Entre Fiestas Patronales y personajes: pocos comparan con Félix El Andarín

Allá para el 1904, Félix Carvajal se presentó a la salida de la carrera olímpica del Maratón en San Luis con una camisa de manga larga, pantalón largo hasta el tobillo, las botas de cartero, una boina en su cabeza y varios días sin consumir alimento.

Foto archivo

“Llegó la fiesta de Santo

de mi pequeño pueblo…

cerraron sus cuatro calles con madera y hierro.

Llegaron siete elementos con cara de tahúres ;

trayendo cuatro furgones y dieciséis baúles”,

Fiestas Patronales.

(Fragmento de esa Plena)

Autor: José Ángel “Gulin” Hernández Colón

Intérprete: Tony Croatto.

A la memoria del doctor Giordano A. San Antonio Mendoza, “El Brother”, amigo desde el séptimo grado en el Colegio San Antonio de Padua en Isabela, y luego en Ponce durante 60 años.

Nadie ha descrito mejor las Fiestas Patronales de mi tiempo que José Ángel “Gulin” Hernández Colón, en la plena sobre este tema que le grabó Tony Croatto en el LP del año 1977 titulado Glorivee y Tony Croatto Interpretan a José Hernández Colón, de cuya plena incluyo al inicio de esta columna el primero de varios segmentos.

Desde que la escuché por primera vez antes que el LP saliera al mercado, uno de sus versos me cautivó de manera especial. Es el que pregona:

“… invitar a Lucecita pa’ que les interprete. Aunque, como de costumbre, la oposición objete”.

Por otro lado, me parece evidente que en la alusión a “los siete elementos con cara de tahúres” que declara la letra, Gulin se refiere a los machineros y piqueros que cada año tomaban por asalto durante 15 días a los pequeños pueblos.

He escrito mucho en otros medios sobre mis amadas Fiestas Patronales de Isabela, por lo que hoy no quiero extenderme en ello.

Aun así, deseo añadir al extraordinario cuadro que pinta Gulin en su plena otras “caras extrañas”, como dijo Gardel en su tango Sus Ojos Se Cerraron.

Porque a las plazas y fiestas patronales también llegaban los andarines y los personajes que iban por los pueblos presentando sus espectáculos… y ¡se hacían sepultar vivos!

Entre quienes se sepultaban vivos durante más de 20 días estaban el imponente brasileño “Urbano” (lo sepultaban en una urna de cristal transparente) y el caborrojeño “Q-Chán”, quien era fundamentalmente “andarín”, pero además se hacía sepultar al modo convencional: en la tierra y dentro de un ataúd.

Lo hizo en la Plaza Corchado de mi pueblo, que estaba al cruzar la calle del mismo nombre, frente por frente a la “Casa de casa”, y fui testigo de ello cuando aproximadamente tenía ocho años de edad.

Sobre los andarines, su espectáculo consistía, simplemente, en cerrar con sogas un tercio de la plaza del recreo del pueblo, colocar un plato hondo o una canasta para recoger las ofrendas económicas de la gente, y pasarse días y noches andando sin parar dentro del ensogado. Nunca nadie los pudo sorprender in fraganti, haciendo trampas, aunque muchos lo intentaron.

Para la misma época, la isla de Cuba también tenía andarines y la visitaban faquires, como el mismo brasileño “Urbano”.

Y a propósito de los Juegos Olímpicos que se llevan a cabo durante estos días en Tokio, es procedente recordar a un andarín cubano que se inmortalizó y se consagró en el oficio de “andarín”, en ocasión de la Tercera Olimpiada -y primera que se llevó a cabo en el hemisferio americano- en la ciudad estadounidense de San Luis, en el año 1904.

Se llamaba Félix de la Caridad Carvajal y Soto, a quien se le conocía, y así pasó a la historia, como “Félix El Andarín”.

