Cáncer y arsénico: afloran a dos décadas de la quema de carbón en Puerto Rico

En el pozo de monitoreo Número 5 se detectó el pasado 27 de octubre el doble de la concentración de arsénico que la agencia federal establece como “seguro” en cuerpos de agua.

Foto archivo: Leandro Fabrizi

Cuando el doctor Gerson Jiménez Castañón observó la última hoja del informe del Registro de Cáncer y terminó sus cómputos, se detuvo y cubrió su rostro con las manos.

“En los 42 años que llevo trabajando aquí esto no se había observado”, puntualizó el internista y director médico del Hospital General Menonita en Guayama.

Por un lado, el galeno había detectado que los diagnósticos de cáncer entre los habitantes de ese municipio se dispararon 64 por ciento durante los años 2000 y 2014.

Asimismo, encontró que entre el 2019 y 2020 más del ocho por ciento de los tejidos que se extrajeron a pacientes en su hospital arrojaron resultados positivos a cáncer: una tasa cuatro veces más alta que la reportada habitualmente por los centros médicos del país.

Y aunque reconoció la inexistencia de un estudio epidemiológico que explique por qué tal cantidad de personas engrosan las estadísticas de cáncer en Guayama, el doctor Jiménez Castañón tiene sospechas.

Como expuso la semana pasada en conferencia con el Colegio de Químicos de Puerto Rico, la incidencia de cáncer en esa localidad se catapultó a partir del año 2010, ocho años después del establecimiento de la carbonera AES.

Desde noviembre del 2002, la central eléctrica ha quemado sobre 45 millones de toneladas de carbón mineral en su solar industrial de Guayama y ha generado cerca de 4.5 millones de toneladas de cenizas de carbón. Un millón de ellas permanece enterrada solo en este municipio, desde el año 2005.

El desecho grisáceo, un polvo fino soluble en agua y capaz de desplazarse con el viento, contiene metales pesados como arsénico, cromo, cadmio y mercurio, además de otros elementos como talio, litio y molibdeno. Tanto individual como colectivamente, pueden contaminar ecosistemas y generar efectos tóxicos en humanos.

A pesar de la renuencia de agencias locales y federales a evaluar el deterioro en la salud de miles de residentes en la zona, como reclaman colectivos ambientales y comunidades próximas a la carbonera, hace 14 años la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos (EPA en inglés) determinó que quien resida cerca de depósitos de cenizas tiene una probabilidad de 1 en 50 de contraer cáncer por beber agua contaminada con arsénico.

El estudio preliminar titulado 2007 Human and Ecological Risk Assessment of Coal Combustion Wastes tomó años en completarse y evaluó 181 lugares en los Estados Unidos donde existen depósitos y lagunas con cenizas de carbón.

Hasta julio del 2020, AES acumulaba en su solar industrial 118 mil toneladas de residuos en una montaña cuya huella cubría siete cuerdas de extensión y se elevaba a 49 pies de altura. La montaña llegó a tener 120 pies de alto y 492 mil toneladas de cenizas en julio de 2019.

Nuevo protagonista en el acuífero

Sobre sus efectos, AES Puerto Rico ha colocado en su portal web -sin la prominencia de sus campañas publicitarias- los resultados del más reciente análisis químico sobre la calidad del acuífero ubicado bajo su vertedero industrial de cenizas.

La prueba, requerida por la EPA desde el 2016, detalla que en el pozo de monitoreo Número 5 se detectó el pasado 27 de octubre el doble de la concentración de arsénico que la agencia federal establece como “seguro” en cuerpos de agua. El pozo ubica al borde sureste del depósito de cenizas.

La lectura de 0.022 miligramos por litro de arsénico -de un límite máximo de 0.010- no es la primera que rebasa el tope tolerado por la EPA. El 23 de septiembre de 2019 otra muestra del mismo pozo violó el margen de seguridad permitido para este metal pesado, con lectura de 0.015 miligramos por litro.

Ambos incumplimientos, sin embargo, no han sido señalados por oficiales de la EPA, ni tenido consecuencias.

“El arsénico”, advirtió Jiménez Castañón, “aparece en todos los libros de Medicina. Puede dañar el hígado, los riñones, el sistema vascular y respiratorio y se sabe que es cancerígeno y teratogénico. O sea, que es una sustancia capaz de provocar malformaciones o defectos congénitos durante embarazos, como los que se han identificado en Arroyo Barril. El arsénico tiene esa propiedad”.

El análisis de calidad del agua subterránea también detectó saltos significativos en la concentración de litio. En el pozo de monitoreo Número 4, colindante al depósito, se registraron incrementos de 0.96 y 1.1 miligramos por litro, 27 veces más del máximo delimitado por la EPA.

En el examen del 2019, el agua de ese pozo ya contenía 0.42 miligramos por litro de litio, lo que apunta a un incremento de 161 por ciento de un año a otro.

En los dos estudios de calidad de agua subterránea previos, las lecturas confirmaron además que elementos como el selenio y molibdeno igualmente se desplazaron desde la montaña de cenizas de AES hasta el acuífero de la zona, en concentraciones que exceden los parámetros de seguridad.

La ingesta de estos químicos ha sido asociada a casos de inflamación de la piel, dolores agudos, disfunción hepática y muerte por envenenamiento, afirma la Agencia para Sustancias Tóxicas del Departamento de Salud federal.

Solo el selenio, un elemento rápidamente absorbido por los intestinos, puede causar problemas neurológicos, parálisis y muerte cuando se ingiere en altas cantidades, ha advertido por su parte la organización Médicos para la Responsabilidad Social (PSR en inglés).

