Celebra la barriada Bélgica a sus hijos centenarios

Junto a estas líneas, algunos de los voluntarios de la organización comunitaria y homenajeados en el próximo festival. Son ellos, Nilda Rodríguez, Carmen y Héctor Burgos, Tata Pacheco y Celsalina Guzmán.

Foto: Florentino Velázquez

Aunque el origen de su nombre pueda resultar enigmático, sus hijos han trascendido nuestras murallas para batear cuadrangulares y enaltecer recónditos escenarios con la savia de sus raíces.

En un costado del centro urbano de Ponce, en su barrio Cuarto, yace la emblemática barriada Bélgica, cuna e inspiración de leyendas de todas las vertientes de cultura puertorriqueña: figuras que han bañado de orgullo patrio a la isla, tan lejos como la homónima nación europea.

Los nombres de sus hijos, nietos, biznietos o visitantes habituales trascienden el paso del tiempo, mientras sus habitantes, presentes y ausentes, llevan en el corazón a ese pequeño rincón ponceño que dio vida a figuras como Cheo Feliciano y Ruth Fernández, y hasta fue inspiración para glorias del hemisferio como Héctor Lavoe.

En honor a su magia y legado, este fin de semana del Día de Acción de Gracias, la presidenta de la organización comunitaria Los Hijos de Bélgica, Josefina “Tata” Pacheco Benvenutti, y su junta de directores rinden homenaje a dos insignes productos de esta barriada que hace un siglo vibró energéticamente y contó con dos cines, cuatro farmacias y varios supermercados.

“Para mí, es un honor haber sido uno de los hijos de Bélgica”, confesó el exrepresenante del Partido Popular Democrático por el Distrito 24 de Ponce, Roberto Cruz García, quien sirvió en la Legislatura entre los años 1988 y 2008.

“Los que estamos abajo, podemos”, añadió.

“Aquello era un arrabal”, dijo por su parte el retirado ingeniero eléctrico de la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE), Héctor A. Pereles Vélez, autor de varios libros, incluyendo Bélgica del ayer, de hoy y de siempre y homenajeado este año junto a Cruz García.

Muy lejos de su descripción, Pereles Vélez se refería al origen humilde de su comunidad, desde la que logró su título universitario en el Colegio de Agrimensura y Artes Mecánicas, hoy conocido como el Recinto de Mayagüez de la Universidad de Puerto Rico, mientras su padre líder sindicalista organizaba uniones obreras y su madre empleada doméstica luchaban por criarlo a él y a once hermanos en un hogar constantemente amenazado por las crecidas aguas del río Portugués.

“Era famoso que las inundaciones se llevaran a medio barrio”, añadió quien laboró por 37 años en la AEE, sus últimos 15 como supervisor de producción y mantenimiento de las plantas hidroeléctricas. “Eso era trabajo de sacar fango”, explicó sobre las inundaciones a las que sobrevivió en su adolescencia en Bélgica y que en una ocasión le arrebataron una medalla obtenida como estudiante de honor sobresaliente en Matemáticas.

Mucho más que celebrar

Pacheco Benvenutti destacó además que su junta de directores dedicará este año su actividad anual a otros 25 miembros nonagenarios y centenarios de Bélgica.

Entre estos resaltan doña Antonia Gaudinau Maubert, de 102 años de edad, quien vive en Bélgica desde que tenía seis y crió ochos hijos pilando café, planchando y lavando ropa, mientras su esposo navegaba una lancha entre el puerto de Ponce y el islote Caja de Muerto.

“Me siento bien feliz, porque nunca me habían hecho nada”, comentó sobre el homenaje, tras recordar que le sobreviven dos varones de 62 y 63 años de edad y dos hijas de 67 y 69, así como un número de nietos que le resultó imposible calcular.

“Cojiando, pero camino”, explicó sobre su centenario estado de salud con impresionante lucidez, vibrante entusiasmo y aplomo, tras precisar que su hija le cocina a diario por temor a que se pueda quemar preparando alimentos para ella y su hijo expolicía de 63 años de edad, quien reside con ella. “Él es el que me acompaña, después de Dios”.

“Vivo bien enamorada de mi país”, afirmó por su parte Pacheco Benvenutti, la entusiasta líder comunitaria que junto a la organización recauda fondos a través del año mediante actividades que les permiten conmemorar durante tres días con música, ferias de salud y quioscos a los nacidos de Bélgica que han trascendido su origen y los enorgullecen.

La centenaria Eusebia Rodríguez es una de numerosas figuras que han colmado de orgullo a esta histórica comunidad ponceña. La acompaña su hija Magdalena Archeval.