En medio de la pandemia: Batalla por su negocio y los amantes de libros

Por años, la librería El Candil en Ponce ha sido un oasis para los que aún favorecen el papel y la tinta sobre la lectura electrónica. Sin embargo, el decretado cierre de comercios ha trastocado esta dinámica, admitió Tamara Yantín.

Foto Archivo

Para fanáticos e insaciables consumidores de libros, Tamara Yantín Ayala no es solo una aliada. Es una heroína local que ha pasado desapercibida en medio de la pandemia.

Como copropietaria de la librería El Candil en Ponce, ha sufrido en carne propia el embate de la cuarentena, ahora agrandada, y el súbito cierre de comercios decretado hace dos meses. Pero aun así, en su casa el teléfono no deja de sonar.

Aunque El Candil continúa recibiendo pedidos de libros por su página web, su fiel clientela sigue llamando a su celular para procurar la disponibilidad de alguna publicación.

Otros, simplemente prefieren saludarla y gestionar su orden por teléfono.

“Tú no sabes cuántas personas me llaman lamentándose que extrañan el café y preguntando cuándo abrimos. Muchos me llaman directamente a mi celular y otros llaman a la tienda, a ver si por casualidad alguien contesta. Cuando vengo a la tienda a buscar libros, el teléfono siempre suena y me paso contestando llamadas”, comentó.

“Para muchas personas, El Candil es un lugar donde se sienten seguros. Cuando tú tienes una rutina y tienes un rinconcito donde siempre vas para relajarte y de momento no puedes ir, te afecta”, agregó.

“Esencial”

Aunque para el gobierno las librerías no figuran como un “comercio esencial”, la experiencia de la pandemia ha brindado una importante lección a tenerse en cuenta: en una cuarentena, los libros son un bien indispensable.

La prueba puede observarse en países como Italia, uno de los destinos más golpeados por la pandemia. Cuando recientemente su gobierno autorizó reabrir varios comercios hasta entonces clausurados, las librerías estuvieron entre las primeras.

Además, para quienes requieren un abasto continuo de nuevos textos, el cierre de las librerías locales ha sido una frustrante odisea.

“Antes la gente tenía libros, pero no tenía el tiempo para leer. Ahora tienen tiempo de sobra, pero no consiguen los libros”, continuó Tamara.

“Cuca Gómez”

Por otro lado, la dramática reducción en ingresos debido al cierre ha obligado a recortar la plantilla que opera El Candil, de seis a solo una. Tamara, entretanto, ha hecho entregas personalmente a clientes en varios municipios del área sur.

“Uno se convierte en ‘Cuca Gómez’”, dijo entre risas. “El día se va atendiendo órdenes, alimentando la página y empacando envíos”.

“A veces son las 2:00 de la mañana y entra una orden y rápido abro los ojos para ver qué es lo que está entrando, para asegurarme de que lo tengo”, reconoció. “La rutina definitivamente ha cambiado”.

Aunque la página ha estado en operaciones desde el 2019, ampliar su inventario ha cobrado mayor urgencia durante la pandemia y atender esas órdenes son la primera prioridad en este momento.

“Aun cuando a diario tratábamos de subir más títulos, esto me ha obligado a concentrarme en eso, porque no tenemos todo lo que tenemos en la tienda física en la página, porque estamos hablando de casi 20 mil títulos”, explicó.

“Ahora, cuando recibimos títulos los registro en el sistema y aún antes de anaquelarlos, los subo a la página”, dijo.

Y ahora, ante la necesidad constante de enviar órdenes a clientes por correo, Tamara reconoció que el cartero se ha convertido en su nuevo mejor amigo.

“El correo ha hecho un trabajo increíble. He tenido casos que envío un libro hoy y ya mañana me confirman que lo recibieron. A Danny Rivera le estoy enviando libros a San Juan y a los dos días máximo me confirma que los recibió”, sostuvo.

“El correo está salvando a todos los que estamos vendiendo por internet”, puntualizó.

Para más información, puede acceder la página electrónica www.LibreriaElCandil.com.