Cuchita y su vocación a prueba de terremotos

Sin hogar y sin oficina no se echó a llorar. Casi de inmediato respondió a pedidos de auxilio médico de vecinos y pacientes afectados emocionalmente por la conmoción, y sin escatimar en tiempo ni energía, no dudo en reinventarse en beneficio de su gente.

Foto: Florentino Velázquez

Durante toda su vida ha tenido que luchar para superar las mil y una adversidades. Por eso, el terremoto, ni sus réplicas, ni la pérdida de su hogar y oficina la paralizaron.

En su lugar, la doctora Enid Santos Cintrón se enrolló las mangas, dio alas a su expíritu combativo y, sin encomendarse a nadie, tomó cuanto tenía para salir al rescate de otros: para servirle a su pueblo.

Por fortuna, su gesta no pasó desapercibida. Su historia, carisma y carácter acapararon desde titulares hasta transmisiones especiales a escasos días del temblor de 6.4 que inundó de incertidumbre al suroeste del país.

Y desde entonces, los rostros de personas agradecidas por su empatía y simpatía se cuentan por cientos en Guayanilla.

A fondo

En la madrugada del pasado 7 de enero, la generalista criada en el barrio Magas se convirtió en una de tantas víctimas fortuitas del terremoto que en pocos segundos, destruyó o laceró gravemente a una de cada cuatro viviendas de este municipio.

Sin embargo, en su caso el trauma fue doble, ya que el remezón también destruyó el consultorio médico que por años operó en el primer nivel de su residenicia de dos niveles.

Sin hogar y sin oficina, empero, no se echó a llorar. Casi de inmediato respondió a pedidos de auxilio médico de vecinos y pacientes afectados emocionalmente por la conmoción, y sin escatimar en tiempo ni energía, no dudo en reinventarse en beneficio de su gente.

“Yo me considero una sobreviviente en muchos aspectos de mi vida. Para mí esta es una lucha más, no me iba a caer”, confesó la doctora que, a pesar de sus pérdidas, mantiene intacta su personalidad extrovertida y sonrisa contagiosa.

Por eso, a pocas horas del Día de Reyes, Enid colocó una mesa plegadiza en un terreno próximo a su hogar en ruinas: un solar en la calle Algarrobo de la Urbanización Santa Elena, que por tiempo ha rentado como estacionamiento para su despacho médico.

Y bajo una carpa doméstica improvisó un consultorio con algunos materiales, medicamentos y equipos que extrajo de su maltrecha oficina. Desde entonces, ya no solo ha instalado un robusto campamento médico en el área. Además, ha hecho lo impensable por los más necesitados.

Entre ellos, cientos de sureños con condiciones como diabetes, hipertensión, ansiedad y depresión.

“Las condiciones crónicas se han disparado, pero lo más que desean es que alguien los escuche, que les diga que esto va a mejorar”, puntualizó la doctora, a quien muchos afectuosamente llaman Cuchita.

“Aquí comienza a temblar y todos los vecinos salen de sus casas. Algunos viven aún en una incertidumbre”, dijo además quien al perder su casa afirma sentir alta empatía con los refugiados y damnificados que permanecen sin hogar, a dos meses del gran suceso.

Por fortuna, Cuchita y sus pacientes ya no están desamparados. Desde Estados Unidos y otros países, entidades medicas sin fines de lucro y representantes de universidades han llegado a Guayanilla, conmovidos por las pérdidas de miles de familias y la perseverancia de esta doctora.

Por eso, ahora cuenta con trailers y espaciosas casetas de acampar con aire acondicionado, modificadas como oficinas para la atención de pacientes, además de medicamentos, equipo y suministros para los damnificados.

“Llegaron de muchas partes”, reaccionó jubilosa. “Grupos médicos de la Universidad de Yale, de Harvard, de Santo Domingo, de Jamaica, estudiantes de Saint Kitts, grupos médicos del área oeste… y trajeron suplidos médicos, medicamentos, ropa, pañales, leche de todos tipos”.

Con pies en tierra

La generosidad de tantas organizaciones e individuos, empero, no la ha divorciado de la realidad. Por eso, con la sinceridad que le caracteriza, Enid revalida y refuerza toda denuncia fundamentada sobre el manejo inadecuado de la crisis.

Como bien puntualiza, son los procesos burocráticos y sus protagonistas los responsables de que cientos de personas aún carezcan de atención y ubicación en un lugar seguro, más allá de una carpa.

Incluso, su crítica feroz hacia figuras que han minimizado la crisis entre los refugiados la ha centrado en el ojo público, pero lejos de afectarla, sus comentarios solo han cimentado el respeto de quienes ya la admiraban y desatado un aumento en personas que buscan atención médica, medicamentos y suministros.

De hecho, el afecto que los pacientes profesan por la doctora es evidente. Algunos de los entrevistados la describieron como una “fajona que no ha dejado al pueblo atrás, sean o no sus pacientes”, mientras que otros más arrojados bromearon con la idea de que aspire a la alcaldía de ese pueblo: premisa que Cuchita descartó de plano.

“Ella hace guardias en un hospital, llega, duerme dos o tres horas y ya a las 9:00 de la mañana está aquí y atiende a todo el mundo: con chavos y sin chavos”, aseguró Misael Rodríguez López, un guayanillense que a raíz del terremoto también perdió su hogar.

Como explicó, visitaba ese día a la doctora para reunir los documentos necesarios para su traslado a una nueva vivienda en un residencial de Ponce, junto a su hermano, ambos de la tercera edad.

Al cierre de este reportaje, la doctora contaba con un vagón para atender a sus pacientes, provisto por una entidad privada, que también le sirve para sus limitadas horas de sueño. Asimismo, con dos casetas para ofrecer servicios de Triage a los pacientes y una carpa gigante que le sirve de sala de espera, donde un asistente los recibe y toma información.

Con nueva propuesta

Pero el carácter combativo de Enid, sumado a las consecuencias del terremoto en la salud y calidad de vida de los guayanillenses, la ha llevado a repensar su futuro, a planterase nuevas aspiraciones.

Una de ellas, admitió, será buscar fondos y ayudas, locales o extranjeras para desarrollar un hospital en Guayanilla que le permita ofrecer todos los servicios médicos que reclaman los pacientes, sin tener que viajar a otros pueblos como Yauco o Ponce.

Mientras esto sucede, subrayó, continuará con su agenda de servicio en las improvisadas oficinas, tomando en cuenta al paciente e intentando colaborar en el retorno de la cotidianidad de quienes se resisten a abandonar su amado Guayanilla.

Tras el gran sismo, la doctora Enid Santos Cintrón se enrolló las mangas, dio alas a su expíritu combativo y, sin encomendarse a nadie, tomó cuanto tenía para salir al rescate de otros: para servirle a su pueblo. Foto: Florentino Velázquez