Deseaba retirarse “por las cosas que pasaban en la Policía”

Cansado de la Uniformada y con inestable estado emocional, el exagente Guarionex Candelario pidió acomodo, pero asegura que fue ignorado.

Foto Jason Rodríguez Grafal

Nota del editor: Esta es la segunda de tres entregas para la serie: #HablaGuarionex

PONCE – Mientras Guarionex Candelario Rivera repasaba el instante en que le arrebató la vida a tres compañeros policías el 28 de diciembre de 2015 en la Comandancia de Ponce, en el resto de la cabina permeaba el silencio.

Aunque la puerta de acceso permanecía abierta y un grupo de agentes observaba detenidamente desde afuera, su voz y relato dominaban la escena. Incluso, hasta el chasquido de las esposas del confinado desapareció.

“Cuando ellos entraron, que rompieron la puerta a patadas, yo estaba de rodillas. Él entró (el teniente Javier Requena) y me disparó aquí (en el brazo derecho). Y como yo no me dejaba esposar, él vino y me dio un tiro de contacto… eso crea un agujero hondo”, continuó Candelario Rivera al tiempo en que se tocaba la escápula derecha donde, dijo, recibió otro disparo.

“Él es instructor de tiros y sabe del uso y manejo de armas”, explicó ya con postura erguida y mirada fija.

Luego insistió en su previo argumento; que en ese destacamento regional llegó a ver conducta impropia entre sus compañeros y vivió hostigamiento laboral.

Recordó que llegó a estar desarmado durante ocho años por inestabilidad emocional y que cuando le restituyeron su arma de reglamento, ya deseaba retirarse bajo la Ley 70 del 2010. Sin embargo, planteó que sus reclamos no fueron escuchados y alegó que sus supervisores solo le advertían que lo iban a expulsar.

“A mí me armaron y no me dieron vista de seguimiento. Se supone que cada tres meses ellos te den vista de seguimiento… Ellos me dijeron que si a mí me armaban me iban a botar y yo le dije que me mandaran por una ventana”, señaló.

El exagente relató que al momento del crimen laboraba de martes a sábado en el Centro de Mando de la Comandancia, respondiendo llamadas de Sistema de Emergencias 911, y tenía los domingos libres de manera permanente, ya que para él era imperativo asistir a la iglesia pentecostal.

Esto, según indicó, ocurrió luego de que hiciera el pedido por escrito al coronel Agosto Rodríguez, a quien le radicó una querella en el Tribunal Federal por no ofrecerle respuesta.

“De allá bajó una orden a Recursos Humanos que me tenían que dar domingos y lunes permanente”, informó.

El ajuste, empero, no provocó que se acoplara al ambiente de trabajo. “Ya estaba cansado de la Policía y de las cosas que pasaban en la Policía”, repitió.

Antes de ponerse de pie y regresar fuertemente escoltado a la celda donde pasa 22 horas cada día, el hombre de 51 años tomó una vez más la palabra para, reanimado, expresar que “Dios en cualquier momento” lo sacará de la cárcel.

De igual modo, recordó que el pasado 12 de enero sus abogados Donald R. Milán Guindín y Armando F. Pietri Torres solicitaron por escrito a la fiscal federal Rosa Emilia Rodríguez que investigue las acciones de la Uniformada, cuando ocurrieron los crímenes.

“Enfatizamos que no es nuestra intención relitigar el caso criminal que concluyó en diciembre de 2016, sino es informarle nuestra inquietud respecto a lo que podría considerarse como encubrimiento, mal manejo de una escena y acciones o investigaciones que se apartan de las normas adecuadas”, lee la misiva firmada por ambos defensores.

En la carta enviada a Fiscalía Federal, los abogados critican que los únicos que investigaron el crimen fueron los miembros de la Uniformada regional. Alegaron que los policías que atendieron la situación incurrieron en “negligencia crasa” al manejar “una alegada situación de secuestro”, que no obedecieron sus propios protocolos, que dispararon sus armas “en total menosprecio a la seguridad”, y que la escena no fue preservada “adecuadamente”.

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Hablan de lo sucedido

En entrevista por separado, el exdirector del Centro de Mando en Ponce, Ezequiel Torres Torres, comentó que cuando Candelario Rivera estuvo hospitalizado su deber era entregar el arma y argumentó que es a los 30 días que la Policía va a recogerla.

También dijo que Candelario Rivera “era un muchacho que cada vez que te veía te daba los buenos días y te echaba bendiciones”. “Nunca tuve problemas con él”, precisó.

Entretanto, Iris Vanessa Rodríguez, supervisora directa del exagente, declinó explicar u opinar sobre las circunstancias que pudieron o no fomentar lo acontecido el 28 de diciembre de 2015. Su razón, porque pertenece a la agencia. No obstante, confesó que entregó a las autoridades copia de unos mensajes de texto que intercambió con Candelario Rivera días antes. La Perla del Sur confirmó que los mismos no fueron mencionados en el juicio.

Aunque algunos agentes familiarizados con el caso rechazaron hacer expresiones, sí señalaron que tenían “las manos atadas”.

Un agente que solicitó anonimato dijo que no justificaba a “Guarionex, pero tampoco soy quien para juzgarlo porque a esa gente (la Policía) le gusta jugar con la mente y con los controles de la gente. Y esos son los resultados. Gracias a Dios yo fui trasladado”.

Otro agente que no quiso identificarse por temor a represalias, aseguró que la Policía “se burlaba de Guarionex” y que sus supervisores “incitaron la desgracia”.

La Perla del Sur solicitó copia e información de las querellas administrativas radicadas contra personal de la comandancia ponceña, pero los oficiales de prensa de la Policía alegaron que esa información es “confidencial”, aunque los agentes hayan terminado suspendidos o expulsados.

Lea la primera parte de la serie aquí.