Diáspora puertorriqueña protagoniza el rescate de Adjuntas

Otra exitosa misión ha consistido en iluminar las noches del 30 por ciento de las familias de Adjuntas, mediante la donación y distribución de casi 2,500 lámparas solares, anunció Arturo Massol Deyá.

Foto archivo

ADJUNTAS- Ocurrió hace exactamente tres semanas. Mucho antes que el primer toldo de FEMA hiciera su reaparición en las montañas de Puerto Rico, un centenar de cubiertas de lona fluía tierra adentro, por los campos de Adjuntas, gracias a la espontánea generosidad de la diáspora puertorriqueña.

El preciado artículo, sin embargo, no era el único. Por caminos empinados, aún inaccesibles a causa de los derrumbes y árboles derribados por el embiste del huracán María, también se distribuían medicamentos, agua, artículos de higiene personal y hasta luminarias solares.

El motor que las movía era la urgente necesidad de un pueblo en precariedad y el vehículo que hizo posible su entrega fue la fuerza de los voluntarios de la organización Casa Pueblo y su solidaria red de colaboradores en el exterior.

Como explicó Arturo Massol Deyá, director asociado de Casa Pueblo, la gesta humanitaria se fraguó de forma fulminante a través de las redes sociales de la organización comunitaria, tan pronto se restableció el servicio de Internet en la zona metropolitana de San Juan.

Según indicó, al superarse el aislamiento que provocó la tempestad los ofrecimientos de auxilio fueron inmediatos, por lo que “cuando aún no había transporte a Puerto Rico por el correo, ya nosotros estábamos recibiendo vuelos humanitarios con ayuda para Adjuntas”.

Estas aportaciones, agregó, se recogen típicamente en el Aeropuerto de Isla Grande “y también hay personas que las traen en sus equipajes o en la forma que pueden”.

Entre los bienes más preciados ya se han recibido generadores eléctricos con los que se ha podido energizar el Centro de Envejecientes de Adjuntas, equipo de asistencia vital para una mujer encamada en el residencial Valle Verde “y hasta el Head Start del municipio”, indicó el también profesor universitario.

“Incluso, el refugio (para damnificados) de Adjuntas se activó con una de estas plantas y hasta el negocio Vista al Río que colapsó, dejando a un joven empresario y a su familia sin oportunidad de ingresos, ha vuelto a operar con la ayuda de otro generador”, agregó.

Otra exitosa misión de la diáspora y Casa Pueblo ha consistido en iluminar las noches de casi el 30 por ciento de las familias en la Tierra del Gigante Dormido, mediante la donación y distribución de casi 2,500 lámparas solares.

“Según el Censo del 2015, hay 8,125 unidades de vivienda en Adjuntas y ya se han repartido de hogar en hogar casi 2,500 de estas luminarias”, continuó Massol Deyá.

Como indicó, gracias a la iniciativa adoptada por los profesores Larry Forney y Eva Top de la Universidad de Idaho, así como Giovana Delgado, quien también es profesora en Texas A&M y natural de Adjuntas, cientos de jóvenes estadounidenses han donado luminarias solares que cuestan entre cinco y diez dólares, para incentivar la calidad de vida de los adjunteños.

“En camino ya tenemos 1,300 más de Houston, 500 que debemos recibir de Filadelfia este fin de semana y otras 400 de Nueva York. También están en camino de Pittsburg y Hartford, Connecticut. Todos amigos de la diáspora en diferentes iniciativas, acopiando estas luminarias y haciéndolas llegar a Casa Pueblo”.

“Estas donaciones, en específico, tienen un componente educativo, pero también de servicio, sobretodo para personas de edad avanzada que pueden evitar una caída durante la noche o para que los niños se sientan más seguros y la gente pueda volver a hacer vida en comunidad al final del día, rescatar sus espacios y sentirse seguros”, recalcó además.

Mucho más que apoyo

Pero la ayuda no se ha limitado a la entrega de artículos de primera necesidad. La alianza formada entre colaboradores de Casa Pueblo también ha hecho posible que se distribuyan en los campos 15 motosierras para despejar caminos obstruidos, y hasta un teléfono satelital con el cual miles de personas han podido retomar el contacto directo con sus seres queridos.

“También hemos recibido agua y más de $10 mil en medicinas que se repartieron en Adjuntas con el doctor Gilberto Ruiz Deyá y el apoyo del Hospital San Lucas. Eso incluye insulina y medicinas para diabetes e hipertensión. También se han dado clínicas en Adjuntas con el Hospital Castañer y se han repartido alimentos”, describió.

“En resumen, hay una desconfianza de canalizar ayudas a través del gobierno, pero sí hay una mejor comunicación y fluye el trabajo con mucha más agilidad cuando (la ayuda) se da entre organizaciones que ya están activas, y ahí hay una gran lección para el país”, expresó Massol Deyá. “Así se corrió la voz (en el exterior) de que Adjuntas está organizado a través de Casa Pueblo y que allí esas ayudas van a llegar”.

“La gestión ha sido intensa, pero sumamente gratificante”, puntualizó.