Cultiva la siembra más grande parcha en Puerto Rico

Facebook Daniel Manuel Estrada Pagan

San Sebastián – La llaman fruta de la pasión y de olerla, hace juego en los cachetes la saliva a cualquiera.

Agridulce al paladar, la exótica fruta originaria de Suramérica, cautivó a Daniel Estrada Pagán, un joven agricultor pepiniano que apuesta todo a su cultivo de parcha en las tierras de San Sebastián.

¿Cóooomo? ¿En tierras tan húmedas? Se preguntarán quienes conocen que la maracuyá no es amiga del agua. Pues sepan que este agricultor no solo ha logrado el sistema adecuado para cultivarlas en su finca, sino que posee la siembra más grande registrada en Puerto Rico en los últimos años.

Son 11 cuerdas repletas de la trepadora Passiflora.

La caminata hacia los campos inició bajo el brillante sol que nos ahogaba en medio de un clima caliente y húmedo. Tras varios minutos nos adentramos en la finca donde la pasionaria se arrima al sistema de “espalderas”, construido con vigas de acero para sostener sus enredaderas.

“Para esta zona es beneficioso utilizar este sistema por la cantidad de lluvia que hay en la zona”, acotó el joven agricultor, señalando que así se produce en países como Colombia y Brazil, donde reina la industria de parcha.

Daniel recogió una parcha del suelo y la apretó con las uñas hasta abrirla. El jugo de pulpa anaranjada que se escurrió en sus manos hizo la par con el “bache” de saliva en mi boca. El olor trajo en seguida a mi memoria el refresquito que solía tomar cuando pequeña en la cocina de mi mamá con el fruto extraído de aquella enredadera del patio. Esas ya no se ven casi.

“Es una fruta que todo el mundo la lleva en la memoria. Es algo que nos remonta al tiempo de la abuela, la tía o alguna plantita que había en casa de algún familiar. Es algo que la generación ha ido perdiendo”, afirmó Daniel.

El primer cheque que recibió, producto del trabajo en la tierra, lo vio Daniel a sus 7 años. Hoy tiene un imperio de parchas en la finca que ubica en la carretera 125 km 15.1 interior. Tras un extenso estudio de mercadeo, Estrada Pagán levanta su empresa con miras a la exportación en un futuro cercano.

Nos cuenta que la parcha perdió auge cuando las siembras dejaron de tener el apoyo del consumidor y del gobierno en un momento. Luego del huracán Georges, quedaron conucos en algunas fincas, que optaron por mantener siembras pequeñas para consumo local.

“Desde el 1996 para acá, se dieron los cultivos grandes de parcha en la Isla a nivel comercial. Ahora, el cuerdaje más grande en Puerto Rico lo tenemos nosotros”, afirmó el agricultor.

Ahora Daniel hace las bases de su empresa familiar con la chinola para en el futuro dar acceso al agroturismo.

El joven agricultor se dio cuenta que podría ir abriendo mercado poco a poco para competir con el producto concentrado que llega importado a la Isla, “ya que nadie desde el noventa y pico para acá decidió tener siembras grandes”, acotó, recodando a aquellos que en su momento le dijeron que estaba “loco” de atreverse a sembrar parcha en su finca.

Empezó en 2011 con una inversión de $7,000 produciendo unas 25 cajas semanales en sus primeras siembras, mediante experimentos con variedad de semillas. Para entonces, el sistema que utilizaba era el “emparrado”, pero no le funcionó por las lluvias.

Según la agrónomo Adneris Medina Escobar, el sistema de emparrado da más sombra y acumula agua. “A ella (la parcha) no le gusta el agua. El principal problema que le ataca es el Fusarium”,apuntó la experta en seguros agrícolas.

El Fusarium un extenso género de hongos que se propaga en el suelo, donde es capaz de sobrevivir en el agua alimentándose de materiales en descomposición.

A medida que Daniel fue estudiando este sistema de cultivo consiguió innovar con “espalderas”, a la necesidad de los trabajadores y las ayudas que le ofrecen. Es un sistema similar al de los viñedos.

“Las espalderas dan un poco más de sol en los pasillos. Es más aire en el suelo y evita la humedad. También es más fácil para podar y el recogido”, señala la agrónomo, destacando que ello minimiza gastos y aumenta el valor de la producción.

Aunque a Daniel le fue cuesta arriba probar su viabilidad, Agricultura Federal (USDA) le aprobó el proyecto y en enero de este año metió mano de lleno a la producción.

“No es un cultivo común”, expresó, adentrándonos a los campos donde se levantan cientos de espalderas repletas de enredaderas preñadas de relucientes parchas.

Existen casi 400 variedades de parcha, pero en la finca de Daniel se ha cultivado la parcha común (hawaiana regular), la “hueva”, la morada y la colombiana. Esta última es más robusta en peso y tamaño. Su mejor amigo es el abejorro, quien entre zumbidos visita las espalderas y poliniza las glamorosas flores abriendo paso al milagro de la fruta.

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