Con Síndrome de Down y trasplante de riñón Emmanuel no deja de sonreír

“Ese riñón no era para Emmanuel, y gracias a Dios resultó compatible”, recalcó el abuelo Agusto González, quien se alterna con Dolly Medina, madre del adolescente, para viajar con él a las citas médicas en el área metropolitana, las que en esta etapa son diarias.

Foto: Florentino Velázquez

Desde su nacimiento hasta su decimonoveno cumpleaños, Emmanuel Luis González Medina ha sido un incuestionable milagro de vida para sus familiares y amigos.

Desde su primer respiro como infante prematuro, algo tan espontáneo y natural como “vivir” ha sido para él un reto mayúsculo e incesante. Sin embargo, a lo largo de todas sus etapas, y durante sus pasadas dos décadas, no le han faltado ángeles ni bendiciones, como su más íntimo núcleo reconoce.

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“Al nacer no me lo aseguraban. El neonatólogo dijo ‘Vamos a ver si se hace el milagro’ y ocurrió”, recordó su madre Dolly Medina López al repasar con profundo amor su primer encuentro con el segundo de sus hijos.

Emmanuel nació en el año 2000 con la condición de Síndrome de Down y desde entonces ha tenido que enfrentar numerosos quebrantos de salud. El más reciente comenzó hace poco más de dos años, al sufrir un fallo renal que alteró su vida por completo.

Dos meses antes del paso del huracán María por la isla, la actividad diaria y el apetito de Emmanuel se redujeron al mínimo, lo que alertó a sus familiares. “Él es muy activo, le gusta bailar, cantar y juega mucho baloncesto. Le encanta comer y de momento sucedió ese cambio”, describió Nilda González Rodríguez sobre su nieto Emmanuel.

Ya en el hospital, pruebas de laboratorio alertaron sobre su bajo nivel de hemoglobina y fue referido a un oncólogo pediátrico, ante la sospecha de un posible caso de leucemia. “Cuando escuché esa palabra, oncólogo, me derrumbe”, confesó la madre al recordar que tras ese diagnóstico descubrieron que el joven de 17 años entonces padecía fallo renal.

De inmediato comenzó a ser dializado. Incluso, durante los preparativos para el paso del potente huracán. “Y luego de María, que carecíamos de luz, agua y otros servicios, el reto fue mantener el tratamiento para mantener estable a Emmanuel”, agregó.

Semanas más tarde, el estudiante de la Escuela Ramón Marín de Ponce fue referido al Hospital Auxilio Mutuo y posteriormente al Hospital Pediátrico del Centro Médico de Río Piedras, donde la doctora Nilka de Jesús González, una especialista en nefrología pediátrica, ordenó que se pusiera a Emmanuel en la lista de candidatos para trasplante y en espera de un donante de riñón, lo único que podría dar un giro contundente a su decaída salud.

Mientras tanto, solo el tratamiento de diálisis parecía ser la alternativa para estabilizar su condición.

Ante las exigencias de su cuidado, Dolly -quien es secretaria de profesión- tuvo que solicitar una licencia sin sueldo para estar al pendiente de cada detalle en el diario vivir de su hijo.

“Lo más difícil para él fue ajustarse a una dieta muy rigurosa, hasta en la ingesta de agua. Luego, las citas médicas con distintos especialistas, ya que todos tenían que dar el visto bueno al momento de surgir el trasplante”, expresó su madre.

Y aunque el tiempo de espera por un donante la angustiaba, intentó mantener la apariencia de que todo estaba en orden, porque Emmanuel es un joven alerta e intuitivo.

“Muchas veces se hacía el dormido y cuando los doctores hablaban con nosotros él estaba escuchando y luego en la casa nos decía lo que el escuchaba de las conversaciones”, comentó el abuelo Augusto González Pérez, quien no se despega de Emmanuel.

Mas en medio de la desesperación por el tiempo transcurrido, recibieron la ansiada llamada. “Tenemos un riñón”.

Aunque el proceso dependía de que Emmanuel resultara compatible, toda la familia afirma que entonces otro milagro ocurrió.

Estas pruebas de compatibilidad se realizarían primero con los pacientes que figuraban antes que él en la lista de espera y, al final, solo Emmanuel superó el examen.

“Ese riñón no era para Emmanuel, y gracias a Dios resultó compatible”, recalcó el abuelo, quien se alterna con la madre para viajar con el joven a las citas médicas en el área metropolitana, las que en esta etapa son diarias.

Transcurrido un mes desde el proceso quirúrgico, la operación ha sido un éxito. Y aunque está bajo los cuidados de su madre y abuelos, Emmanuel ya ansía regresar a la escuela y lograr a la mayor brevedad un empleo en un supermercado, ya que según cuenta su abuela, cada vez que visita uno saluda a todos los que allí laboran y anuncia que pronto él también trabajará allí.

Mientras su anhelo se cumple, al menos su familia ya celebra el gran milagro de vida, ya que Emmanuel parece haberse convertido en el primer joven con Síndrome de Down trasplantado exitosamente en la isla.

Un regalo de amor

Solo esta noticia ha servido de bujía para que su familia y amigos se movilicen para sufragar el costoso tratamiento que el joven demanda para continuar su recuperación: uno que alcanza los dos mil dólares mensuales.

Para colmo, la cifra no incluye los viajes diarios que la familia debe realizar para su seguimiento en el Hospital Pediátrico de Río Piedras, ni los laboratorios que en esta primera etapa de recuperación debe completar.

Por eso, como destaca su abuelo Augusto, “han sido muchos los amigos, familiares, entidades sin fines de lucro y hasta las iglesias quienes han respondido al llamado”.

Para unirse a esta gesta y fomentar que Emmanuel retorne pronto a su aula escolar, sus allegados han establecido un fondo en la institución bancaria FirstBank. Con cada aportación a la cuenta numero 1240008946, además el adolescente tendrá más oportunidades para demostrar que es y seguirá siendo otro milagro de vida.

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