Despiden como héroe musical al patriarca de La Sonora Ponceña

Foto: Axel Rivera | La Perla del Sur

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PONCE- Ruth Fernández, Cheo Feliciano y Millito Navarro. Todos fueron portaestandartes de la identidad ponceña y a todos los lloró su Ciudad Señorial en un lapso de cinco años.

A la lista de leyendas, sin embargo, esta semana se sumó la despedida del fundador de la Sonora Ponceña, don Enrique “Quique” Lucca Caraballo.

El icono de la salsa falleció de un paro respiratorio el pasado domingo, 9 de octubre a la edad de 103 años, mientras convalecía en el Hospital Damas de Ponce. Allí se recuperaba de una intervención quirúrgica tras sufrir semanas atrás una fractura en la cadera.

Tras su partida, el lunes en la tarde su cuerpo fue expuesto durante varias horas en su residencia de la calle Genuino en Ponce, como había solicitado.

Allí, vecinos, familiares y músicos se congregaron para una despedida íntima y sencilla, junto a sus decenas de placas y reconocimientos: las mismas que don Quique conservó con infinito agradecimiento, a lo largo de sus siete décadas de carrera musical.

Al día siguiente, su féretro fue transportado al Parque Urbano de su Yauco natal, espacio recreativo que fue bautizado con su nombre en el año 2013.

A partir de las 10:30 de la mañana, el pabellón que frecuentaba todos los miércoles acogió sus restos, mientras cientos de personas llegaban hasta el féretro para rendir homenaje al salsero.

Como era de esperar, la música volvió a acompañarle y, en un tributo a su eterno fundador, La Sonora Ponceña resonó con algunos de los éxitos que hicieron de don Quique una leyenda musical, bajo la batuta su hijo y multiinstrumentalista Papo Lucca.

Este último, tras batallar con intensas emociones, retomó su piano para interpretar “Los zapatos de mi viejo”.

Flanqueado por miembros de la Policía Municipal, guardias de honor y tres banderas yaucanas, el féretro permaneció en el pabellón hasta pasada la 1:00 de la tarde, momento en que se despidió del Pueblo del Café para otra travesía hasta el Complejo Ferial Juan. H Cintrón.

Allí, bajo la sombra de una inmensa bandera de Ponce -ciudad que lo adoptó con brazos abiertos desde los 16 años de edad- el féretro fue visitado por cientos de personas, algunos con fotos y discos en mano.

Mas como en tantas otras ocasiones, don Quique fue coronado con aplausos y recordado con palabras de elogio, primero por la alcaldesa María Meléndez Altieri y luego por su hijo, el maestro Papo Lucca.

“Siento que él está aquí. Es un momento tan doloroso”, dijo emocionado el celebrado músico. “No he querido mirar el ataúd. Anoche fui un momento y lo miré, pero no quiero mirar más. Quiero recordarlo como era en tarima”.

Al caer la noche, “la orquesta de don Quique” tomó la tarima junto a la Banda Municipal de Ponce y el Grupo Esencia, para despedirlo como merecen quienes entregan su vida a un bien colectivo, como la música y la amistad.

El miércoles, sus restos pasarían a la última morada en el camposanto La Piedad de Ponce, pero en la víspera le esperaría “un último guiso” junto a La Sonora Ponceña, en el Complejo Ferial de Ponce.

“Solo Dios sabe el vacío grande que deja en nuestra familia, en la orquesta y en mí. Viejo, Dios te bendiga… Te Amo”, clamó Papo Lucca.