en la que se ve a Félix, joven, de pie, con sus maracas en mano, muy elegantemente vestido y peinado, luciendo unas lujosas gafas ahumadas.

Como dice en un bolero titulado “No llores más” del compositor, tompetista y director del Cuarteto Mayarí, Plácido Acevedo, “en la vida todo tiene su pasado”.

La vida no comenzó ayer.