A punto para otro junte de hermandad contagiosa

Han sido los propios participantes quienes han transformado la peregrinación de Sabana Grande a Guánica en un Camino de Santiago boricua, en espacio para el reencuentro con una multitud de almas entusiastas y optimistas.

Foto archivo

Hay quien decide recorrer los 14 kilómetros por una plegaria personal y también quienes se lanzan a la gesta en agradecimiento por una añorada bendición.

A la vez, muchos otros adoptan el sacrificio como ofrenda por el bienestar de un ser querido y nunca han faltado quienes completan el trayecto por un gesto de solidaridad, de empatía con la labor muchas veces invisible de las Hermanas Dominicas de Fátima.

Cualquiera que sea el caso, al final el júbilo es indescriptible.

Tras cruzar la meta, cientos de rostros dejan atrás el cansancio y brillan de euforia. Simultáneamente, personas que jamás se habían conocido de pronto son amigas y comparten desde una sonrisa hasta una fruta para zanjar el agotamiento.

Mas ni hablar de quienes durante casi tres décadas no han faltado a una sola convocatoria. Esos que lucen en sombreros y camisetas las chapas de cada edición integran desde hace mucho una hermandad de espíritus bravos, de incondicionales, que aprovechan la ocasión para reencontrarse y reafirmar con su presencia el compromiso contraído con la institución que los convoca.

¿Qué fuerza es capaz de causar todo esto?

Según reconoce sor Margarita Mangual Colón, encargada de la orden de religiosas o Priora General de la congregación, al inicio la célebre Caminata por Amor tuvo como misión reclutar a la mayor cantidad de voluntarios posible para recaudar el capital que requería restaurar la Casa Madre de la Hacienda Santa Rita en Guánica, hogar y centro de reunión de las Hermanas Dominicas.

“Pero a medida que la actividad crecía y se repetía, la misma gente le fue dando un toque distinto, un toque de misticismo”.

Como explicó, han sido los propios participantes quienes han transformado la peregrinación de Sabana Grande a Guánica en un Camino de Santiago boricua, en un espacio para el encuentro consigo mismo, en una oportunidad para recobrar la voluntad, para desahogarse, para toparse con seres afines y, sobre todo, para orar por intenciones personales en sintonía con una multitud de almas entusiastas y optimistas.

Quienes no acuden por esa causa, añade, lo hacen por perpetuar la misión de la fundadora de la orden, Madre Dominga Guzmán Florit, quien hasta el último suspiro dedicó sus fuerzas al bienestar de los más pobres, marginados y discriminados.

Porque con cada donativo recolectado mediante esta actividad se logra precisamente eso: preservar los proyectos de impacto social que Madre Dominga y sus discípulas fundaron el pasado siglo en Yauco, y cuyas raíces ya se extienden a comunidades de República Dominicana, Haití, Venezuela y los Estados Unidos.

“De ahí nace la fuerza que los mueve, que impulsa a los caminantes”, reiteró la superiora. “A muchos los hace volver su cercanía y aprecio por las hermanas, y a otros tantos, su obra comunitaria”.

Motor transformador

Sor Margarita aclara que el apostolado de la congregación es evangelizar a las familias, pero a tono con las enseñanzas de Madre Dominga, cada obra debe ir acompañada por labor social, con proyectos que fortalezcan la autoestima de la gente, que promuevan la autosuficiencia y su bienestar.

Así han logrado transformar el destino de miles de madres en precariedad económica o víctimas de abandono en Maricao, Aibonito, Las Piedras, Yabucoa, Maunabo, Hormigueros y Sabana Grande. Mujeres que con la ayuda de las religiosas han encontrado fuerzas y confianza para alcanzar un grado académico o establecer una microempresa y fuente de ingresos.

“En Guánica, por ejemplo, tenemos un centro con tres sicólogos muy buenos, especializados en ayuda a víctimas de violencia doméstica, y con trabajadores sociales preparados para apoderarlas de su futuro, para que puedan sacar adelante a sus hijos”, continuó.

Esto, abundó, lo logran mediante capacitación vocacional en artes manuales, costura, repostería y floristería, entre otras disciplinas.

