Ponce pierde permanentemente su franquicia de béisbol

Reymond Fuentes, con experiencia en Grandes Ligas, es uno de los jugadores reserva de los Leones.

Miles de fanáticos cobijaban aún la esperanza. Pensaban que había alguna probabilidad de que los Leones de Ponce volvieran a participar en la Liga de Béisbol Profesional Roberto Clemente (LBPRC). Sin embargo, esta semana despertaron con una desagradable noticia, la que hace oficial la desaparición de la novena sureña y su traslado al pueblo de Aguadilla.

Luego de varias temporadas en la que los Leones no recibieron el respaldo de su fanaticada, a pesar de contar con un equipo competitivo en el terreno de juego, la familia Muñoz, propietaria de la franquicia, decidió recesar y de esta forma no participar en el torneo 2014-2015.

Pero no fue solo la pobre asistencia de la fanaticada al estadio Francisco “Paquito” Montaner  lo que provocó ese primer receso.

Otros factores incidieron en la multitud que solo cinco años antes había inundado el viejo estadio para ser testigo del undécimo y último campeonato alcanzado por la franquicia, cuando más de 15 mil almas llenaron el histórico recinto para avivar la inolvidable gesta.

Entre ellos sobresale uno. Las inadecuadas condiciones que ofrecía el estadio Montaner para jugar béisbol, especialmente a ese nivel.

Fueron incontables las quejas de los jugadores -de los equipos contrarios y del team Ponce- sobre las instalaciones, no solo en el terreno de juego sino en los camerinos, especialmente el visitante, e incluso, con la pizarra electrónica, que a duras penas podía mantener informado a los asistentes en aspectos tan sencillos como el conteo de bolas y strikes o el score del partido.

Muchos de esos problemas surgían porque el Montaner, viejo y cansado como está, tenía la doble función de servirle, tanto al béisbol como al atletismo en el más alto nivel que existe en el país.

El anuncio de ese primer receso, sin embargo, estuvo acompañado por la promesa de unas mejores facilidades, dejando abierta la posibilidad de construir un nuevo estadio si Major League Baseball (MLB) lo avalaba y aportaba recursos para su construcción y posterior desarrollo.

Pero todo quedó en el limbo y el tema murió.

Una temporada más tarde (2015-2016) se produjo el anunció del segundo receso, pero esta vez vino acompañado con la decisión de la familia Muñoz de entregar la franquicia a la liga, preparando la ruta para su eventual desaparición.

En el camino, desde el verano del 2014 cuando se anunció el primer receso, muy pocos mostraron interés en adquirir la franquicia y los que lo hicieron no tenían los recursos para operarla, provocando que la liga mirara en otra dirección.

Fue ahí que apareció Aguadilla.

Y así el estadio que sirvió de escenario para que imponentes leyendas del deporte del bate, la bola y el guante mostraran su talento, dejó de ser adecuado para jugar béisbol.

Irónicamente, ese fue el mismo estadio que permitió que los ponceños vieran en acción a miembros del Salón de la Fama como los boricuas Roberto Clemente, Orlando “Peruchín” Cepeda y Roberto Alomar, entre muchos otros peloteros destacados.

Asimismo, ese fue el escenario sobre el cual jugaron legendarias figuras del extranjero como Tany Pérez, Frank Robinson, Steve Carlton, Reggie Jackson, Carl Ripken y Tony Gwynn, por mencionar otros peloteros que hoy tienen su nicho en Cooperstown.

De esta forma Ponce y el Montaner se quedaron sin su béisbol. El estadio quedaba a la total disposición del deporte de atletismo para desarrollar sus eventos, El Ponce Grand Prix y las Justas Intercolegiales.

No obstante, con el tiempo y debido a la crisis económica por la que atraviesa el país, los organizadores del Ponce Grand Prix desistieron del evento y, posteriormente, la Junta de Gobierno de la Liga Atlética Interuniversitaria (LAI), en una extraña decisión, optó por llevarse las Justas a Mayagüez, dejando el Montaner “apaga’o”, sin ningún tipo de evento deportivo nacional para agasajar al público.

Ahora el Montaner, inaugurado en el 1949 para albergar a los Leones del Béisbol Profesional, se ha convertido en la sede de equipos infantiles y juveniles de fútbol, y su pista de calibre mundialista acoge a los niños de escuelas, sirviéndole muy bien a esa importante población.

Sin embargo, ese espacio que podía acomodar a más de 12 mil personas, luce vacío y los ponceños no podrán volver ver a futuros miembros del Salón de la Fama, como parte de su desarrollo como pelotero profesional o, en muchos casos, ya convertidos en súper estrellas del béisbol.