Benito de Jesús y su legado: brisa suave para el corazón de los pueblos

Don Benito de Jesús tiene el toque justo, el don intuitivo, para impactar el corazón de los pueblos, para crear obras grandes con palabras pequeñas. En esta foto de archivo Benito de Jesús acompaña a Quique Ayoroa Santaliz y a Fernandito Álvarez, primera voz y director del Trío Vegabajeño.

Foto archivo

“Como gotitas de agua que van cayendo del llanto de una nube que va pasando…”

Don Benito de Jesús

Bolero “De Rodillas”

Al Árbol de Guernica, “Gernikako Arbola”, símbolo de la unidad del pueblo vasco, al igual que la ciudad donde radica, en el País Vasco, bombardeado y quemado el 26 de abril de 1937 por la aviación de la bárbara Legión Cóndor Nazi.

“Son los aires frescos, los aires frescos de las navidades”.

En el recuerdo de mi infancia y juventud en el pueblo de Isabela y recién llegado a Ponce, el Trío Vegabajeño, especialmente con dos canciones de la autoría de don Benito de Jesús, eran el heraldo de la llegada de Navidad.

Aquellos cantares se nos infiltraban por las venas como si fueran sueros de júbilo que iban directos al corazón.

El pueblo puertorriqueño había rebautizado ambas canciones con nombres diferentes a sus títulos, extraídos de sus letras. Una de ellas se titula realmente Brisas de Navidad, pero mi pueblo la llamaba El Murmullo.

Es la letra con la que encabezo este escrito, canción que me transporta a mi casa de Isabela, frente a la plaza de recreo, en la hoy llamada Avenida Noel Estrada, en la misma acera y cerca del Teatro Rafols, donde viví cuatro de mis primeros cinco años.

La otra canción de don Beno y del Trío Vegabajeño, también heraldo de que la Navidad llegaba, se titula realmente Cantares de Navidad, pero nuestro pueblo la rebautizó El Ramillete, por uno de sus coros, que repite: “traigo un ramillete, traigo un ramillete, de un lindo rosal, un año que viene y otro que se va”.

En esta época, en estos días, el cielo muestra una luz particularmente transparente, cautivadora, y en ninguna otra época del año es tan evidente “el azul del cielo” del triángulo de nuestra bandera, como lo describió su creador, el manatieño don Antonio Vélez Alvarado.

Don Benito de Jesús tiene el toque justo, el don intuitivo, para impactar el corazón de los pueblos, para crear obras grandes con palabras pequeñas.

Jamás soñé entonces que iba a llegar el día en que don Beno me llamaría: “¡mi hijo querido!”. Benito, su hijo, mi hermano, es elocuente testigo de ello, hasta el punto en que me concedieron un muy triste honor al pedirme que despidiera su duelo en el Cementerio de Barceloneta, llegada su muerte física, el 24 de junio de 2010.

Mi esposa, Rocío Vanegas y yo, somos testigos de la vigencia que todavía hoy tiene parte de su obra en Colombia.

El pianista y cantante colombiano Alci Acosta, por ejemplo, tiene en su repertorio fijo el tango de don Beno titulado La Copa Rota, con cuya canción cierra todos sus conciertos, a tal punto que en Colombia el común de la gente cree que Alci es el autor de la obra.

A partir del año 2016, Rocío y este servidor vivimos en Bogotá, en un apartamento de su propiedad, un año y nueve meses. Estando allí nos vinieron a visitar Benito de Jesús, hijo, junto a su esposa, Magaly Carrasquillo, con la feliz coincidencia que Alci estaba presentando un concierto en el Teatro Jorge Eliécer Gaitán de esa ciudad.

Desde luego, fuimos a disfrutar del mismo.

Como es su costumbre, aquella noche Alci reservó La Copa Rota, como canción final para el cierre del espectáculo. Cuando llegó ese momento, el público presente que llenaba la sala, se puso de pie y la cantó a coro, a todo pulmón, acompañándole. ¡Impresionante experiencia!

Cuento esta única historia porque la viví personalmente, pero podría contar muchas más. Por ejemplo, que al famoso cantor ecuatoriano Julio Jaramillo se le llama “Míster Juramento” en todos los países de habla hispana, por su maestría y recurrencia en la interpretación de esta canción de don Beno.

De hecho, a la canción Nuestro Juramento se le considera “un segundo himno nacional”, literalmente eso, en su país, Ecuador.

También el mexicano Vicente Fernández le grabó Nuestro Juramento y el bolero Sigamos Pecando.

También grabaron Nuestro Juramento, en distintos momentos, Leonardo Favio, Tania Libertad, Juanes, el entonces juvenil Charlie Zaa y hasta el brasileño Altemar Dutra de Oliveira la grabó en portugués.

Desde hace años en Internet también hay un vídeo donde un cantante bonaerense ya fallecido, hermano del famoso Jairo y llamado profesionalmente “El Pelusa de Buenos Aires” (también a Maradona le llamaban “Pelusa”) realiza un concierto ante una inmensa multitud, en un enorme estadio de fútbol. Desde que se va acercando a la tarima, la multitud comienza a corear a viva voz: “¡La Copa Rota, La Copa Rota!”.

A renglón seguido, la misma multitud la canta al unísono con El Pelusa. Quien lo ve, casi no puede creer.

En cuanto a la vigencia, una de las grabaciones de Nuestro Juramento que más regalías le ha producido al compositor, curiosamente, fue la de Charlie Zaa, quien era un muchachito cuando la grabó.

Igualmente curioso, por llamarlo de algún modo, es el caso de la cantante española Pasión Vega, bella mujer y excelente cantante nacida en el año 1976. Uno de sus grandes éxitos musicales, con el que va por el mundo de habla hispana, es la Copa Rota de nuestro don Beno, para beneplácito de sus audiencias.

Uno de los últimos homenajes que se le hizo en vida a don Beno, ya muy próxima su muerte, fue en Ponce, concretamente en el teatro del Centro Tabaiba de Sor Isolina Ferré. Lo organizó el doctor Alexis Echevarría Echevarría, fisiatra ponceño.

Don Beno vino acompañado de su inseparable hijo, Benito, en un sillón ortopédico, ya deteriorado por el paso de los años, con gran esfuerzo, pero no le falló a Ponce. Vino a darle su abrazo postrero.

El murmullo de la agradable brisa suave que nos está acariciando estos días me recuerda a don Beno, me trasporta a mi infancia y temprana juventud en Isabela, donde quedó mi ombligo enterrado. Igualmente, a mis primeros años de universitario hospedado en la urbanización Villa Grillasca, comienzo de mi romance con esta querida ciudad de Ponce, tiempo especialmente hermoso.

Gloria al murmullo de esta brisa suave, “son los aires frescos de las navidades”.