Se despide Rubén Colón Tarrats

Pocas veces en la vida los seres humanos lloran de alegría. Y a eso se dedica el maestro Rubén Colón Tarrats, cuya trayectoria comenzó en la histórica Ponce High, se pulió en la Universidad Interamericana de San Germán y se potenció en la Universidad de Temple en Philadelphia.

Colón Tarrats llora de alegría y provoca que otros lo hagan mediante la música, en una aportación exponencial que desafía todo cálculo y estadística, porque la emoción que generan las interpretaciones de las bandas y coros que ha dirigido no se puede cuantificar.

Ahora, a solo días de su retiro oficial de la Banda Municipal de Ponce y la Coral Polifónica, vienen a su mente mil y un instantes donde las lágrimas fueron testigos de alegrías. Y él fue el protagonista principal de esos momentos.

“Es que la música te mueve el sentimiento a unos niveles que nunca jamás esperas. Puedo decir que he dirigido coros y bandas y he sentido eso en mi ser, que el cuerpo se me eriza”, explicó el hombre que tomó hace diez años la batuta de la legendaria banda municipal.

“Es algo bien profundo y emocionante”, continuó.

Conspiración del destino

Todavía recuerda que su primera actividad como director de la Banda fue tocar en las exequias fúnebres del exalcalde Rafael Cordero Santiago.

“En 2003 Churumba me dice ¡vamos a hacer este proyecto, Rubén! Pues la muerte le sobrevino a Churumba en enero de 2004, y yo estaba ya nombrado en diciembre, y lo primero que hago como director de la Banda es tocar en las exequias de Churumba”, recordó tras respirar profundo.

Con Ponce en la sangre

De los siete hijos de Isaac Colón y Luz María Tarrats, el único que no nació en Ponce fue él.

Colón Tarrats nació en Nueva York en 1940, pero su familia regresó a Puerto Rico antes de que cumpliera un año, a la calle Victoria de Ponce. Y nadie le quita lo bailado como ponceño. Desde que aprendió a tocar piano y clarinete. Desde que aprendió canto con su voz de Bajo.

De hecho, es uno de los hijos predilectos de la ciudad rojinegra, habiendo aportado composiciones que reafirman el orgullo ponceño, como la obra “25 de enero”, en honor a los bomberos ponceños que desobedecieron a los militares para salvar la ciudad de una terrible explosión en 1899.

“Me llegó la encomienda para tocar el 25 de enero en el barrio Segundo para los bomberos porque se hace una actividad allí, y en menos de nada compuse una danza que se llama “25 de enero”, que fue bien emotivo porque es el barrio mío. El amigo Cordero había muerto en esos días”, relató.

Homenaje de altura

Se retira, aunque parcialmente, ya que debe concluir su compromiso contractual con la Pontificia Universidad Católica.

Ante su retiro como director de la Banda Municipal de Ponce y de la Coral Polifónica, se realizará un homenaje para agradecer su aportación el domingo, 10 de noviembre a las 4:00 de la tarde en el Teatro La Perla.

Siete coros, dirigidos por exdiscípulos, así como el Quinteto de Clarinetes y la Banda Municipal -de los que Colón Tarrats ha formado parte vital- le rendirán homenaje y el repertorio de cada uno se nutrirá de composiciones y arreglos del maestro.

Por ello, acudirán al Teatro los integrantes del Coro de la Universidad de Puerto Rico en Ponce, dirigido por la profesora Marilucy Rodríguez, junto al Coro de la Academia Cristo Rey, bajo la dirección de Alexander Rodríguez.

Asimismo, el Coro del Instituto de Música Juan Morel Campos y de la Universidad Interamericana de Ponce, ambos encabezados por Dennis Valdés-Brito Díaz.

Del mismo modo, estará el Coro de la Escuela Ponce High dirigido por Víctor Quiles, así como el Coro de la Pontificia Universidad Católica de Ponce que para este evento será capitaneado por el profesor Hugo Adames.

La Coral Municipal de Ponce será dirigida por sus directores asociados José Rafael Morales y Mayte Morales Frau.

El afiche conmemorativo es una obra del artista ponceño Wichie Torres. La Secretaría de Cultura del municipio de Ponce, informó que se unirán al homenaje otras instituciones y organizaciones.

Además de la obra “25 de enero”, no debe faltar su arreglo coral de “Lamento Borincano”, pieza que ha hecho vibrar  a miles, incluso en lugares tan lejanos como Buenos Aires.

“No encuentro que haya hecho nada más allá que no sea otra cosa que un obrero de la música que puso al servicio del pueblo y de mi gente el talento que Dios me dio para compartirlo”.

“Es lo que le digo a los muchachos, que el talento hay que compartirlo”, añadió al agradecer el aprecio que le tiene su pueblo por haber apreciado el talento que ha compartido. Aunque los haga llorar de alegría.