Eddie Ríos: el boricua que le aportó al baloncesto el tiro desde la línea de tres puntos

Es un hecho cierto, pero internacionalmente todavía hoy no es un hecho unánimemente reconocido, ya que instituciones sumamente poderosas le disputan este mérito.

Foto: Revista Todo Basquet / BSNPR / 1-junio-2011

“No hubo en él nunca ni el más leve asomo de afán de lucro”. “En un ambiente tan metalizado como el nuestro, el maestro Ríos Mellado nos sigue mostrando el camino a seguir hacia el decoro y la dignidad”.

Licenciado Alberto Medina Carrero

A su hijo, el licenciado Eddie Antonio Ríos Benítez, el más grande admirador de su padre, lo que dice mucho de este patriarca.

Naguabo es un pueblo de mujeres y hombres famosos, como Diplo, Pedro Flores, Carmen Delia Dipiní, Inés María Mendoza, Pedro Carlos Timothe Morales y Matías González García, entre otros. Hecho admirable para un pueblo relativamente pequeño, de 18 y 19 mil habitantes para las décadas del 1930 y 1940; y alrededor de 29 mil al presente.

Allí, el 8 de noviembre de 1929, nació un hombre que iba a hacer historia de alcance universal, si bien en un estrecho campo de acción en el deporte de baloncesto, don Eddie Ríos Mellado.

Aunque uno no sea deportista -yo lo fui por mucho tiempo, hasta el año 1979, en que dejé absolutamente de serlo- hay que sentirse orgulloso de un compatriota, sobre todo que proviene de un pueblo pequeño, como también son mi pueblo de origen y mi nación.

El maestro Ríos Mellado, para el orgullo sano nacional puertorriqueño, fue quien modificó y mejoró un deporte que nació en el año 1891, en Springfield, Massachussets, 30 años pasado un siglo: el baloncesto.

Hay baloncelistas cuya estatura, salto, corpulencia, longitud de sus brazos y habilidad general provocaron una evidente desproporción que llamó poderosamente la atención de técnicos y teóricos del juego, de la prensa especializada y, en definitiva, de las multitudes seguidoras del juego.

El caso por excelencia es el de Wilt Chamberlain, quien logró anotar 100 puntos en un juego, 78 en otro; dos veces 73, 72, 70… En fin, anotó 32 veces 60 o más puntos por juego.

Con las reglas que prevalecían en aquel entonces, resultaba “ingardeable”, aunque corrijo: solo Bill Russell, otro monstruo positivamente desproporcionado, de habilidad, estatura, salto y contextura física, podía gardearlo con algún éxito. Aun así, en el año 1960, Chamberlain recogió 55 rebotes en un juego frente a Russel.

Que solo uno pudiera gardearlo, pienso que no era bueno para el baloncesto, un espectáculo que genera -por diversas fuentes- incontables millones de dólares.

Correspondía, me parece obvio, a los bien remunerados especialistas al servicio del juego concebir soluciones técnicas que aminoraran esas enormes disparidades y abrieran espacios a los gigantes para medirse con jugadores más rápidos, bajitos y certeros. Las reglas mismas del juego tenían que proveerlo.

Mientras esos super técnicos de la danza de millones del juego especulaban por posibles remedios, que luego se convirtieron en enmiendas como el semi círculo de la “no carga”, exactamente debajo de los dos canastos para provocar que los gigantes no estuvieran allí estáticos acaparando el juego, un puertorriqueño ingenioso del pueblo junto a “una playa de mi tierra tan querida, a la orilla del mar”, comenzó a trazar a distintas distancias las líneas del tiro de tres puntos: don Eddy Ríos Mellado.

Así lo hizo en el Caparra Country Club, en la Puerto Rico School of Commerce, en el PR Junior College, Antilles Military Academy, la Academia Sagrado Corazón, la Academia San José, San Juan School, el Colegio Espíritu Santo, la Academia Perpetuo Socorro, en el Baloncesto Biddy, en el Little Guys y en el baloncesto de los más de 30 campamentos de verano anuales que creó y dirigió.

Si usted, amable lector, busca y pregunta a través de Google “¿Quién creó la línea del tiro de tres puntos en el baloncesto?”, recibirá por respuesta la siguiente: “La línea de tres puntos en el baloncesto fue inventada por el maestro puertorriqueño de educación física, Eddie Ríos Mellado”. Por favor, inténtelo y constátelo.

Es un hecho cierto, pero internacionalmente todavía hoy no es un hecho unánimemente reconocido, ya que instituciones sumamente poderosas le disputan este mérito.

Aunque no es elegante que uno hable de sí mismo, con mis disculpas ante mi inmodestia, lo voy a hacer.

Soy quien inventó el concepto y el nombre de “soberanía deportiva”. Un riguroso examen a mis columnas escritas a lo largo de muchos años en distintos periódicos, sobre todo en El Mundo y Claridad; durante los 20 años de las transmisiones que realicé de las entonces llamadas Justas Intercolegiales, el programa deportivo que hice llamado Tertulia Deportiva, difundido siete días a la semana durante 20 años; las narraciones de los maratones pedestres de Coamo, Villalba, la femenina de Guayanilla en sus primeros años (hasta que detecté y denuncié acciones indebidas por parte del entonces relacionista público de la PPG Industries), y la de Jayuya  en su primer año, la cual desistí de seguir transmitiendo porque confligía con el cumpleaños de mi hija mayor.

En dichos eventos hay pruebas abundantes de que fui el divulgador de ese concepto y de esas dos palabras que tanto irritaban entonces a tantas personas y que tantos problemas me acarrearon en muchos aspectos de mi vida.

Como hecho cierto, es una realidad indubitada, probado está. Otra realidad es que se me reconozcan unánimemente.

En esta disputa prevaleciente entre poderosos organismos baloncelísticos y el humilde maestro de educación física nacido en el pueblo de Naguabo, yo voy al que además de tener la razón es el nuestro.

“Yo voy a mi gallo pinto”.