¿Cuál es el propósito del coronavirus?

La primera “contentura” del ambiente que vimos a través de imágenes satelitales publicadas por la NASA y la Agencia Espacial Europea, fue que la calidad del aire mejoró inmensamente

Foto: Visualhunt

Recientemente conversé por celular con mi amiga María de Lourdes Santiago Negrón. El diálogo fue breve, pero en un momento dado llegamos al tema obligatorio: el coronavirus. Ella me hizo una pregunta que me impactó: ¿Cuál es el propósito de todo esto?

Confieso que, en estas tres semanas de distanciamiento solidario, no había pensado en el propósito de esta pandemia mundial. Aquellos que creemos firmemente en la divina providencia, en mi caso como cristiano y católico, tenemos la obligación de buscar el propósito de las situaciones adversas. Si todo tiene un propósito, hay que descubrir cuál es.

Por eso la pregunta de María de Lourdes fue como un rayo que despertó mi ser espiritual y me obligó a reflexionar más sobre mi respuesta en ese momento: luego de 3 a 4 segundos de silencio tras su pregunta, mi contestación fue: “el ambiente está contento con el coronavirus”.

Aire limpio, salva vidas

La primera “contentura” del ambiente que vimos a través de imágenes satelitales publicadas por la NASA y la Agencia Espacial Europea, fue que la calidad del aire mejoró inmensamente.

Un informe del Ministerio de Ecología y Medio Ambiente de China detallaba que el número promedio de “días de aire de buena calidad” aumentó en un 21.5% el pasado mes de febrero, durante la férrea cuarentena en ese país.

China es un país sumamente contaminado, especialmente por la cantidad de plantas de carbón que utilizan para generar energía. En ese país, las mascarillas no son utensilios extraños, pues hay días que tienen que utilizarlas para poder salir a la calle debido a la contaminación del aire.

La limpieza atmosférica documentada en China, ya se ve en otros países.

En la India, luego de 30 años, los Himalayas son visibles a 200 kilómetros de distancia; en España, la ciudad ha reducido la contaminación atmosférica hasta en un 35% y  en Italia, hay una tendencia a la reducción gradual de las concentraciones de dióxido de nitrógeno de aproximadamente 10% por semana.

El National Geographic publicó un artículo titulado El Planeta: el principal beneficiado por el coronavirus, en el cual asegura: “El descenso de la cantidad de desplazamientos en vehículos a motor, la disminución de la producción industrial y el consumo se traduce en menos contaminación, aguas más limpias y cielos más claros. Desde China hasta Venecia, Barcelona o Madrid, estos son algunos de los efectos secundarios positivos de la crisis sanitaria”.

Tomemos en consideración que más de un millón de personas mueren anualmente en China por causa de la contaminación de aire, y se estima que en Estados Unidos la cifra es de unas 100,000. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud, la cifra global asciende a unos 7 millones.

François Gemenne, director del Observatorio Hugo de la Universidad de Lieja en Bélgica, que estudia las interacciones entre los cambios ambientales, la migración humana y la política, dijo que al final de todo esto, el número de muertos por el coronavirus sería mucho menor que las víctimas por la contaminación atmosférica, según un reporte de CNN.

Sería importante poder documentar cuánto mejora la salud de los residentes que viven cerca de la autopista de Caguas a San Juan, en estos días sin tapones.

Al final, resulta interesante pensar que dos de las consecuencias del coronavirus son: un aire más limpio y más personas salvadas de las que pueda perjudicar.

Ambiente en libertad

El planeta envía otros mensajes que muestra su júbilo ante la libertad alcanzada por el alto obligatorio del efecto humano en sus hábitats.

La increíble imagen de las aguas cristalinas y el regreso de especies marinas a los canales de Venecia, delfines en las costas de Italia y Cartagena (Colombia), patos salvajes en las fuentes de Roma y miles de tortugas, algunas en peligro de extinción, naciendo tranquilas en las playas de India y Brasil.

Puerto Rico no es la excepción. El avistamiento de 5 manatíes juntos en la Laguna del Condado o la gran cantidad de peces de colores nadando en aguas cristalinas en Cayo Auorora, en el municipio de Guánica, llama la atención de esta manifestación espontánea de la naturaleza.

La redención de la Creación

Estos resultados de la batalla entre la vida y la muerte, entre la destrucción y la creación, me hacen recordar el pasaje bíblico de Romanos 8, 18-23:

“Porque estimo que los sufrimientos del tiempo presente no son comparables con la gloria que se ha de manifestar en nosotros. Pues la ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo.”

El ser humano ha sometido a la creación o ambiente a su vanidad, corrupción y destrucción por demasiado tiempo. Hemos ensordecido ante el constante gemido de la naturaleza, que nos recuerda constantemente que vivimos juntos en esta “Casa Común”, como la llama el Papa Francisco. Cuando afectamos el ambiente y le hacemos gemir, nos destruimos nosotros mismos y somos artífices de nuestros propios gemidos.

Recuerdo cuando participé en los actos de desobediencia civil para sacar a la Marina de Guerra de Estados Unidos de Vieques.

La primera vez que fui al Campamento Gilberto Concepción de Gracia del Partido Independentista Puertorriqueño, el área estaba devastada. Un lago sin agua repleto de municiones y desechos de bombas, no había flora ni fauna, terrenos quemados y destruidos. Tres meses después regresé: el lago tenía agua, había flores y mariposas, y hasta encontramos 5 patitos que ayudamos a reunir con su madre. Todo era distinto.

En estos momentos de la presencia del coronavirus, la vida silvestre está tomando un respiro sin la presencia de seres humanos, temerosa de que nosotros no aprendamos, sigamos sin escuchar y, después de la pandemia, volvamos al mismo camino sin salida.

Gracias a la llamada de una amiga descubrí el propósito del coronavirus: dar ánimo a ecologistas y activistas que luchan por proteger el ambiente, pues la realidad es que el cambio climático mata a más personas cada año que este nuevo virus.

Además, nos ha mostrado que, independientemente del impacto final de esta crisis, reducir la contaminación es posible.  Podemos lograr grandes transformaciones en nuestro planeta, gracias a la acción solidaria y comunitaria. Todos somos parte de la Creación.