Del corazón a la mesa: una gesta que emana de la solidaridad

El gesto generoso de Jacksel Rodríguez y su ejercito de voluntarios hizo posible que 127 familias de Juana Díaz, Villalba, Ponce, Peñuelas y Yauco recibieran provisiones para paliar la cuarentena y su pérdida de ingresos.

Foto: Omar Alfonso

Primero de una serie de reportajes especiales donde se demuestra que los problemas de todos se resuelven EntreTodos.

Jacksel Rodríguez Ponce lo admite. Ese día su corazón se jamaqueó.

Llegó por sorpresa a la casa de una anciana en la ruralía de Ponce para llevarle una ración de provisiones que había recolectado con la ayuda de un ejército de voluntarios y ella, espontánea y cándidamente, se confesó.

Llevaba días tomando café prieto, porque ya no tenía leche, ni forma para conseguirla. Incluso, ya debía elegir entre su tacita de la mañana o la tarde, porque para beberlo la harina del grano igualmente escaseaba.

“Dios me los bendiga. Dios me los guarde”, repitió una y otra vez, mientras Jacksel, casi sin aliento, sentía cómo su corazón se estrujaba.

“Damos tantas cosas por garantizadas, pero hay gente que ha perdido la habilidad de caminar, que ha perdido el habla y esas, aunque no todos lo entiendan, son riquezas que muchos desearían tener”, comentó Jacksel sobre su reciente vivencia.

“A veces juzgamos desde el privilegio. A veces juzgamos desde la comodidad, quejándonos porque nuestra mayor dificultad del día ha sido que me tiré a una megatienda y no conseguí una piscina”.

“Juzgamos desde el privilegio”, insistió, “obviando que hay una persona que está pensando hasta cuándo le durará la harina del café que le queda”.

Por fortuna o causalidad, este relato tuvo un final feliz, ya que la anciana, al igual que otras 126 familias de Juana Díaz, Villalba, Ponce, Peñuelas y Yauco, contaron con el apoyo y abrazo solidario de Jacksel y su batallón de almas solidarias.

Cuando la inacción no es opción

Según explicó, todo empezó días atrás, justo cuando a lo largo y ancho de Puerto Rico comenzó a desnudarse la apremiante necesidad de madres solteras, jóvenes matrimonios, adultos mayores y trabajadores de clase media, cuya pérdida de empleos e ingresos por la abrupta cuarentena del COVID ya era insostenible.

“Comenzamos a ver los reclamos y las protestas de diferentes sectores de la sociedad por los niños sin alimentos, sin sus comedores escolares, y sus padres que, por no caer dentro del grupo de clase baja, no reciben ayudas gubernamentales y sufren con agonía la espera por la aprobación del PAN, de los pagos por desempleo y hasta los $1,200 de ayuda federal”.

Y convencido de que podía hacer algo para ayudarlos a paliar el momento, Jacksel se zambulló en su cuenta de Facebook y apeló contundentemente a la generosidad de sus familiares y amigos, con inusitados resultados.

En un lapso de 48 horas, recibió de 37 benefactores sobre mil dólares en efectivo mediante PayPal y ATH Móvil, así como promesas de provisiones para colmar de buena voluntad la marquesina de su hogar en la urbanización Villas del Prado en Juana Díaz.

“Con esos $1,082 que donaron y otra aportación que hice me tiré a la calle y conseguimos compras para 127 familias”, detalló aún con entusiasmo a La Perla del Sur. Mas con otro equipo de amigos y vecinos, prepararon -con todas las medidas de seguridad- los empaques para que cada compra incluyera arroz, salsa de tomate, leche, habichuelas y salchichas, entre otros comestibles.

Cada una, además, se complementó “con un bolso que tenía jabón antibacterial, cuatro pares de guantes, toallitas para desinfectar y un mensaje positivo que leía Nunca dejes de creer”: cuatro poderosas palabras capaces de sintetizar desde el poder de la fe y hasta la energía que en los momentos de más agonía moviliza a miles de puertorriqueños.

Una frase que, de igual modo, fue legada a Jacksel por su incesante fuente de inspiración: su abuela materna.

La magia del ejemplo

Como indicó y subrayó, desde pequeño ha entendido que no hay oficio más honorable que el de servir a los demás y, en especial, a quienes viven en precariedad, ya que ese ha sido el ejemplo legado por su amada Guadalupe Barreto López, la matriarca que desde el barrio Sabana Hoyos de Vega Alta no ha escatimado en tiempo ni recursos para hacer el bien, sin mirar a quien.

“Mi abuela Guadalupe ha sido la mentora en esta obra. Me crié con ella y de ella aprendí que donde come uno, comen 25, y por ella es que desde hace tiempo vivo fascinado con el servicio misionero”, admitió.

Con ese ejemplo, y la fuerza de sus patrocinadores, Jacksel ya ha logrado llevar de su corazón a la mesa provisiones para familias en Cerro Gordo de Villalba, Aruz y Manzanilla en Juana Díaz; Mayor Cantera, La Cuarta, Corral Viejo y Dr. Pila de Ponce; La Moca en Peñuelas y Barinas en Yauco.  Todas previamente identificadas y certificadas por amigos y aliados.

La gesta, sin embargo, no termina allí. Este activo asistente de vuelo para la aerolínea JetBlue reconoce que aún queda mucho por hacer y lograr, ya que durante cada visita ha probado y constatado que de todas las caras de la pobreza, la del hambre es la menos visible.

“Cuando uno duerme en una casa cómoda, con aire, con todas las comodidades, a veces nos hacemos de la vista larga, pero el hambre está ahí, la necesidad está presente”, puntualizó.

Por ello, reafirmó estar dispuesto a continuar con este proyecto hasta que sus fuerzas y recursos lo permitan. Por ello, invitó a toda persona, empresa u organización interesada en apoyarlo a seguirlo en su red social de Facebook o a escribirle a su cuenta de WhatsApp en el teléfono 787-702-1072.

Asimismo, recalcó que ENTRE TODOS y solo ENTRE TODOS, los puertorriqueños seremos capaces de frenar esta otra pandemia, presente entre nuestros barrios desde mucho antes que el novel coronavirus, “y a veces está tan cerca como en la casa de un vecino”, sentenció.

¿Conoces a alguien que aporta de forma ejemplar al bienestar del país y su gente, en medio de la cuarentena? Entonces somete su nombre y datos relevantes al correo electrónico gente@periodicolaperla.com.

Foto: Omar Alfonso