Al inolvidable Sammy Vélez: el locutor y creador de Paseando en Coche

El primer programa tuvo como invitados a don Abelardo Díaz Alfaro, de quien era amigo y un gran admirador, y su esposa, doña Gladys Meaux.

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“… Sammy, de espíritu firme, luchador, quien confiaba en hacer justicia y ser feliz haciendo felices a los demás”.

Francisco “Paquito” Marín Torres, jayuyano.

A su viuda, Nydia María Núñez, estrecha colaboradora suya en la empresa del coche, quien después de su partida prolongó la vida del proyecto hasta 15 años de existencia. A la memoria del licenciado Nelson Escalona Colón, reivindicador social, íntimo amigo de Sammy, quien también se nos fue temprano.

Elisamuel Vélez Vera, “Sammy El Cochero – entrevistador radial ponceño”, era una persona muy particular.

Desde niño fue muy trabajador, emprendedor, creativo. Estudiaba y a la vez trabajaba desde la Escuela Francisco Parra Duperón de Ponce, ubicada en la calle 5 de la urbanización Morel Campos, donde cursó su escuela elemental.

A lo largo de su corta vida emprendió múltiples negocios. Vivía con una prisa presagiosa.

En el año 1978, fundó un negocio llamado Rótulos y Diseños Neón. En el 1984, fundó en Juana Díaz un periódico semanal llamado El Poeta.

Tuvo un restaurante de mariscos en Cabo Rojo, entre otros. De todos sus negocios, el más ingenioso fue el que juntó con éxito dos de sus aficiones: los caballos y la locución radial, sobre todo, en el campo de las entrevistas, quizás para tratar de satisfacer su insaciable curiosidad por todo.

Me cuenta su viuda, Nydia María Núñez, cuarta esposa, con quien compartió los últimos diez años de su vida, un año de novios y nueve de casados, que un día, de imprevisto, él se puso de pie y le dijo, “apunta, apunta, coche y radio”. Ella le preguntó ¿“qué es eso”? Y él le repitió de prisa, “apunta, coche y radio, después te explico”.

Había concebido la idea de hacer un programa de entrevistas radiales desde un coche de caballos en movimiento por las calles de la ciudad de Ponce, que eventualmente se llamó Paseando En Coche.

Me cuenta Tuto Giménez, dueño de la Emisora WPAB, una de las emisoras a través de las cuales transmitió el novedoso programa, que “se trasmitía los sábados por la tarde directamente desde su coche. Willie Batista le instalaba un transmisor Marti… y por ahí pa’llá.”

Lo llegó a transmitir a través de Radio WLEO, WPAB y Católica Radio FM.

El primer programa tuvo como invitados a don Abelardo Díaz Alfaro, de quien era amigo y un gran admirador, y su esposa, doña Gladys Meaux. También los acompañó en ese primer viaje la licenciada Gloriana Bonaparte, hija del juez Carlos Domingo Bonaparte.

En distintos paseos tuvo como invitados a figuras como el Salsero Escalera, quien era tan pintoresco como él, a El Nene Sánchez, Ruth Fernández, Chucho Avellanet, José Miguel Agrelot “Don Cholito” y Julito Rodríguez Reyes junto a su trío.

Con esto, pueden suponer que Sammy era muy aficionado a la música y cantaba a todo dar, sin encomendarse a nadie.

Era, en fin, un bullicioso Alexis Zorba, el personaje de la novela del griego Nikos Kazantzakis, que el actor estadounidense de ascendencia mexicana, Anthony Quinn, consagró en el cine, con cuyo papel se ganó el Oscar a la mejor actuación protagónica del año 1965.

Luego Sammy estiró la distancia del paseo en coche hasta La Vuelta a la Isla en Coche, por el cual fue premiado por los municipios de Cidra, San Lorenzo y Carolina, entre infinidad de premios de toda naturaleza de cuanta institución usted se pueda imaginar recibió.

En mi investigación, unos me han dicho que él era oriundo de Adjuntas, otros me han dicho que era de Juana Díaz. Tengo confirmado que nació en Ponce, donde cursó sus estudios hasta la escuela superior.

En el año 1970 se trasladó a los Estados Unidos a estudiar Comunicaciones. En el 1972 ingresó al ejército y fue enviado a Alemania, donde prestó sus servicios en el campo de las Comunicaciones.

A su regreso ingresó en el Departamento de Educación de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico.

¡Dígame usted si era un saltimbanqui, un anacobero de la santería cubana, que derrochaba su exuberante alegría y gusto por vivir en un coche por las calles de Ponce, cantando a capela lo que le venía en ganas!

Organizaba Ferias de Paso Fino, noches de bohemia, conmemoraba el aniversario de su periódico, otorgaba la Placa Bohemia. Editó un libro titulado Siete Años de Poesía y Tres Cuentos, y promovió y estimuló junto con el también inolvidable Pocho Labrador, y a su amigo, el también ponceño dueño de coches Guelo Lugo, el rescate de los coches como tradición ponceña, y lo lograron por un tiempo.

Tanto así que la nieta de Garay, Elsie Garay, llevó y dejó en su casa el famoso coche de su abuelo.

A la muerte de Sammy se lo donaron al municipio y está en el patio del Museo de la Historia de la ciudad.

Su papá era Corsino Vélez. Su Mamá, doña Deadina, era de apellido Vera.

Junto a su prima, Margarita Vera, dueña de la empresa comercial “Agua Las Garzas”, concibieron y le dieron vida a la idea de reunir a todos los miembros posibles de la Familia Vera en Puerto Rico.

Como mi hermano Raffi Serrano, la embelequería creativa era su signo.

La primera reunión de los Vera se llevó a cabo en la Hacienda Villa Flor, un lugar precioso propiedad del amigo Harry Feliciano, en el barrio Quebrada Ceiba de Peñuelas. Luego se siguió repitiendo. No sé si aún prevalece.

El principal de los caballos que tiraban de su coche, el mimado, se llamaba Tyson, y la relación de afecto recíproco durante el paseo entre el caballo y el cochero era digna de verse. Fui testigo de ella más de una vez.

En el año 1998, antes de cumplir los 46 años de edad, se le manifestó un carcinoma hepático bien agresivo. Aun así, continuó manejando su coche y transmitiendo desde él su programa radial.

Una quinceañera de mi familia de entonces me manifestó su sueño de llegar a su cumpleaños en el Coche de Sammy. Con dolor le manifesté por lo que él estaba atravesando, pero le prometí irlo a ver y manifestarle que quería contratar su coche para aquel propósito, cita que además se habría de llevar a cabo de noche.

Realmente, Sammy y yo no éramos amigos. Él era un volcán en erupción y yo un aguacatón.

Conocía el costo del paseo.

De inmediato me dijo que sí y llegó muy a tiempo a la hora convenida.

Durante el paseo de la casa de la homenajeada hasta el lugar de la celebración fue quien más lo disfrutó. Sus risotadas y sus gritos de estímulo a Tyson se oían por todos los contornos, como burlas a la muerte.

Muy fino, educado, complaciente, afectuoso. La gente así, sobre todo, no debería de morir. Pero “es ley de Dios”.

Alzó su vuelo hacia el Arcano desde la sede del Hospital Doctor Pila, el 8 de julio de 1998.

Su heroica viuda, señora culta y amable, se aferró a lo que era tan importante para él y extendió los viajes en coche hasta un total de 15 años.

Nadie me lo dijo, pero sé que Tyson, animal noble, lo lloró.