De la incertidumbre a la convicción: la íntima confesión de Alexis Massol

“Casa Pueblo no solo ha ayudado ha crear un modelo alternativo de país, sino un modelo alternativo de ser humano. Y Tinti lo aclaró”. Alexis Massol González

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Al siguiente amanecer, luego mil duelos e incontables abrazos, lo inevitable ocurrió.

“Traté de no mirar para donde Tinti dormía”, confesó Alexis Massol González, el innato optimista que 41 años atrás inició junto a su esposa Faustina “Tinti” Deyá una revolución intelectual en Puerto Rico a través de la organización comunitaria y ambiental Casa Pueblo.

Inseparable aliada desde mucho antes, repitió Alexis, para él fue imposible obviar su ausencia.

“Estaba solo. La vista se me iba. Y entonces me pregunté cómo será de aquí en adelante”, continuó. “No quiero adelantarme ni pensar cómo va a ser, pero me pregunto cómo voy a hacer. Y cómo voy a ser yo”.

“No sé. No lo sé”, contestó abruptamente, mientras enfocaba la mirada en sus manos inquietas. Las mismas que por momentos se fundían y congelaban.

“Ayer me fui a poner la guayabera y, por primera vez en mi vida, tuve que escoger yo. Porque Tinti me decía ‘Ponte la de manga larga’… ‘Ponte la blanca’… Porque la relación nuestra era muy estrecha. Era simbiótica. Éramos dos, pero en realidad éramos uno”.

“Lo confieso. No sabía qué hacer. Y hasta por la mente me pasó irme en un barco que se llama Libertad, como lo hizo Ariel”, añadió el patriarca de los Massol Deyá, en referencia al menor de sus cuatro hijos, quien habita la patria celestial desde el 19 de noviembre de 2009 y a diario es recordado en el umbral y las veredas del Bosque Escuela.

Pero algo ocurrió. A las 7:00 de la mañana del pasado lunes la llamada de uno de sus más cercanos colaboradores hizo de que adelantara su llegada a Casa Pueblo. “Y al llegar aquí, me pasaron dos cosas”.

“Casi ahora entraron por ahí tres de mis nietos. Y entraron como unos generales, como entraba Tinti, con firmeza y con propósito”, comentó conmovido. “Los recibí llamándolos ‘compañeros’. Antes eran Mikhail, Axel Felipe y Alixa, pero desde hoy son mis compañeros de sueño, porque llevan la energía y el compromiso de Tinti”.

“Y más temprano, también entró un vecino de la barriada San Felipe, de la gente buena y humilde de nuestro pueblo, que llegó como desespera’o para decir que ‘esta es la Casa Pueblo que ha hecho tanto por Adjuntas y ha hecho tanto por mí, así que vengo a darle las gracias’. Ambos sucesos me emocionaron”, afirmó.

“Gracias a ellos, ahora miro el día distinto”, agregó. “Porque Casa Pueblo no solo ha ayudado ha crear un modelo alternativo de país, sino un modelo alternativo de ser humano. Y Tinti lo aclaró. Tinti me aclaró cuál es el más honroso fruto de 41 años de lucha y qué es lo que hay que hacer de ahora en adelante. Esa es la respuesta. Ese es el mandato, no desviarnos y seguir siendo modelo alternativo para las puertorriqueñas y puertorriqueños que el país necesita”, reflexionó.

Maestra hasta el final

Tinti Deyá, la piedra angular de Casa Pueblo y maestra vida para una multitud de hijos adoptivos, falleció en la noche del pasado 19 de agosto a consecuencia de un enfisema pulmonar, una afección progresiva que causa dificultad para respirar. Sin embargo, aunque el padecimiento fue diagnosticado tiempo atrás, su espíritu nunca se amilanó, ni renunció a lo que más amaba.

Por eso, aún durante los episodios más intrigantes y peligrosos de la pandemia, se resistía al descanso y acudía junto a Alexis al interior de la casa de todos para seguir trabajando, dando seguimiento a los pedidos del Café Madre Isla y a las visitas coordinadas al Bosque Escuela, entre otras tareas.

“Tinti no paró. No quería parar”, recordó quien en mayo de 1964 le juró amor eterno. “Pero hace como un mes tuvo un colapso por una arritmia cardíaca y la hospitalizamos en Ponce. Entonces ella, con el entusiasmo de siempre, quería volver a Adjuntas y fue cuando nos dijo ‘ya no quiero más hospitales’”.

Conciente y decidida, regresó a Casa Pueblo a asegurarse que todo marchara en orden, pero a partir de entonces “se agotaba con más frecuencia”, abundó Alexis. “Antes no había quién la sacara de aquí si ella no quería, pero al final, sobre todo en el último mes, me pedía que la llevara a casa a descansar antes del mediodía”.

“En casa se sentía cómoda, no en un hospital. Y por eso procuramos que allí recibiera todos los cuidados médicos y la mejor calidad de vida. Además, yo le daba sus medicamentos y al final hasta me dijo que yo era un buen farmacéutico”, comentó antes de una dulce carcajada.

Su partida, añadió Alexis, ocurrió mientras era rodeada por hijos y nietos, quienes la colmaron con expresiones de afecto y agradecimiento.

El futuro

Su ausencia física, aunque evidente en su sillón favorito, tras el mostrador de las artesanías puertorriqueñas o en las decenas de abrazos que a diario extendía en la antesala de Casa Pueblo, paulatinamente será subsanada por sus herederas y herederos, muchos de los cuales ni siquiera tienen los apellidos Massol Deyá, recalcó Alexis.

“Porque Tinti es Casa Pueblo y Casa Pueblo somos todos”, sentenció. “Y es hora de darle el espacio a otros para garantizar la continuidad de nuestros sueños, de todo lo que nos resta hacer”.

“Porque cada vez que uno de ellos ayude a otro, cada vez que nuestros estudiantes proclamen con música la cultura puertorriqueña y cada vez que un visitante aprenda a valorar y a proteger nuestra patria geográfica, en cada uno de esos gestos, Tinti estará y volverá a sonreír”.

“Por mi parte, nunca antes había estado tan acompañado y querido de mis hijos, mis nietas y nietos, de los compas de Casa Pueblo, y de nuestro amado pueblo adjunteño y puertorriqueño. Así que, con la fuerza de ese amor, retorno feliz a la autogestión comunitaria, con el fusil en mano en ruta a continuar persiguiendo un alternativo porvenir para nuestro Borikén”, puntualizó.

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