Conozca más sobre la distimia: el trastorno invisible

Caracterizada por una tristeza y sufrimiento constante, se estima que en la actualidad afecta a casi el cinco por ciento de la población mundial.

La distimia, también conocida como trastorno distímico y trastorno depresivo persistente, es un desorden crónico del estado de ánimo con características similares, pero menos severas, que las del trastorno depresivo mayor.

Mas, al contrario de lo que ocurre con los pacientes depresivos, la persona que vive con esta condición sigue con sus actividades cotidianas de una forma más o menos estable.

Su origen puede vincularse con factores orgánicos, genéticos o ambientales, de acuerdo con expertos en conducta, quienes añaden que es fundamental conocer su causa para conocer el grado del trastorno en el paciente y establecer un plan de acción efectivo.

“Es importante diferenciar si es de origen endógeno o exógeno”, destacó al diario ABC de España el doctor Andrés García Notario, especialista en Psicología Clínica y director de la Clínica Delphos. “Y es que, si yo tengo una debilidad en la producción de los neurotransmisores esenciales del equilibrio emocional, la distimia será para toda la vida, debido a una alteración bioquímica en el cuerpo”.

Sus principales síntomas

Las personas que sufren distimia suelen presentar diversos signos de abatimiento. Sin embargo, en su conducta no tiene por qué haber nada concreto que haga sospechar que existe un trastorno psicológico, y en gran cantidad de ocasiones puede llegar a confundirse con un tipo de personalidad pesimista.

Por ello, es determinante prestar atención: por ejemplo, un periodo de melancolía puede ser una de las señales más claras de alerta, si se muestra durante un mínimo de dos años, con frecuencia casi diaria. Pero no es el único síntoma.

“Lo primero que experimentan es un estado de tristeza sostenido en el tiempo durante mucho tiempo, con un declive importante en aquellas cosas que les suelen gustar”, explicó García Notario. “A veces hacen hasta una autoaceptación de su propia realidad y ese sentimiento se llama desesperanza. Es decir, la sensación que tiene el paciente de que nunca será capaz de ser feliz”.

La rumiación, que es la repetición de una serie de pensamientos obsesivos que desembocan en ansiedad, agotamiento y tristeza, es otro de los elementos que pueden aflorar en los pacientes distímicos y, por sí sola, puede activar las alarmas.

¿La razón? Porque pasar un tiempo con ansiedad e incertidumbre constante suele desembocar en procesos depresivos. Además, los afectados por este trastorno pueden llegar a sufrir tanto episodios de insomnio como de somnolencia, así como falta de apetito o ingesta desmedida de alimentos.

¿Cómo se trata?

Según han revelado diversos estudios sobre materia, la tasa de eficacia de los tratamientos psicológicos, diseñados para que la persona pueda abordar y clarificar sus emociones, es alta.

Además, acudir a un especialista y contar con apoyo farmacológico -cuando este profesional lo considere pertinente- es importante, al igual que la realización de actividades deportivas, la meditación, el cuidado de la alimentación y que el paciente confíe que, con un abordaje adecuado, podrá vivir libre de sus síntomas.

“No hay nada que venga mejor al ser humano que el hacer, hacer y hacer”, recalca García Notario. “Yo siempre digo: contra la depresión, acción. Aquí también puede aplicarse”.

Por último, pero no menos importante en el proceso, resalta la importancia del acompañamiento de familiares y amigos. Comprender, apoyar empáticamente, no juzgar, no criticar, estimular la acción y retomar el control de su vida y de sus autocuidados son buenas medidas para los pacientes.

“Es una enfermedad muy desgastante y poco visible”, añade el galeno. “Por ello, hay que tratar a estas personas con un cuidado íntimo. Los distímicos son una población inmensa, porque determina un nivel de estado de ánimo a nivel social, y la sociedad está pasándolo muy mal en estos momentos”.