Damnificados sobreviven como comunidad en las “letras de Ponce”

César Rodríguez Velázquez, un policía estatal residente del barrio Tallaboa Encarnacion de Peñuelas, es uno de los líderes del grupo.

Foto: Florentino Velázquez

La falta de un hogar seguro, el miedo y hasta la soledad han llevado a casi un centenar de familias a pernoctar en los terrenos aledaños a las “letras de Ponce” desde el pasado 7 de enero, momento que el terremoto de magnitud 6.6 impactó a la zona suroeste.

Ante la incertidumbre creada por los continuos movimientos telúricos, familias enteras, envejecientes y hasta impedidos duermen en sus vehículos, bajo carpas, toldos azules o casetas de acampar, creando a orillas de la autopista Luis A. Ferré (PR-52) una comunidad de desplazados de diversos sectores de la Ciudad.

Entre ellos se encontraba una joven y su esposo, que no quisieron ser identificados, quienes llegaron allí desde el sector La Calzada de Ponce.

Aunque son de los afortunados que ya pueden regresar a su residencia, estos permanecen en el lugar. Ahora acompañan y ayudan a los más necesitados.

“Muchos ya se han regresado a sus casas, otros van a sus casas de día y regresan en la noche, pero la mayoría está aquí quedándose porque lo perdieron todo”, explicó la dama, quien gestiona donaciones de casetas de acampar para aquellos que aún duermen en sus vehículos.

Ese era el caso de José Torres Pérez y su familia, compuesta por su esposa y dos hijos. La casa que mantenían alquilada sufrió serios daños por lo que decidieron ir al refugio municipal. Sin embargo, la cantidad de personas ahí y la desorganización entre los ciudadanos provocó que llegaran hasta el área de las letras.

Allí sus “vecinos”, otros damnificados como ellos, han procuraron darle agua, comida, artículos de higiene, una caseta, almohadas y hasta mattress para que puedan dormir más cómodo que en su vehículo.

Los “refugiados de las letras”, como muchos le llaman, reciben la visita de decenas de personas y organizaciones que les proveen artículos de primera necesidad y han hecho un pequeño centro de acopio para las familias que continúan llegando a pernoctar en el área, ya sea de otros pueblos o de los refugios municipales.

César Rodríguez Velázquez un policía estatal residente del barrio Tallaboa Encarnacion de Peñuelas es uno de los líderes del grupo. Este se expresó agradecido con las organizaciones de base de fe y comunitarias que a diario le traen suministros.

De hecho, un ciudadano particular les facilitó un poste de alumbrado movible que utiliza placas solares. Otros, les han donado generadores. Una iglesia de Ponce hasta les ubicó unos baños portátiles en el lugar.

En ese mismo lugar, bajo la sombra y el verdor de los árboles cercanos, también se establecieron varias familias del sector La Playa de Ponce. Según explicaron, muchos huyeron despavoridos ante el alerta incial de tsunami; otros al ver las enormes grietas en sus residencias. Unos pocos, incluso, reconocieron que los motivó el temor que les causa estar solos durante esta crisis.

Alberto Santiago Santiago, un ex capitán de la Policía Municipal de Ponce, llegó con toda su familia luego de que su residencia se viera seriamente afectada durante el terremoto. Llevan desde el 7 de enero en el área las letras, donde han establecido sus casetas junto a varios familiares y vecinos.

Según dijo Santiago Santiago, los ingenieros que evaluaron sus residencias en el sector Salistral les recomendaron no regresar a las mismas por los serios danos que sufrieron. Este pernocta en la arboleda contigua a las “letras” junto a sus dos hijos adultos y sus respectivas familias. Uno de ellos aun está en recuperación de una intervención quirúrgica realizada hace poco menos de un mes.

Aunque tratan de pasar su tiempo entre juegos de dominó y conversaciones con sus vecinos, la preocupación por como llegarán a un techo seguro está latente en la comunidad.

Aileen Cortés Quiñones siente que vive nuevamente la pesadilla del huracán María, pues el terremoto del 7 de enero igualmente la dejó sin su hogar en el sector La Playa, donde vivía junto a sus tres hijos de 18, 16 y 14 años de edad.

Con un tono de resignación, Arlene reconoció que “ha sido fuerte para todos, pero en especial para mis hijos. Estamos reviviendo nuevamente lo de María. Nos quedamos sin casa”.

Los llamados refugiados de las letras manifestaron sentirse seguros en el área ya que entre ellos hay al menos cuatro policías estatales y municipales que también perdieron sus viviendas y pernoctan en el lugar.

Lo que si han resentido es la notable ausencia de la alcaldesa de Ponce, María Meléndez Altieri, que según dijeron no los ha visitado en ningún momento.

“Hemos recibido la visita y ayuda de compañeros de la Policía de Puerto Rico, del alcalde de Cataño, la alcaldesa de Salinas, artistas, deportistas y muchas organizaciones que nos han dado la mano, menos del Municipio de Ponce”, dijo César Rodríguez Velázquez.

Aunque FEMA ya les visitó, esperan que la actividad sísmica merme para así poder realizar los trámites correspondientes para la solicitud de una vivienda o ayudas que le permitan comenzar de nuevo.

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