Cementerios de Ponce: rincones olvidados de historias fascinantes

Cementerio Católico de Ponce.

Foto suministrada

Todos, en mayor o menor grado, conservamos recuerdos de infancia imborrables.

En mi caso, recuerdo con claridad unos montículos de piedra que incesantemente llamaban mi atención, que se encontraban en La Vega de los Collazos, justo detrás del Colmado Collazo en el barrio Tibes de Ponce.

También recuerdo a mi tío abuelo Harry Collazo explicar qué eran y por qué estaban allí. Según sus relatos, eran tumbas, y permanecían allí porque en el año 1855 una epidemia de cólera afectó a todo Puerto Rico y Tibes no había sido la excepción.

Debido a la emergencia, agregó, los terrenos de La Vega se habían utilizado como cementerio.

Todo esto tío Harry lo conocía por la historia oral: relatos que años más tarde fueron confirmados en el libro La Hacienda Buena Vista 1833-1904, Estancia de frutos Menores, Fábrica de Harinas y Hacienda Cafetalera de Guillermo Baralt.

La publicación no solo muestra un listado de todas las personas muertas en cada barrio de Ponce a causa del cólera, sino que aparece el barrio Tibes.

Pre-coloniales

Para adentrarse un poco en la historia de los cementerios en Ponce, nos tenemos que transportar a 4,950 años antes de Cristo, aproximadamente. La época pre-colonial “indígena” de Puerto Rico.

Precisamente, de ese período datan los restos humanos más antiguos encontrados en Ponce y posiblemente en todo Puerto Rico. Este yacimiento conocido como Maruca, localizado en la salida de Ponce hacia Peñuelas, podría considerarse como uno de los primeros cementerios en Ponce y Puerto Rico.

Otros ejemplos con evidencia de zonas de cementerios pre-coloniales son los sitios del yacimiento Caracoles (600 a.c.), el Centro Ceremonial Indígena de Tibes (250 a.c.) y el yacimiento Jácana (1,200 d.c.), todos en Ponce.

Legado español

Durante la colonización española, los cementerios fueron pieza medular en la fundación de nuevos pueblos. La iglesia y la sede del cabildo (poder religioso y poder político) eran los ejes centrales desde los cuales se formaba un poblado.

Fueron los interiores de las iglesias y los terrenos a sus alrededores los primeros lugares utilizados como cementerios, ya que se consideraba estos espacios y tierras como lugares santos y sagrados.

No obstante, en el año 1784 y debido a la problemática de epidemias, enfermedades y fuerte hedor provocado por los cadáveres enterrados dentro de las iglesias, apareció la primera real orden dictada por el rey Carlos III, prohibiendo los enterramientos dentro de los recintos religiosos.

En Puerto Rico no fue hasta el año 1814 y a raíz de la Guerra de la Independencia Española, que se tomó la determinación de no realizar más enterramientos en iglesias o sus alrededores.

Es interesante mencionar que para esta época en San Juan se enterraban los difuntos en cuatro recintos religiosos: la Catedral de San Juan Bautista, la Iglesia San Francisco, la Iglesia San José y en el Convento de los Carmelitas en la calle del Cristo. El nuevo cementerio en San Juan fue bendecido un 27 de mayo de 1814 y bautizado con el nombre de Santa María Magdalena de Pazzi.

Los coloniales

En Ponce -y siguiendo la tradición europea de enterramientos- podríamos mencionar la Catedral Nuestra Señora de la Guadalupe y sus alrededores como posible lugar o zona de enterramientos humanos. Pero al igual que en San Juan, fue en 1814 que en Ponce se construyó el primer cementerio fuera de un recinto religioso.

Estaba localizado entre las calles Victoria, Méndez Vigo, Unión y Vives, lugar donde hoy se encuentra el Terminal de Carros Públicos Carlos Garay y lugar donde en el pasado ubicó el Antiguo Asilo de Mendigos.

Como evidencia de la existencia de este primer cementerio, aún contamos con un mapa del año 1818, el mapa más antiguo de Ponce, donde se precisa su ubicación, en la parte noroeste, a las afueras del poblado.