Aunque el acuífero dañado por AES no es utilizado como fuente de agua potable, entre los años 2004 y 2011 sobre dos millones de toneladas de sus cenizas de carbón fueron empleadas como relleno para la construcción de carreteras, urbanizaciones y centros comerciales próximos a pozos de Guayama, Salinas, Arroyo, Santa Isabel y Coamo, municipios que se nutren del Acuífero del Sur.

El desecho tóxico también fue dispuesto en otros siete municipios del país, entre ellos, Dorado, San Juan, Toa Alta y Caguas, reconoció la compañía en el 2011.

Para ese propósito, AES contó con el aval de la Junta de Calidad Ambiental y el gobierno de Puerto Rico.

El remedio: esperar

Tras reconocer los hallazgos del análisis de calidad de agua, la directora de la EPA en el Caribe, Carmen Guerrero Pérez, planteó que ahora le corresponde a su agencia esperar por pruebas adicionales que corroboren las nuevas lecturas de metales pesados y porque AES implemente el plan de acción correctiva que eligió para “remediar” la contaminación que provocó con el litio, selenio y molibdeno de sus cenizas.

El 1 de junio de 2020, la empresa determinó que instalará un revestimiento sintético o liner en las siete cuerdas de terreno donde almacena sus cenizas para que sirva como barrera o freno de sus contaminantes.

Asimismo, reveló que empleará el método de Atenuación Natural Monitoreada para que la naturaleza misma se haga cargo de la limpieza de los tóxicos.

Según ha advertido el doctor en Química y asesor en Puerto Rico para la Administración Federal de Drogas y Alimentos, Osvaldo Rosario López, este último remedio requerirá “el paso de decenas o hasta cientos de años para que naturalmente se vaya limpiando”.

“Es un engaño llegar a pensar que ellos puedan regenerar ese acuífero”, subrayó anteriormente a La Perla del Sur. “Lo más que pueden hacer es remover las cenizas de la superficie para que no se siga contaminando, pero ya el pozo está inservible”.

Sobre el proyecto para la instalación del liner o revestimiento sintético, el consultor ambiental de AES, Alberto Meléndez, ha descrito que la empresa espera este año recibir todos los permisos y aprobaciones, aunque ese plazo podría variar debido a demoras en las agencias reguladoras, problemas relacionados a la pandemia, la disponibilidad del contratista y la logística de exportación de cenizas.

Esta última sufrió otro revés el pasado 22 de marzo, cuando una barcaza que transportaba 12 mil toneladas hasta el puerto de Keystone Properties en Jacksonville, Florida, encalló en una zona rocosa cercana a la entrada del canal de navegación de la ciudad, como publicó en primicia La Perla del Sur.

Al cierre de esta edición, la barcaza Bridgeport permanecía varada a una milla de la costa de Atlantic Beach con daños en su casco, mientras equipos de rescate intentaban aligerar su peso extrayendo del interior toneladas de cenizas de AES y miles de galones agua de mar contaminada.

Las tareas se han detenido en numerosas ocasiones debido al deterioro de las condiciones marítimas.

Pesadilla en camino

Por otro lado, un informe de la compañía de consultoría Haley Aldrich establece que la instalación de un liner aislante en el solar industrial de AES en Guayama requeriría que se remueva “la mitad” del montículo de cenizas existente, para en el mismo lugar extraer entre cuatro a seis pies de corteza terrestre, colocar material de relleno y ubicar sobre el mismo la primera sección de una geomembrana o revestimiento sintético.

Terminada esa fase, el cúmulo de cenizas se trasladaría con equipo pesado a la barrera recién instalada y se procedería a repetir el proceso en el espacio restante: un trámite que requerirá una estricta operación de seguridad para evitar que nubes tóxicas de polvo fugitivo migren hasta comunidades cercanas y densamente pobladas como Miramar, Santa Ana, San Martín, Puente de Jobos, Mosquito y San Felipe.

La preocupación, advertida por la agrupación Diálogo Ambiental en una solicitud al Departamento de Desarrollo Económico para que revoque el permiso de construcción, no es alarmista ni caprichosa.

El 8 de junio de 2020, Guerrero Pérez notificó por escrito al presidente de AES Puerto Rico, Jesús Ignacio Bolinaga Serfaty, los hallazgos de inspecciones realizadas por técnicos de la EPA entre los años 2019 y 2020, donde se identificaron 38 violaciones a leyes y reglamentos ambientales federales.

“Entre ellas, los inspectores encontraron que las medidas de control de polvo fugitivo en AES no estaban reduciendo ni eliminado esas emisiones”, puntualizó la más alta funcionaria de la EPA en la isla. “Encontramos que hay varios sprinklers que no estaban funcionando y muchas de las mejores prácticas que se requieren no se estaban implementando en ese momento”.

Estas inspecciones, agregó Guerrero Pérez, se realizaron luego de que La Perla del Sur difundiera varios vídeos por redes sociales sobre derrames de cenizas en las correas de transporte o conveyors de AES e imágenes donde se aprecia la migración de nubes de cenizas en el puerto Las Mareas, mientras se cargan buques y barcazas con el material.

Asimismo, luego de que vecinos del área radicaran querellas ante la agencia federal.

“Los inspectores encontraron que las medidas de control de polvo fugitivo en AES no estaban reduciendo ni eliminado esas emisiones”, declaró a La Perla del Sur la directora de la EPA en
la Región del Caribe, Carmen Guerrero Pérez.