Aquella tarde en la que Sor Isolina paseó junto a “Pavarotti”

Sor Isolina se me sentó al lado y me dijo: “Vamos a dar una trilla por ahí, antes de que comience todo esto”. Y nos fuimos a dar rondas por la zona histórica de Ponce, como una aparición de otro tiempo.

Foto suministrada

“El hombre que escribe acerca de sí mismo y de su propia época, es el único que escribe acerca de todas las gentes y de todos los tiempos”.

George Bernard Shaw

 

Al recuerdo aleccionador de sor Isolina Ferré Aguayo; a su valor sosegado y su fe en el ser humano.

 

Sor Isolina Ferré y este servidor construimos con el paso de los años una sólida amistad, que creció aún más con la común amistad que unía a ambos con el extraordinario ser humano que es el cantante Danny Rivera.

Danny la admiraba y la quería de una manera muy especial.

Viví junto a sor Isolina tantas aventuras, como para escribir un libro extenso. Voy a compartirles un par de ellas, que tienen que ver precisamente con Danny.

Allá para los tempranos años 80 del siglo pasado, cuando Danny estaba en la más alta cúspide de su merecida fama, surgieron en las cercanías del Centro de Sor Isolina Ferré en La Playa de Ponce dos gangas juveniles, que se disputaban la primacía del territorio y los delitos de la zona. La tasa de asesinatos en muy poco tiempo aumentó alarmantemente como fruto de aquella demencial lucha fratricida.

Los nombres por los que se hacían llamar aquellas gangas daban noticia de la juventud de sus componentes y de su agresividad: las Avispas, con epicentro en el residencial Lirios del Sur y un desprendimiento de esta, las Avispas Exterminadoras, en la periferia del sector playero conocido como El Salistral.

Para ese tiempo, Danny estaba preparando un concierto espectacular -con una súper banda musical, coristas, hielo seco, juegos de luces- que iba a presentar en el Hotel Caribe Hilton en San Juan.

Se empeñó en traerlo a Ponce con todos los lujos y presentarlo en un patio muy amplio que había en los predios de un residencial público playero en las inmediaciones de las parcelas Amalia Marín. Quería ofrecerlo a Sor Isolina, su personal de apoyo en el centro, a los residentes de La Playa, de los dos residenciales y para los miembros de las dos gangas.

Danny tiene una fe cristiana tan arraigada, tan vigorosa, que no siente temor ante eventos como este, que se suelen infundirlo al común de la gente. Mas aún, si se trata de hacer el bien. Es un ser muy solidario.

Recuerdo que me llamó y me dijo lo que se proponía hacer. También me comunicó que le habían advertido que pretender juntar aquellas dos gangas, sin que importara el propósito, era una locura.

De todos modos, él lo iba a hacer y me preguntó si yo estaba dispuesto a ir con él. Yo, ni podía, ni puedo decirle que “no” a Danny Rivera.

En la tarde del día del concierto, que se haría en horas de la noche, Sor Isolina citó a reunión solo con ella a los líderes de ambas gangas, quienes vinieron con armas automáticas en sus manos.

Se reunieron al descampado, bajo unos árboles, al fondo de una cancha de cemento del residencial donde se realizaría el concierto.

Para los que mirábamos desde la distancia, aquel fue un momento angustioso. La reunión terminó favorablemente con el compromiso de ambos líderes para con sor Isolina: acordaron una tregua para que se montaran los equipos, se llevara a cabo el espectáculo musical y se desmontara todo, con la promesa de ambos de que durante aquel tiempo no iba a ocurrir nada lamentable.

Para ello, Danny había traído de San Juan un par de camiones grandes, cerrados.

Así se llevó a cabo el aplaudido concierto que se había presentado en el Hotel Caribe Hilton: en un campo de batalla comunal de La Playa de Ponce.

Fue una especie de “tregua o paz olímpica”, de las de la antigüedad.

La magia blanca de Sor Isolina lo logró una vez más.

Pasados algunos años, nos unimos a Danny en un ambicioso proyecto, con el siempre eficaz auxilio de la querida amiga villalbeña residente en Ponce, Lucy Echevarría: un multifacético homenaje a la danza puertorriqueña, que incluyó un álbum que contiene dos LP’s de danzas y creaciones de Manuel Gregorio Tavárez, Juan Morel Campos, Rafi Escudero, Eladio Torres, Vitin Calderón, Mario Enrique Velázquez y otros compositores, para el que Danny me pidió que le escribiera el texto de la carátula. Muy honrado, así lo hice.

El álbum fue acompañado por un concierto en el Teatro La Perla y un documental fílmico, ambos dedicados al histórico cochero, don Carlos Garay, quien aparece en un estupendo retrato de toda la carátula, vistiendo un chaqué y tocado con una chistera o sombrero de copa.

Los actores Raúl Carbonell y Jaime Ruiz Escobar encarnaron los papeles de Manuel Gregorio Tavárez y Juan Morel Campos.

Con bastante antelación, le pedimos públicamente a todo aquel que tuviera un coche, calesa o un tílburi (un carruaje de ruedas grandes tirado por un caballo que solo transporta una pareja) que los trajera al evento y, en lo posible, que también “vinieran vestidos ‘de época’”. Una época no precisada: de viejo, de ayer. Nos sorprendió muy gratamente la respuesta de la gente.

Vinieron alrededor de una docena de carruajes y todos emperifollados con ropajes antiguos.

Y aunque los fondos a recaudarse eran para el Semanario Claridad, sor Isolina Ferré -la gran amiga que nunca me falló- estuvo como siempre en primera fila, en apoyo a la danza puertorriqueña, a Danny y a este servidor.

Para esos días, yo estaba gordo y con la barba abundante.

Al igual que don Carlos Garay en la fotografía de promoción de todas las manifestaciones del evento, me meché dentro de un chaqué, me puse una chistera y me monté en un coche parecido al de Garay.

Sor Isolina se me sentó al lado y -niña traviesa como era- me dijo: “Vamos a dar una trilla por ahí, antes de que comience todo esto”. Y nos fuimos a dar rondas por la zona histórica de Ponce, como una aparición de otro tiempo.

Durante el paseo, algunos de los viandantes se preguntaban “¿quiénes son?” y otro gritó “es Sor Isolina”.

Pero poco después, una redondeó “es Sor Isolina con Pavarotti” y todos fueron sumándose al coro, en alta voz: “Sor Isolina con Pavarotti”.