Para el año 1838, Ponce ya experimentaba un aumento notable en su economía, lo que por consecuencia provocó un aumento poblacional e ímpetu en la construcción de viviendas y edificios.

El Viejo Cementerio de la calle Unión, como se le conocía, estaba en ruinas y con sus muros territoriales derruídos. Además, por ser muy pequeño, no contaba con espacio para más enterramientos.

Por esta razón, el 5 de febrero de 1838, el señor síndico segundo, don Manuel de Jesús Toro, propuso ampliar el camposanto y no fue hasta dos años después, el 7 de enero de 1840, que el entonces alcalde, don Salvador de Vives, volvió a traer el urgente asunto.

Luego de múltiples gestiones e intercambio de cartas entre el gobierno central de Puerto Rico y el cabildo de Ponce, el 9 de noviembre de 1841 el arquitecto de la capital, Pedro García, recomendó realizar la obra, pero en vez de una ampliación del viejo cementerio, instruyó que se construyera uno nuevo en otro lugar.

Ese lugar fue la calle Simón de la Torre final.

En la Simón de la Torre 

Fue en el último cabildo del año (el 29 de diciembre de 1841) presidido por el alcalde primero presidente don Salvador de Vives, donde se discutió la ceremonia de la colocación de la primera piedra para este nuevo cementerio, que se localizó en los terrenos de la familia Orza, a los pies del cerro El Vigía.

Se acordó realizar el evento a las 5:00 de la tarde del 30 de diciembre de 1841, durante la actividad estuvieron presentes las autoridades de la municipalidad y vecinos del pueblo, y la instalación fue finalmente completada en el año 1842.

Como dato curioso, este mismo cabildo estableció que los familiares de la primera persona en morir en Ponce después de inaugurado el cementerio no tendrían que pagar por la utilización del mismo.

La inauguración y apertura al público del cementerio ocurrió el 14 de junio de 1843. Ese mismo día, murió don Juan Rondón, alcalde de Ponce para la fecha y propulsor de su construcción. Por lo tanto, se convirtió en la primera persona en ser enterrada en el cementerio al final de la calle De la Torre.

El Católico y Civil 

Al igual que sucedió en el año 1838, el crecimiento poblacional de Ponce forzó la construcción de más cementerios. Por eso, en diez cuerdas adquiridas por los padres Paúles al señor José Irizarry se construyó el Cementerio Católico San Vicente de Paul.

Situado en el barrio Canas, al oeste de Ponce y a dos kilómetros del centro de la ciudad, fue bendecido e inaugurado el 15 de agosto de 1901.

Tres años después (1904) y por la necesidad de tener un lugar para enterrar a las personas que no profesaban la fe católica, se construyó el Cementerio Civil de Ponce en terrenos contiguos al Cementerio Católico. Los planos para este nuevo camposanto fueron diseñados por el arquitecto Manuel Domenech Ferrer, también gestor de la Casa Armstrong Poventud.

El doctor y catedrático de Arte y Humanidades, José María Álvarez Cervela, ha descrito sobre ambas instalaciones que “A diferencia del cementerio del Viejo San Juan, en ambos cementerios ponceños (católico y civil), predomina lo arquitectónico sobre lo escultórico”.

“En el Católico se observa mucha riqueza ornamental-decorativa y contiene los mejores ejemplos de panteones y mausoleos de toda la isla. Mientras que el Civil es un cementerio más íntimo-idealista que conmueve profundamente al que lo visita”.

Nuestros cementerios esconden muchas historias fascinantes y personajes que han dejado huella imborrable en la historia de Ponce y Puerto Rico. Por eso Isla Caribe invita al recorrido especial “Ruta de los Cementerios Históricos de Ponce”, a efectuarse este domingo, 3 de noviembre.

El mismo comenzará frente la tienda Utopía en la Plaza Las Delicias de Ponce a las 9:00 de la mañana y se extenderá por aproximadamente cuatro horas.

Para detalles y separar su espacio llame al 939-265-5691 o acceda a www.islacaribepr.com.