Aprenda cómo controlar la hipertensión: la asesina silenciosa

Los pacientes con presión arterial elevada tienen un riesgo dos veces mayor de morir por Covid-19, según una investigación publicada el pasado mes de junio por el European Heart Journal.

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La hipertensión es conocida como la “asesina silenciosa”, ya que en la mayoría de los casos no presenta síntomas, mientras daña progresivamente el sistema cardiovascular. A veces a tal grado, que puede afectar vasos sanguíneos e importantes órganos como el corazón, los riñones y el cerebro.

Y ojo. No se trata de una enfermedad marginal: según la Organización Mundial de la Salud, esta condición es responsable de 7.5 millones de muertes al año o el 13 por ciento del total de defunciones que se producen a nivel global.

Además, los pacientes con presión arterial elevada tienen un riesgo dos veces mayor de morir por Covid-19, según una investigación publicada el pasado mes de junio por el European Heart Journal.

“Un hipertenso lo es para toda la vida, no hay marcha atrás”, aseguró a Europa Press el coordinador del Grupo de Trabajo de Hipertensión Arterial y Enfermedad Cardiovascular de la Sociedad Española de Médicos de Atención Primaria, Vicente Pallarés.

Por eso es importante medirse la presión arterial de forma regular para asegurarse de que se mantiene en torno a los 120 milímetros de mercurio (mm Hg) cuando el corazón late con fuerza (presión sistólica) y alrededor de 80 mm Hg cuando se relaja (presión diastólica).

Si la presión sistólica sobrepasa los 140 mm Hg o la diastólica es igual o superior a 90, entonces se recomienda acudir al médico. No obstante, existe la posibilidad de cambiar ciertos hábitos cotidianos para evitar llegar a este extremo.

Pero antes, es pertinente aprender a medirse la presión arterial. Entre las observaciones más importantes resaltan:

– Tomarla tras cinco minutos de reposo por lo menos.

– La persona debe estar relajada y no tener prisa.

– Tampoco debe haber comido o bebido sustancias estimulantes como café o té, ni fumado durante la media hora previa a la medición.

– El cuerpo debe estar sentado, no estirado, con la espalda apoyada en el respaldo de la silla. Las piernas deben estar tocando el suelo, no cruzadas, y las manos relajadas, en posición de descanso.

–  El brazo de referencia debe apoyarse más o menos a la altura del corazón.

– Y es importante que mientras el equipo se infla el paciente no hable.

Entre los hábitos saludables que debe implementar a la mayor brevedad resaltan:

Más verde y menos rojo

Reducir la presión arterial depende, en gran medida, de la alimentación. Una dieta basada en cereales integrales, frutas, verduras y productos lácteos sin grasa contribuye a disminuir la presión arterial hasta 14 mm Hg, además de reducir los niveles de colesterol en sangre.

Por ejemplo, la dieta mediterránea es ampliamente aceptada como una de las más saludables del mundo e incorpora una proporción de dos o tres raciones de carne magra por semana.

Reduzca la sal en los platos

Disminuir el consumo de sodio en la alimentación, incluso en pequeñas cantidades, puede hacer que la presión arterial se reduzca de 2 a 8 mm Hg.

Lo aconsejable es no consumir más de 2.3 miligramos diarios -el equivalente a una cucharada- y mantener un límite de 1.5 miligramos a partir de los 51 años de edad o en caso de que se padezca hipertensión, diabetes o enfermedades similares.

Y lo ideal para anular los efectos del sodio es aumentar el consumo de potasio, presente en frutos como los guineos, las pasas o las chinas, entre otros.

Muévase de forma regular

No se debe confundir el deporte con la actividad física. El deporte conlleva fijarse unos objetivos para mejorar el rendimiento, pero para controlar la presión basta con hacer actividad física de forma regular.

Salir a caminar, a trotar o practicar juegos de equipo entre 30 o 60 minutos al día puede reducir la presión arterial entre 4 y 9 mm Hg.

Esta opción es especialmente útil para quienes están cerca de padecer hipertensión (presión sistólica entre 120 y 139, o presión diastólica entre 80 y 89), mientras que quienes ya sufren hipertensión conseguirán reducir los indicadores hasta un nivel seguro.

Vigile su cintura

Se desconoce el mecanismo concreto por el que se produce la hipertensión en el 95 por ciento de los pacientes, pero la correlación entre la presión arterial y el aumento de masa corporal está demostrada en diversos estudios, especialmente cuando la grasa se distribuye alrededor de la cintura.

Como regla general, cuanto más se adelgaza más desciende la presión arterial, pero además esta opción sirve para potenciar la acción de los medicamentos antihipertensivos.

Así por ejemplo, perder 20 libras de peso puede bajar la presión en dos puntos, mientras que la mayoría de los fármacos son capaces de reducirla en un punto.

Reduzca el consumo de alcohol

En cantidades pequeñas, el consumo de alcohol puede disminuir la presión arterial entre 2 y 44 mm Hg, pero ese efecto “protector” se pierde con los excesos.

¿Dónde está el límite? Los profesionales de la prestigiosa Clínica Mayo lo marcan en dos bebidas alcohólicas diarias para mujeres y hombres menores de 65 años, y en una para los ancianos.

Si normalmente no se consume alcohol, no se debe empezar a hacerlo como medida para reducir la presión arterial, pues los posibles daños de esta sustancia superan a los beneficios.

También la cafeína

La cafeína puede provocar un aumento corto, pero drástico de la presión arterial. No se conocen exactamente las causas de este pico, pero algunos investigadores creen que podría ser porque bloquea una hormona que mantiene las arterias abiertas o porque las glándulas suprarrenales liberan más adrenalina.

Sea como sea, beber una taza de café o té pueden incrementar la presión arterial entre 5 y 10 puntos en apenas 30 minutos.

Evite el tabaco a toda costa

También hay que evitar el consumo de tabaco y sus productos derivados. La nicotina puede aumentar la presión arterial en 10 mm Hg, incluso hasta una hora después de fumar.

De ahí que si una persona fuma todo el día, su presión arterial se mantenga constantemente en niveles altos.

Y ojo. No solo está en riesgo la salud del que fuma: inhalar el humo producido por otros aumenta el riesgo de sufrir hipertensión y enfermedades cardiacas.

Húyale al estrés

Demasiada carga de trabajo, una bronca familiar, la situación económica… son muchas las razones que pueden provocar estrés y no todas se pueden evitar, pero es importante intentarlo, no solo por la salud mental, sino por el bien del sistema cardiovascular, que se resiente con cada crisis personal.

Para manejarlo, tome períodos de descanso para hacer ejercicios de respiración profunda, meditar o practicar yoga.

Recuerde que no está solo

Precisamente, es fundamental apoyarse en los demás. Cambiar las rutinas no es tan duro en compañía de familiares y amigos, quienes además de brindar un empujón moral pueden jugar un papel decisivo a la hora de liberar el estrés.

Hacer deporte acompañado es más sencillo, acudir al médico se hace más llevadero con otra persona al lado y enfrentarse a una situación desconocida asusta menos cuando se tiene buena compañía.

(Fuente: Europa Press)