El Proyecto Inocencia de Puerto Rico: una gesta digna de ovación

Esta herramienta y esta lucha que le debemos en Puerto Rico a la iniciativa del licenciado Fontanet combate, por fin, coordinadamente, esas enormes injusticias a través de las pruebas de ADN.

Foto archivo

“El crimen perfecto no es aquél que no se resuelve, sino el que se resuelve con un falso culpable; aquél en que se encuentra culpable a la persona errónea”.

Película “Los crímenes de Oxford”

Alex de La Iglesia, director

A la memoria del doctor en Derecho, Santos P. Amadeo, a quien en su tiempo llamaban “El Rey del Habeas Corpus” por su vocación y valor para defender mediante ese recurso a personas encarceladas.

Los casos judiciales del puertorriqueño José Armando Torres Rivera, quien estuvo preso 28 años y seis meses – entró a la prisión a los 17 años de edad, salió a los 49 – y murió transcurrido un año desde que se había probado su absoluta inocencia y de haber regresado a la libertad, trajo con mucho despliegue a la atención pública el hecho de las condenas y los encarcelamientos de personas inocentes.

Con toda probabilidad son pocos los lectores que tienen plena conciencia de la frecuencia con que son encontradas culpables personas inocentes. Estos casos ocurren en todo el mundo.

A manera de información, los invito a que a través del buscador Google, por ejemplo, encuentren las páginas Miscarriage of justice o Wrongful convictions, así como otras del mismo tenor.

Se sorprenderán de conocer casos concretos, ahí y en otras páginas similares, sobre la frecuencia con que este “aborto de la justicia” ha ocurrido universalmente.

Nuestro Tribunal Supremo ha dicho reiteradamente a lo largo del tiempo, que los mayores extravíos de la justicia se producen en la errónea identificación del sospechoso.

Es cierto, y no es en absoluto la única causa de error, hay muchas más. Conscientes de cuántas personas hay erróneamente en prisión, a nivel internacional se creó una corporación independiente sin fines de lucro llamada Innocence Project Network, que ya ha logrado más de 300 exoneraciones de personas en estas injustas circunstancias, entre las cuales 17 eran casos de personas condenadas a la Pena de Muerte, que es “el asesinato cometido por el Estado”.

Un abogado puertorriqueño de todo mi respeto por su talento, su seriedad, su compromiso con la justicia y, sobre todo, por su humildad, es Julio E. Fontanet Maldonado. Quien antes había sido presidente del Colegio de Abogados y Abogadas, hoy día es el Decano de la Escuela de Derecho de la Universidad Interamericana de Puerto Rico. Además fundó en el año 2012 El Proyecto Inocencia de Puerto Rico, adscrito al Innocence Project Network o la Red Inocente.

El primer paso afirmativo que dieron una vez constituidos fue promover en la legislatura la Ley de Análisis de ADN Post Sentencia, Ley 23 de 7 de febrero de 2015.

Como explica su Exposición de Motivos: “Es un estatuto fundamental para lograr acceso a la evidencia biológica en posesión del Estado y que podría demostrar la inocencia de una persona injustamente encarcelada por un crimen que no cometió”.

Esta herramienta y esta lucha que le debemos en Puerto Rico a la iniciativa del licenciado Fontanet combate, por fin, coordinadamente, esas enormes injusticias a través de las pruebas de ADN POST SENTENCIA.

Las injusticias que se han dado, hasta ahora sin aparente remedio eficaz, sobre todo, aunque no exclusivamente, en casos como asesinatos, violación, actos lascivos y escalamiento, no fueron corroborados con la prueba de ADN. Esta prueba se ha convertido en la prueba más eficiente dado el contacto entre el criminal, la víctima y sus objetos o posesiones.

A lo largo de los 44 años que ejercí la profesión de abogado, fundamentalmente en el ámbito del Derecho Penal, aprendí que contrario a lo que se consagra en el mandato constitucional -de que al acusado se le presume inocente de la comisión del delito que se le está imputando hasta que se le hubiere probado su culpabilidad más allá de toda duda razonable, por parte del fiscal en representación del Estado- para numerosos jueces que ejercen su oficio en el campo del Derecho Penal, la presunción es la diametralmente opuesta.

Presumen al acusado culpable del delito que se le imputa y se invierte el procedimiento penal, dado que es el acusado, a través de su defensa, quien tiene que probar afirmativamente que es inocente del delito imputado.

Desde luego, tratan de disimular esta realidad, pero su conducta viciada por las tres “P”: pasión, prejuicio y parcialidad en contra del acusado y de su defensa a lo largo del proceso, los delata.

Para peor, como lo fue también en mi personal experiencia, el prejuicio contra el acusado de la mayoría de las y los periodistas que cubren los tribunales influyen en la conciencia colectiva sin esperar al desfile de prueba. Así fue mi experiencia de muchos años.

Si difícil es vencer esa presunción de culpabilidad que cargan tantos jueces en su cerebro, así como tantos paneles de jurado prejuiciados contra el acusado, hacerlo después de enjuiciado, encontrado culpable, de haber ejercitado su derecho de apelación y de llevar años cumpliendo la Sentencia (en el caso de José Armando fueron 28 años y medio), es prácticamente imposible lograr que se le conceda un nuevo juicio.

En muchos de esos casos, la prueba de ADN, la prueba científica, no estaba disponible para el tiempo en que los hechos delictivos ocurrieron o por alguna razón esta prueba no se realizó o utilizó, aunque ya existiera.

La abogada de José Armando Torres Rivera fue Iris Yaritza Rosario Nieves, de la Sociedad Para la Asistencia Legal y profesora adjunta de la Escuela de Derecho de la UPR, con una maestría en Derecho por la Escuela de Derecho de Palermo en Buenos Aires, Argentina, una de las jóvenes abogadas, quien junto a otras y otros, como Vanessa M. Mullet Sánchez, Lilliannette Cortés Soto y Juan Carlos Vélez Santana , están a cargo de la litigación bajo la dirección del licenciado Fontanet Maldonado en el Proyecto Inocencia de Puerto Rico.

¡Gloria a estas y estos abogadas y abogados, que llevan a cabo contra viento y marea una labor tan encomiable en favor de seres “dejados de la mano de Dios”, ¡en cárceles inmundas en distintos lugares de Puerto Rico!

Julio E. Fontanet Maldonado (Foto archivo)