Expertos coinciden: olvidadas las lecciones del terremoto de 1918

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A las 10:14 de la mañana de un día como cualquier otro, la tierra tembló violentamente.

En menos de dos minutos, cientos de estructuras, viviendas, escuelas, y hospitales colapsaron. Con ellos, también se destruyó una parte significativa de la red de acueductos, la infraestructura eléctrica y la red de comunicaciones.

Los centros de salud se atiborraron de personas heridas y miles de familias quedaron incomunicadas en medio de un desastre de grandes proporciones.

Aunque para algunos parezca el relato de una novela de ficción o terror, expertos en la isla advierten que -en efecto- este es el drama de un evento telúrico real, que podría volverse realidad en cualquier momento.

Y no sería la primera vez.

Este jueves, 11 de octubre se cumplen 100 años del gran terremoto de 1918, que sacudió al país con intensidad de 7.3 en la Escala Richter.

El sismo causó daños severos, la muerte de al menos 160 personas y provocó un tsunami con olas cercanas a los 20 pies de altura que impactaron la costa noroeste.

No obstante, el día que la historia se repita, la catástrofe será mucho peor, a juicio de Christa Von Hillebrandt, gerente del Programa de Alerta de Tsunami del Caribe y exdirectora de la Red Sísmica de Puerto Rico.

“No estamos hablando de si vuelve a ocurrir, es cuando vuelva a ocurrir”, sentenció. “Hay fallas al norte, sur, este, oeste y cruzando por Puerto Rico y cualquiera puede generar un terremoto de 7.0 o más. Y mientras más tiempo pasa sin un terremoto de esos que liberan mucha energía, mayor es la posibilidad de que ocurra”.

“La amenaza es la misma, pero desafortunadamente la vulnerabilidad de Puerto Rico es mucho mayor”, agregó. “Tenemos a muchas personas que ahora mismo están trabajando en edificios que no van a aguantar un terremoto fuerte. Incluso, estamos hablando de hospitales y escuelas”.

“Súmale a eso que tenemos más población, con áreas vulnerables que están densamente pobladas. Lejos de estar preparados, un terremoto como el de 1918 sería más catastrófico ahora”, insistió.

Daño autoinfligido

Según el geomorfólogo y catedrático de la Universidad de Puerto Rico en Río Piedras, José Molinelli Freytes, esta vulnerabilidad se agiganta con las políticas fallidas y negligencia gubernamental que innecesariamente han puesto en riesgo la vida de miles de puertorriqueños.

“El asunto no es solamente el diseño de las estructuras, si no dónde se está construyendo. Ahí es donde hemos fallado. Hemos ubicado gran parte de la infraestructura en zonas susceptibles a la amplificación de ondas sísmicas”, afirmó.

“Hay miles de estructuras en áreas susceptibles a maremotos, aun cuando hay mapas de riesgo de tsunami. A estas alturas, la Junta de Planificación no considera en sus trámites de permisos si nuevos proyectos están en zona de tsunami o no”, añadió.

Entre otros ejemplos, el catedrático apuntó a lugares donde se ha construido sobre relleno artificial.

“Un área crítica es el perímetro de la Bahía de San Juan, la zona portuaria de Puerto Nuevo e Isla Grande, que son zonas de relleno. Recientemente, ahí anunciaron la construcción de un centro de cine, en uno de los lugares más vulnerables a terremotos. Incluso, el Centro de Convenciones, donde se manejó la emergencia (de María), está en una zona de alto riesgo en caso de terremoto”, señaló Molinelli Freytes.

“No es sostenible tener una sociedad que invierta sus recursos en infraestructura crítica en lugares de alto peligro. Ya es hora de que Puerto Rico cambie el paradigma de hacer lo que le de la gana, donde le dé la gana hacerlo”, argumentó. “La tierra puede temblar, pero el desastre lo creamos nosotros, cuando construimos en lugares no apropiados”.

“Llevo planteando esto por muchos años y en realidad no se ha hecho nada. Esto hay que plantearlo y hay que hacer algo. Los que trabajamos con esto estamos alertando sobre este riesgo y, que no quepa la menor duda, que este va a ser el escenario”, sostuvo.