Nació en La Habana y de pequeño se trasladó con su familia a la Villa de San Antonio de los Baños, donde hoy está la Escuela Internacional de Cine que fundó Gabriel García Márquez, a unos 35 kilómetros de La Habana.

De joven adulto fue cartero ocasional y en las vacaciones era “hombre-anuncio u hombre-sandwich”, llevando por la ciudad anuncios comerciales, letreros y carteles sobre su cuerpo, además de ser andarín, al modo que ya he descrito.

En noviembre de 1883 se presentó por su pueblo “El Trotamundos Español”, Mariano Bierza, un andarín profesional que retó a todos los hombres del pueblo a competir contra él, y el adolescente “Andarín Carvajal” lo superó ampliamente, con lo que confirmó que su destino era ser andarín.

Lo fue por el resto de su vida.

Próximo el año 1904, Carvajal se enteró que la Tercera Olimpiada Mundial se llevaría a cabo en la Ciudad de San Luis, en los Estados Unidos, e hizo firme el propósito de participar en ella, recaudando dinero en las calles, plazas y parques, haciendo continuas exhibiciones de caminata y vistiendo una camiseta que anunciaba el propósito que perseguía: recaudar algún dinero para hacer su viaje.

Tomó un barco de carga y llegó a Nueva Orleans, ciudad siempre fiestera y pachanguera, donde perdió el grueso del poco dinero que llevaba consigo “en las diversiones, los timadores y las damas”, cuando aún se encontraba a 700 millas de San Luis, la ciudad sede de la Olimpiada.

Hay tres versiones de cómo finalmente llegó hasta su destino: caminando, pidiendo “pon” (improbable, ya que no había muchos automóviles para la época) o, la que parece más sensata, en un barco de vapor por el río Misisipi, directo de ciudad a ciudad.

Se presentó a la salida de la carrera olímpica del Maratón en San Luis en la siguiente facha: con una camisa de manga larga, pantalón largo hasta el tobillo, las botas de cartero, una boina en su cabeza y con varios días sin consumir alimento.

El estadounidense Martin Sheridan, varias veces ganador de medallas de oro en el lanzamiento del disco, le cortó la ropa para que se ajustara mejor a la ardua tarea que le esperaba.

Dieron la salida y el andarín partió por delante. Así recorrió un gran trecho de los 42 kilómetros de la ruta, hasta que su cuerpo comenzó a exigirle alimento.

Pasó junto a un huerto de manzanos en cosecho, recogió tres manzanas verdonas y se las fue comiendo por el camino. Sin embargo, le provocaron tal dolor de estómago y diarreas que tuvo que detenerse varias veces en su recorrido.

Fue una carrera accidentada en más de un sentido. El que se proclamó ganador, Fred Lorz, luego fue descalificado porque recorrió un gran trecho a bordo de un automóvil. Nada menos que el de Alice Roosevelt, hija del entonces presidente de los Estados Unidos, Teddy Roosevelt, por lo que posteriormente se proclamó ganador oficial a Tom Hicks.

Félix Carvajal, “El Andarín”, llegó en cuarto lugar, y así figura oficialmente en todos los libros de récord. Puede cotejarlo.

El descalificado, Fred Lorz, ganó al año siguiente, 1905, la carrera Maratón de Boston.

“El Andarín Carvajal” falleció en su natal Habana en el año 1949 y ese mismo año el faquir brasileño “Urbano” (no sé si ellos dos alguna vez se llegaron a conocer) pasó 25 días sin comer ni beber dentro de una urna de cristal, ubicada en el vestíbulo del Teatro Martí, también en La Habana, rompiendo su propio récord.

La magia de la vida.

Fred Lorz, con el número 31, ganó fraudulentamente la carrera al realizar parte de recorrido en automóvil. Tras descubrirse, Tom Hicks, con el número 20, fue proclamado ganador, mientras que Félix El Andarín llegó en cuarto lugar. (Fotos archivo)