Arturo Sabater y la Sinfónica: pilares del renacer musical ponceño

Foto de Arturo Sabater. Cortesía de Jorge Sánchez Sabater.

Nota de Redacción: El siguiente artículo es uno de varios apuntes históricos recopilados por el fundador de Casa Paoli “para combatir el olvido” y conmemorar el 42 aniversario de la emblemática Casa Museo.

A pesar del descalabro económico mundial que significó para muchos la Gran Depresión de 1929, Puerto Rico mantuvo en pie su gran tradición musical.

En esa época, muchos musicólogos puertorriqueños organizaron diversos grupos, bandas y orquestas. Ponce no se quedó atrás y contribuyó de manera significativa al desarrollo de la historia musical del país.

Por eso, la música siguió de ronda. Nacieron nuevos géneros y la plena se vistió de gala.

Arturo Sabater

Arturo Sabater fue uno de esos titanes que no se dejó amilanar por los problemas sociales. Era barbero, maestro de música, intérprete de varios instrumentos y fundador y director de orquestas. Nació en Ponce el 14 de noviembre de 1877 y murió en Ensenada, Guánica el 5 de marzo de 1946.

En abril de 1918 participó en la asamblea donde se creó la Sociedad Musical Juan Morel Campos. La misma se llevó a cabo en el salón de actos del Taller Benéfico de Ponce.

Fue un gran músico puertorriqueño del que se tiene muy poca información. En el censo de 1920 y a sus 40 años, Sabater vivía con su suegra en la calle Guadalupe número 36 en Ponce y con su esposa, Elvira Palau Moler quien tenía 29 años y era costurera.

En 1920, Sabater organizó con Hipólito Usera la Orquesta Americana y en 1927 ya había fundado una orquesta integrada por reputados profesores de música de Ponce, muy conocida en ese tiempo de nombre Los Muchachos del Sur.

En 1929 le invitaron a formar parte de la Orquesta Sinfónica de Ponce que   fundó y dirigió el maestro Arturo Pasarell: una de las mejores orquestas sinfónicas que tuvo el país.

Entre sus músicos también figuraban Domingo Cruz (Cocolia), Lolita Tizol, Mercedes Arias, Julio Alvarado, Jaime Pericás Díaz, Tomás Clavell, Hipólito Usera, Emilio Alvarado, Rafael Franco, Roberto y Pedro Moler.

En mayo de ese mismo año fundó una academia de música en los salones de la Logia Faro de la Marina de La Playa de Ponce, donde era muy querido.

En 1942, durante la Segunda Guerra Mundial, vivió en la calle Tricoche número 53, tenía 63 años de edad y era maestro de música.

Después de ejercer por 20 años el magisterio en una escuela pública de Ensenada, se retiró en 1945. Al año siguiente murió de cáncer.

Sinfónica en plena Depresión

La Orquesta Sinfónica de Ponce fue organizada por otro connotado maestro, Arturo Pasarell, entre 1928 y 1929.

La adquisición de los instrumentos para sus 40 profesores estuvo a cargo de un grupo de ciudadanos que donaron los fondos para su compra.

Después de Ponce, su primer gran concierto se ofreció en el teatro-cine Ideal de Yauco, escenario en el que público diverso apreció sus grandes méritos.

Su coordinación estuvo a cargo del eminente director Domingo Cruz, quien estaba de paso por Ponce después de un largo viaje por España donde vivió sus últimos años. Al proyecto se unieron Arturo y Eduardo Pasarell, Emilio Bacó Pasarell y un grupo de amigos de Yauco.

En el Pueblo del Café, el repertorio incluyó las obras de Nabucodonosor, Overtura de G. Verdi; Andantino, Melodía de E. H. Lemare; Les Romani, allegro from the suite Gitanilla de P. Lacome y Chant sans Parole de R. Friml; la Gran Fantasía Madame Butterfly y la Segunda Rapsodia Húngara de Frank Liszt.

Esta última conquistó una ovación tan prolongada que hubo que repetirla y, como un obsequio a Yauco, la Sinfónica dejó oír la danza Laura y Georgina de Juan Morel Campos.

Tiempo después, la orquesta visitó las ciudades de San Germán y tocó en el teatro-cine Bernardini de Guayama.

En julio de 1929, el director de La Porto Rico Radio Corporation, J. Agusty, transmitió a todo el país desde el teatro Broadway de Ponce el concierto que la Orquesta Sinfónica de Ponce tuvo pautado en esa fecha.

Renacimiento musical

En 1929, Ponce era todo música.

Julio Alvarado, compositor, guitarrista y director de orquestas de la época, dirigía la Banda Municipal de Ponce. En su repertorio incluía piezas de Souza, F. von Suppe, M, Matamoros, Dvorak, Jaime Pericás y Health.

Para esa época, un joven violinista ponceño llamado Juan Meléndez Almodóvar ganó una medalla de oro en la Scala de Milán, y el maestro Roberto Morel Carvajal dirigía la orquesta de Estudiantes Ponceños.

La plena estaba de moda y el jazz hacia estragos.

También, en esa época, las Fiestas de Cruz estaban muy arraigadas en el pueblo. Los músicos más destacados de Ponce se unían al grupo de artistas que tradicionalmente participaban en estas fiestas folclóricas y diseñaban un altar artístico en donde se escuchaba música selecta y cánticos que llenaban el alma de las más gratas añoranzas.

Además, la participación de nuestros músicos siempre era apreciada y respetada por las compañías artísticas que visitaban nuestras playas.

En la mayoría de los casos, solo venían acompañadas de reputados directores, quienes traían en sus baúles las partituras de las obras musicales que se pondrían en escena. En otras ocasiones, utilizaban a las orquestas o bandas ya activas en Puerto Rico, para que interpretaran las piezas antes de comenzar las funciones programadas.

Muchos de sus músicos formaban parte de la Banda Municipal de Ponce y también tocaban en la orquesta que se organizó para musicalizar las funciones que la célebre bailarina rusa Ana Matveievna Pavlova (Paulova) ejecutó en Ponce en 1918.

Estos coordinaban con el director de la Banda para que los conciertos finalizaran una hora antes del comienzo de las funciones de la Pavlova (Paulova) en el Teatro La Perla.

También los empresarios de Ponce respaldaron y solucionaron inmediatamente varias huelgas de los músicos que tocaban las partituras que traían los filmes (del llamado cine mudo) en los cines Apolo, Broadway, Delicias, Habana y Mundial.

(Cortesía de Casa Paoli en Ponce)