Apoyan a enfermos y recién nacidos con hilos de esperanza

Sobre 15 voluntarias se reúnen en Ponce todos los sábados para formar las telas y trencillas que inyectarán alegría a personas con condiciones crónicas.

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Por los pasados años, cientos de infantes prematuros y personas en tratamiento contra el cáncer o la fibromialgia han recibido un abrazo anónimo y solidario, al ser arropados con las mantas y sombreros que con amor confeccionan las manos de mujeres sureñas: las mismas que sábado tras sábado se reúnen en Ponce para aprender, confeccionar y donar obras de arte tejidas a quienes más las necesitan.

En medio de panecillos y café, sobre 15 de ellas se reúnen en los salones provistos por la Iglesia Episcopal de La Santísima Trinidad y, sin ruido ni algarabía, entrelazan hilos y cordones para formar las telas y trencillas que inyectarán alegría a personas con condiciones crónicas.

Como explicó Carmen Delia David Zayas, todo comenzó en el año 2015 cuando una congregación homóloga de la Iglesia Episcopal en Trujillo Alto inició el proyecto denominado Bendecidas para Bendecir, mediante el cual maestras de este oficio instruían a discípulas en el oficio de enhebrar la aguja.

“Así que nosotros pensamos que también podría llegar a nuestra iglesia, por lo que hablamos con nuestra reverenda y se dio. Desde el 13 noviembre del 2015 iniciamos nuestro grupo, las Arañitas Trinitarias. Nos reunimos aquí cada sábado de 1:00 a 5:00 de la tarde para tejer, conversar y tener nuestro propio espacio”, continuó la líder de esta iniciativa, gratuita para los participantes.

Desde entonces, organizaciones sin fines de lucro, hospitales de la zona y hasta médicos especialistas en enfermedades crónicas aguardan con entusiasmo la cálida manta, la estola, los botines o el vistoso gorro que confecciona este grupo de tejedoras, para que sus pacientes no solo puedan sobrellevar los pesares inherentes de sus condiciones, sino que además sientan el calor y amor de quienes les desean lo mejor, aún sin conocerles.

Un espacio para todos

Al grupo, continuó Carmen Delia, pueden llegar tanto hombres como mujeres, jóvenes y adultos, conozcan o no del arte del tejido, ya que los únicos requisitos de ingreso son dos valores que todos llevamos dentro: generosidad y empatía.

“En términos de edad, si una niña de 12 años sabe, que llegue; y si no sabe, pero tiene buena actitud, se le enseña. Si hay varones que quieran unirse al grupo también los recibiremos y si no saben tejer, ¡también les enseñamos!”, agregó.

Como ejemplo, recordó que tiempo atrás llego al grupo una voluntaria que a sus 94 años de edad comenzó a tejer sin conocimiento previo y que, en muy corto tiempo, dominó el arte.

“Esto es un oficio. Solo le pedimos a los participantes que nos donen una manta y un gorrito para los pacientes u organizaciones que con ansias esperan nuestros tejidos”, puntualizó Carmen Delia.

Por otro lado, la reverenda Arelys Casiano Boffil aclaró que la Iglesia Episcopal de la Santísima Trinidad, ubicada a pocos pasos de la Concha Acústica de Ponce, pone sus salones a disposición las Arañitas Trinitarias, sin requerir al colectivo ni a ningún voluntario formar parte de esa congregación.

“Aquí asisten mujeres de diversas denominaciones religiosas y de distintos pueblos.  Solo queremos apoyarlas en el proceso de crecimiento en este oficio y, como ves, que tengan su espacio para compartir y relajarse de la ardua semana que viven. Aquí no solo somos solidarias con la misión y con los pacientes. También desarrollamos varias destrezas y, sobre todo, paciencia”, expresó.

Amor en cada gesto

Por otro lado, las voluntarias destacaron que la mayoría de los materiales que emplean para sus proyectos son donados por los mismos participantes, sus familiares, amigos o aliados identificados con tan noble causa, ya que el grupo no cuenta con fondos propios para la adquisición de los hilos.

“Ahora mismo tenemos una persona del estado de Kentucky identificado con el proyecto que nos dona materiales”, comentó Carmen Delia, quien semanalmente viaja desde Coamo para ser parte de esta humanitaria experiencia. “También tenemos participantes que se fueron a Estados Unidos y, como allá se consiguen los hilos más baratos, nos los envían. Con lo que nos llega, trabajamos”.

Y una vez terminadas las mantas, los gorros y los botines, el grupo coordina con las instituciones receptoras la entrega para sus pacientes.

“Hoy estamos tejiendo para caballeros, pero lo más que me gusta de esta misión es cuando vamos a entregar el producto”, dijo Leonor Almodóvar Oppenheimer al mostrar la manta que confeccionaba.

Por su parte, Rowena Linares Baerga confesó que primero llegó al grupo en busca de artículos de primera necesidad que las Arañitas Trinitarias estaban donando a los vecinos de las comunidades afectadas por el paso del huracán María. Mas como residente del sector Bélgica y vecina de la iglesia, nunca imaginó cuánta satisfacción derivaría de aquel primer encuentro.

“Una vez supe lo que hacían, comencé a venir y aprendí. No sabía nada del tejido, pero aquí no solo he aprendido, sino que he encontrado un grupo de apoyo”, destacó la joven que se ha convertido en la instructora para los participantes zurdos, por su gran dominio de la técnica y la rapidez con que confecciona sus tejidos.

“Por años hemos sido testigos del efecto que genera la entrega de las mantas y los gorritos a los pacientes de cáncer. Ver cómo ellos nos reciben y lo agradecidos que se muestran es la mejor experiencia de mi vida”, destacó por su parte Carmen Delia, quien además espera con ilusión el final de la pandemia del Covid para recobrar esta personalísima vivencia.

En lo que eso ocurre, ella y sus compañeras agradecen el apoyo de organizaciones como los Hospitales San Jorge, San Lucas y Saint Jude para la entrega supervisada de tejidos a infantes prematuros y niños con condiciones crónicas.

De igual manera, el grupo de apoyo Rayo de Luz y Esperanza de Peñuelas, a los centros de diálisis de la región y a doctores especialistas como Anna Di Marco Serra del Centro de Cáncer de la Mujer en Ponce, quienes se unen a esta gesta de empatía y solidaridad, facilitando a sus pacientes la cálida manta de estas abnegadas tejedoras.

Para unirse a esta iniciativa, sin importar la edad o el género, los interesados pueden acudir cualquier sábado a la Iglesia de La Santísima Trinidad a partir de la 1:00 de la tarde. Para apoyarlos con donativos, también puede llamar al 787-601-6722.