En días recientes, José A. Martínez Cruzado, un experto en estructuras sismorresistentes y catedrático de la UPR de Mayagüez, denunció que ninguna de las instituciones hospitalarias del país cumple con los códigos de construcción más recientes y adelantó que varias sedes hospitalarias podrían colapsar durante un terremoto intenso.

Molinelli Freytes, por su parte, destacó que años de construcciones precarias e ilegales en la zona central del país pasarán factura al momento que la isla esté frente a una emergencia por terremoto.

“Más de dos terceras partes de la superficie de Puerto Rico es montañosa. Si un terremoto ocurre luego de un periodo prolongado de lluvia, cantidad de deslizamientos aislarán a comunidades y municipios, mucho más de lo que pasó con el huracán María”, explicó.

“A esto se suma la vulnerabilidad de miles de casas y estructuras construidas sobre columnas altas, de longitud desigual, a lo largo del área central del país. Muchas de estas fueron construidas sin el debido asesoramiento de ingenieros, mediante construcción criolla improvisada. Estas estructuras no aguantan un terremoto como el de 1918 y mucho menos como el de 1787”, abundó.

Riesgo latente en las escuelas

Asimismo, el geomorfólogo expuso que deficiencias estructurales en decenas de planteles escolares aún en uso amplifican los riesgos a la población.

Muchas de las escuelas, explicó Molinelli Freytes, no cumplen con el Código de Construcción Antisísmico de Puerto Rico, adoptado en el año 1987.

“Tenemos escuelas de antes de 1987 con una vulnerabilidad estructural en la columna corta que da al pasillo. Se sabe que esas columnas, en caso de terremoto, pueden fallar y colapsar”, explicó. “Es un diseño muy bueno para el trópico, al favorecer la ventilación cruzada, pero el problema de la columna corta hace que absorba demasiada fuerza cortante”.

“Yo planteé, en el momento que se anunció que iban a cerrar escuelas, que el criterio debería comenzar con las que son vulnerables a terremotos, pero aparentemente eso no se hizo”, continuó. “Hay maneras de lidiar con esto, reforzando esas escuelas, pero no nos podemos quedar cruzados de brazos”.

Al momento, no se ha hecho un inventario actualizado de escuelas con deficiencias estructurales que se mantienen abiertas, luego del programa de cierre de planteles.

“En Puerto Rico no hay una estrategia sistemática para garantizar que todas las escuelas, que también son los refugios en casos de emergencia, estén en condiciones para resistir un terremoto fuerte”, lamentó Molinelli Freytes.

“La salvación es individual”

Ante estas realidades, Von Hillebrandt insistió que la ciudadanía debe ser proactiva y debe prepararse.

“Es irreal pensar que el gobierno va a poder atender las necesidades individuales de la gente, por lo menos, durante las primeras 72 horas. Las mismas estructuras del gobierno van a verse afectadas y eso lo vimos con María. Ahora se está hablando que cada persona debe estar lista para los primeros 10 a 14 días, cuando hablamos de una catástrofe como el terremoto del 1918”, expuso.

“Me preocupa que aún hay muchas personas que no saben dónde están las zonas de peligro de tsunami, ni estén listas para desalojar esas áreas, sin depender de alertas. En un evento de terremoto fuerte, lo más probable es que no funcionen las sirenas (de tsunami) y los celulares. El terremoto, por sí, es la primer alerta de tsunami”, planteó.

“Siempre se debe cargar con dinero en efectivo, siempre hay que tener un buen seguro y documentos accesibles”, añadió. “Siempre el auto debe tener más de medio tanque de gasolina y estas son cosas básicas que se deberían tomar como hábito. Una mochila de emergencia en el carro, la escuela o en la oficina puede hacer la diferencia”.

“Ciertamente, la gente no vive preparada, se prepara cuando le dicen que viene algo. Pero esa mentalidad no va a funcionar cuando tengamos un terremoto”, recalcó.

En esta imagen del Archivo Digital Nacional de Puerto Rico se aprecian los daños provocados por el sismo de 1918 en el antiguo Teatro La Perla.