Mientras que en Ponce, en lo alto de la barriada Ferrán, no escatiman en tiempo para los niños y adolescentes de la comunidad. “Estuve allí tres años antes de ser Priora”, comentó Sor Margarita, “y es hermoso ver todo lo que se ha logrado con las tutorías, con la preparación de meriendas y el cariño que les brindan las hermanas”.

“Es precisamente en los niños donde más concentramos nuestras energías”, agregó. Por eso, en las localidades dominicanas de Cevicos y Santiago de los Caballeros, al igual que en la misión Anse-a-Pitré de Haití y Punta de Mata en Venezuela, las religiosas se han vuelto pilares de las familias, en instrumentos efectivos para batallar contra la marginación y la pobreza.

Ese es también el caso en Gaithersburg, Maryland, y las ciudades de Paris y Palestine en Texas, destinos donde las Hermanas Dominicas luchan por erradicar el discrimen y la segregación hacia miles de inmigrantes, desde sendos centros misioneros.

Caminata: la columna vertebral

Aunque en Puerto Rico la congregación recibe anualmente donativos de individuos, instituciones, comercios y empresas, la ayuda económica no ha dejado de contraerse, mientras la demanda por servicios es a diario mayor.

“Y la realidad es que todas las hermanas y misiones fuera del país dependen enteramente de nosotras”, observó Sor Margarita, justo antes de puntualizar el rol que juega en la supervivencia de cada programa el éxito de la Caminata Por Amor.

Como admitió, sus recaudos son el principal sostén y motor de los proyectos de impacto social de la congregación. De allí, la urgencia para cada año la participación se sostenga y, en el mejor de los escenarios, se incremente.

“El pasado año contamos con la participación de 1,200 caminantes y el anterior, el año de huracán María, la caminata tuvo que suspenderse. Pero gracias a la generosidad de nuestra gente y la Divina Providencia, los donativos siempre llegaron”, recalcó la religiosa.

La actividad, indicó Sor Margarita, permite que cada caminante pida a amigos, familiares, compañeros de trabajo y patronos un auspicio económico por cada kilómetro del recorrido entre la Ciudad del Petate y la Casa Madre de la orden, situada en la Hacienda Santa Rita de Guánica.

El donativo se entrega en las mesas de inscripción colocadas al interior del Coliseo Ángel Mercado de Sabana Grande, desde donde la multitud arranca la caminata a las 9:00 de la mañana, al son de la Banda Escolar de Yauco y su directora, Keyla Cruz.

Y aunque es posible que llueva, que asedie el calor entre los oasis e incluso que el cansancio traicione a algunos, las pintorescas Guaguas Escobas volverán a velar porque ningún participante pierda la oportunidad de llegar a salvo a la meta, ni el programa musical preparado para la ocasión.

Según anticipó Sor Margarita, el mismo incluirá a José Alfredo Méndez en Tributo a Tony Croatto, una bohemia con Luis Ramos, una intervención del ganador del certamen Voces Expertas, Rafael Figueroa, otra del padre Gary López y la clausura con el grupo A Son de Guerra, aplaudido en todo el país por su Tributo a Juan Luis Guerra.

Como si fuera poco, también habrá delicias de la cocina puertorriqueña a la venta y, en especial, una estación en la que la afamada competidora del primer Máster Chef Latino, sor Juliana Cruz, confeccionará ante todos otra de sus suculentas paellas.

Para unirse a esta gesta y vivir la experiencia solo debe llamar a los teléfonos 787-856-4330, 787-856-4256 o 787-458-2411, donde podrá solicitar su hoja de inscripción e información adicional.

La 28va. Caminata por Amor se celebrará este domingo, 29 de septiembre y el registro comenzará a las 7:00 de la mañana en el coliseo. A partir de esa hora, habrá estacionamiento disponible en la Casa Madre y de allí los participantes serán transportados junto a ujieres hasta el punto de partida.

La orden de las Hermanas Dominicas de Fátima agrupa a 113 religiosas que realizan labor social en Puerto Rico, República Dominicana, Haití, Venezuela y los Estados Unidos. (Fotos archivo)