Energía solar: Ventana de oportunidad para apoderar a las comunidades

Un solar comunitario es una instalación o sistema solar en donde varios individuos unen esfuerzos económicos para beneficiarse, tanto con la venta de la electricidad producida por el sistema o consumiendo de la misma.

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Todo persona que haya vivido en Puerto Rico un tiempo razonable y cuando visita, ya sea de vacaciones o de emergencia, nota cambios. Los más notables se ven en las comunidades.

La crisis económica y social, áreas de recreación y deportes abandonadas, carreteras en mal estado, parques industriales disfuncionales, planteles escolares cerrados, y el envejecimiento de la población, abonan y minan la comunidad. Haciéndola sentir impotente e indefensa.

Convencida de que ya no puede lograr un cambio, sin esperanzas, la comunidad se derrumba por si sola. Y, ¿cómo podemos hacer que la comunidad tome el control de su destino y logre un cambio?

Muchos pueblos y comunidades se han empoderado a través de la adopción de elementos emblemáticos que los han distinguido por los tiempos o por el desarrollo en conjunto de actividades que propician la riqueza y, en consecuencia, el bien común.

Ejemplo de estas actividades ha sido el establecimiento de organizaciones y comercios agrícolas, industriales, y/o de servicios a la comunidad, a estratégicas revitalizaciones y transformaciones de áreas vacantes y abandonadas a desarrollos sustentables “green” y proyectos de energías renovables.

Reconociendo los retos y las oportunidades que tiene Puerto Rico, el desarrollo de proyectos de energías renovables figura como una oportunidad para atajar el alto costo de electricidad, una matriz energética basada en combustible fósiles, y una infraestructura eléctrica centralizada e ineficiente.

Tomando en cuenta este panorama, gracias al rico y abundante recurso solar en la isla y a la drástica reducción en los costos de la tecnología solar -haciéndose viable en casi cualquier aplicación- el desarrollo de proyectos de energía renovable basados en la adopción de la energía solar fotovoltaica figuran como una estrategia eficaz para que las comunidades se integren a la transición de combustibles fósiles a energías renovables, tomando así el control de sus entornos y, a la vez, creando esa riqueza.

Una nueva modalidad para el desarrollo de proyectos de energía solar son los solares comunitarios “community solar”. Un solar comunitario es una instalación o sistema solar en donde varios individuos unen esfuerzos económicos para beneficiarse, tanto con la venta de la electricidad producida por el sistema o consumiendo de la misma.

A diferencia de la modalidad convencional de cómo se emplea la energía solar, donde esta le pertenece a un solo dueño o pocas entidades privadas, los solares comunitarios se distinguen por la flexibilidad para integrar diferentes miembros. En un solar comunitario se pueden integrar individuos, negocios o comercios de cualquier tamaño, organizaciones sin fines de lucro, y hasta agencias estatales y/o entiendas municipales.

A modo de ejemplo, imagine que en su comunidad hay un grupo de vecinos que les interesaría invertir en energía solar, pero sus residencias no lo permiten -como es en el caso de condominios y/o “walk-up”- y algún comerciante quiere reducir su gasto de electricidad para seguir operando y dar servicio a la comunidad.

Todas estas personas y entidades pueden unirse para desarrollar un solar comunitario en algún espacio abandonado que quieran rescatar o en un terreno disponible en la comunidad.

La electricidad generada por este solar comunitario se le vende a la utilidad -en nuestro caso la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE)- y esta se le acredita a los miembros en su factura, o bien se le paga a la entidad formada por la comunidad y se reparten las ganancias de la manera acordada, como una especie de cooperativa.

Para que la comunidades solares sean una realidad en Puerto Rico, se deben dar ciertas condiciones, planificación, marco regulatorio y financiamiento.

Las comunidades y las partes interesadas en invertir deben estar al tanto del Plan de Uso de Terreno (PUT) y toda reglamentación o estatuto que rija el desarrollo de los espacios urbanos y los terrenos en las comunidades.

En cuanto al marco regulatorio, con la Ley No. 133 de 2016, la Comisión de Energía de Puerto Rico (CEPR) tiene la misión de reglamentar y disponer de los mecanismos para que el desarrollo y la interconexión a red de las comunidades solares sea eficiente y sin obstáculos. Que esta no desaliente a quienes quieren invertir en las comunidades solares.

Por otro lado, el financiamiento, por encima de la planificación y las leyes que rigen el desarrollo, es un tema que sigue dando dolor de cabeza a desarrolladores, inversores, y hasta las mismas instituciones bancarias. Las instituciones bancarias deben tener el conocimiento de la tecnología y crear los mecanismos para que el modelo de comunidades solares, con muchos miembros, sea una realidad.

Hay otros sectores de la economía y áreas que bien las comunidades podrían identificar para desarrollarlas y empoderarse, pero es en la energía donde hay una gran oportunidad para que las comunidades puertorriqueñas puedan crear riqueza y, a la vez, ser actores de cambio de nuestro ya caducado modelo energético.

(El autor es estudiante doctoral de la Universidad de Massachusetts Amherst y miembro activo del IGERT Offshore Wind Energy Program)