Casa Pueblo y la fuerza transformadora de la fraternidad

En el barrio Vegas de Adjuntas, los esposos Reinaldo Pérez y María Batista celebraron su liberación de la esclavitud energética.

Foto Periodico La Perla

Justo un año atrás, el presente y futuro de María Melania Medina Mejías, de 44 años de edad, lucía sombrío. Su vida dependía de un régimen diario de diálisis que se extendía por 11 horas y media al día en su hogar de cemento, madera y cinc del sector El Hoyo en el barrio Ballajá de Adjuntas.

Pero como todos en el pueblo, carecía de electricidad a causa de la devastación provocada por el huracán María.

Al mismo tiempo, María Milagros Ramos Rivera, una ama de casa de 73 años de edad, sufría con agonía las dificultades para acceder al combustible que necesitaba para operar por par de horas al día un pequeño generador eléctrico: su único salvavidas para encender la máquina de terapia respiratoria y mantener refrigerada la insulina de su esposo encamado de 75 años, Luis Aníbal Cuevas Rosado.

En el barrio Tanamá, Elena Rivera de Jesús, de 72 años, también hacía malabares económicos para mantener cuanto tiempo fuera posible el generador eléctrico con el que operaba la cama de posiciones y la máquina de terapias respiratorias de su esposo de 84 años, Martín Mariano Ramos González, quien 27 años atrás sufrió un infarto y tiempo después fue amputado de ambas piernas debido a los daños de una diabetes severa.

Por fortuna, dos de los recursos más subutilizados en Puerto Rico -el sol y la solidaridad- salieron al rescate de estas tres madres de familia.

Como explicó Rebecca Rodríguez Banchs, oficial de enlace comunitario de Casa Pueblo, tanto ellas como decenas de familias más recibieron desde generadores eléctricos que se energizan con el sol, hasta neveras solares y sistemas fotovoltaicos para electrificar viviendas enteras, gracias a la visión de la organización comunitaria adjunteña y los donativos de miles de personas en el exterior, incluyendo boricuas.

Arturo Massol Deyá, director asociado de Casa Pueblo, indicó que los esfuerzos fueron impulsados por la contundente respuesta humanitaria y el reclamo para que la montaña se beneficiara del “modelo de Casa Pueblo, que nos dio resiliencia de verdad”.

“Estamos en la insurrección energética”, agregó Massol Deyá. “Les estamos ayudando a ser productores de su propia energía, en vez de ser consumidores”.

Señaló que en menos de un año han desarrollado sobre 100 de estos proyectos, incluyendo la repartición de 55 neveras solares en todos los barrios de Adjuntas, para conservar los medicamentos que requieren refrigeración y crear múltiples oasis energéticos en comunidades apartadas del centro urbano adjunteño.

Entretanto, Casa Pueblo avanza en la creación de sus primeros 30 “Cucubanos”, como bautizó el concepto de casas completamente energizadas por paneles solares en barrios como Tanamá, Guilarte, Vegas Abajo, El Lago y La Olimpia.

El plan ha incluido electrificar con el sol a dos ferreterías, dos restaurantes y cinco colmados adjunteños localizados estratégicamente en diversos sectores del pueblo para mantener activa la economía local y su respuesta a cientos de familias de la ruralía, por lo que en el próximo evento miles tendrán cerca dónde adquirir alimentos frescos, refrigerar sus medicamentos y recargar sus equipos electrónicos.

Uno de esos comercios fue la tienda de pinturas y artículos livianos de ferretería Ferri Auto, mejor conocida como “La Tienda de Papún” en el casco urbano de Adjuntas. Sergio Acevedo Torres, hijo del propietario, dijo que aún es prematuro calcular cuánto se están economizando en la factura eléctrica, pero aclaró que el sistema ya les permite operar más de siete horas continuas de forma autónoma en días soleados.

“Ha sido de gran bendición para nuestro negocio”, expresó el hombre de 50 años de edad, quien desde los ocho ayudaba a su padre del mismo nombre en una cafetería que poco a poco se transformó hacia la venta de piezas automotrices y artículos livianos de ferretería.

Explicó que en los tres meses posteriores al huracán María, cuando estuvieron sin electricidad hasta la víspera de la Nochebuena, “nos alumbrábamos con un ‘flashlight’. Buscábamos las cosas que sabíamos dónde estaban, pero no las encontrábamos por la oscuridad”.

Acevedo Torres señaló además que, a tono con los principios de Casa Pueblo, comparten la economía lograda con sus clientes. “Somos lo más justo posible con la gente de nuestro pueblo con los precios más cómodos. Estamos bien agradecidos a Casa Pueblo. De verdad que han hecho un servicio excelente con nuestro pueblo”.

“Ha sido un beneficio muy bueno”, expresó por su parte Rivera de Jesús, la abnegada esposa de don Martín Mariano, en cuya residencia del barrio Tanamá falla el servicio eléctrico frecuentemente. “Me habían prestado una planta, pero se gasta mucho en gasolina. Ahora se infla el ‘matress’ de él con la plaquita y le puedo dar las terapias”.

Más allá del Gigante Dormido

Pero las aportaciones de la poderosa alianza entre Casa Pueblo, la diáspora y organizaciones filantrópicas no se limitaron a la tierra adjunteña.

Como recordó Massol Deyá, los donativos sirvieron para repartir 14 mil lámparas solares entre Adjuntas, Lares, Loíza, Salinas, Utuado y Vieques: una aportación que significó muchísimo para personas solitarias de edad avanzada y núcleos que ansiaban rescatar sus reuniones familiares nocturnas.

Cuantificar el costo de toda esta operación, añadió, es difícil porque más de medio centenar de personas trabajaron y siguen laborando voluntariamente en la insurrección energética de la montaña. Aun así, el saldo ha sido extraordinario y contagioso.

“Nosotros seguimos nuestros corazones y sentidos de urgencia”, afirmó Massol Deyá. “Y se hizo con menos del sueldo de Natalie Jaresko (de $625 mil anuales)”.

“Estamos apuntando al presente y futuro con fuentes endógenas de energía renovable”, agregó en referencia al sol, el viento, la biomasa y el agua, activos capaces de frenar la fuga del país de millones de dólares ganados por familias puertorriqueñas y capaces de cuajar un país auténticamente resiliente.

“Les estamos ayudando a ser productores de su propia energía, en vez de ser consumidores” expresó Arturo Massol Deyá. (Foto: La Perla del Sur)