A punto de medio siglo el Coliseo Juan “Pachín” Vicéns

Su inauguración ocurrió el 12 de mayo de 1972 y a mediados de la década del 1990 y en el 2001 fue remodelado.

Foto archivo

A la memoria del arquitecto ponceño Virgilio Monsanto Díaz, quien en medio del fragor del combate público se ofreció a hacer los planos del coliseo gratuitamente, en un acto de desprendimiento y amor a su ciudad. Y al arquitecto chino T. Y. Lin, profesor de Arquitectura en la Universidad de Berkeley, quien hizo para nuestro coliseo el techo paraboloide más grande del mundo en aquel momento histórico.

 

En el año 1952, cuando el Equipo Ponce Leones del Baloncesto Superior masculino ganó su primer Campeonato Nacional, dirigido por el estadounidense Tex Winter, el entonces alcalde, don Andrés Grillasca Salas, le prometió a la ciudad la construcción de una cancha bajo techo.

Para entonces, se jugaba en la cancha de cemento del Colegio Ponceño de Varones y más adelante en un tablero de madera que se ponía en el terreno de juego del Parque de Pelota Paquito Montaner, cerca del “home plate”.

A partir de aquella promesa de don Andrés, cada vez que se suspendía un partido debido a la lluvia, Ponce reclamaba a gritos la cancha prometida.

Al año siguiente de nuestro arribo a Ponce, en el 1958, Lunita y un servidor vimos en ese tablero del Parque Paquito Montaner la Serie del Caribe de Baloncesto, que se llevó a cabo entre dos equipos de Puerto Rico -San Juan y un Ponce reforzado con jugadores de Río Piedras-, México y Panamá.

Fue la primera vez que vi jugar (aún él no había jugado con el equipo grande de Ponce) a una “máquina de anotar puntos” de la barriada Portugués, llamado Pedro Cepero, junto a quien jugué más adelante en el equipo Varsity de la Universidad Católica.

Como estaba recién llegado, desconocía de aquella promesa al pueblo hecha por don Andrés Grillasca, cinco años antes de mi llegada.

El año que entré a la Escuela de Derecho -1961, el primer año de vida de la escuela- comencé simultáneamente mi programa radial deportivo llamado “Tertulia Deportiva”, en el cual incursioné gracias a mi amigo, el profesor Juan Ricart y que se transmitía siete días a la semana.

La canción tema de presentación y despedida, que pegó mucho desde el primer momento, era una pieza del mexicano Juan García Esquivel, tomada de un LP suyo que se titula Other World, Other Sounds. La pieza de ese LP, como tal se titula Fooling Around, todavía suena en mi interior y acrecienta mi habitual nostalgia.

Tiempo después me enteré que años antes se había aprobado en Puerto Rico una ley que ordenaba la construcción de una cancha bajo techo para Ponce, pero que, como tantas veces, se había ignorado totalmente su mandato.

Tuve el acierto de crear y también presidir el “Comité Pro Coliseo Público de Ponce”.

Lo presentamos al público mediante un foro radial desde los estudios de WEUC AM, entonces ubicada donde hoy está el Hospital de Damas, en el que participaron el entonces senador Jossie Dapena Laguna, la representante Carmen Solá de Pereira, Pitío Quesada, el comentarista deportivo Geñito Rodríguez López (luego predicador evangélico radial) y un servidor. Fungí como director y maestro de ceremonias.

Muchos conocedores creen que ni antes, ni después, se ha llevado a cabo en Puerto Rico una campaña cívica para lograr un fin público, tan intensa y tan eficaz como aquella.

Yo tenía un amigo en Coamo, de apellido Mercado, “el Capitán Mercado” le llamábamos, piloto y dueño de un avión de un motor, a cuyo avión le adicionábamos como rabo unas letras enormes que leían COLISEO. Le proveíamos al amigo Mercado la gasolina, y se volaba muy frecuentemente sobre Ponce y pueblos vecinos. Se lanzaban hojas sueltas desde el avión, pegábamos pasquines, poníamos cruza calles y repetíamos por doquier la frase de campaña: “Queremos el Coliseo Público de Ponce AHORA”.

Los demás narradores y comentaristas deportivos, la prensa escrita, incluso los de San Juan, se unieron solidarios a nosotros en sus programas y narraciones, hasta el punto en que surgió en la ciudad un nuevo refrán (perdónenme la inmodestia y la “mala palabra”) para cuando alguien insistía mucho en alguna cosa. A esos le decían: “Este jode más que Ayoroa con el coliseo”.

La campaña comenzó durante el último cuatrienio de Muñoz Marín en la gobernación, mientras Julio Enrique Monagas todavía dirigía la Agencia de Parques y Recreo Públicos, y a lo largo del cuatrienio en la gobernación de don Roberto Sánchez Vilella, con el ingeniero Octavio Wys a cargo de la Agencia de Parques y Recreo Públicos.

Se inició la construcción y ya estaba bien adelantada cuando vino el cambio de gobierno con Luis A. Ferré en la gobernación y Dora Matos de Pasarell en Parques y Recreo Públicos.

En el ínterin ocurrieron muchos choques con el gobierno que son largos de contar y no nos alcanza el espacio para ello. Uno de los problemas era obviar la ley que prohibía ponerle nombres de personas todavía vivas a las obras públicas.

Ante el debate que se trabó con el nombre de Pachín para el Coliseo, nuestro comité esgrimió dos argumentos en defensa del nombre.

En primer lugar, recordamos que el Parque de Arecibo se llamaba Luis Rodríguez “El Jíbaro” Olmo, y este gran pelotero del pasado todavía estaba vivo.

Por otro lado, dijimos que no es necesario aprobar una ley para que lugares históricos como El Yunque, por ejemplo, se llamen como se llaman. Afirmamos que las cosas se llaman como el pueblo las llama e invitamos a los periodistas puertorriqueños a que cada vez que se refirieran a nuestro coliseo en construcción lo llamaran Coliseo Pachín Vicéns.

Muchos así lo hicieron.

Probablemente esta polémica pública, la condición de cubanos de su ascendencia (la vida y muerte heroica de Pachín Marín se enseñaba y se enseña en las escuelas de Cuba) o un mero lapsus linguae, provocó que cuando don Luis Ferré pronunciara las palabras con las que dejó inaugurado nuestro coliseo, exclamó: “¡Así dejo inaugurado el Coliseo Pachín Marín!”.

Puertorriqueño, poeta y mártir de la lucha por la Independencia de Cuba y Puerto Rico, Pachín Marín murió en combate en Turiguanó, en los campos de combate de Cuba.

La inauguración ocurrió el 12 de mayo de 1972, por lo que pronto se conmemorarán 50 años de ese instante.

Más adelante, a mediados de la década del 1990 y en el 2001 fue remodelado.

Como dice el tango, entonces, cuando ocurrió esta lucha intensa y victoriosa, que duró varios años, yo tenía alrededor de 28, 29, 30 primaveras.

En lo único que no quedé complacido en todo el proceso fue que, durante la construcción del inmueble, en un accidente del trabajo, se mataron dos trabajadores ponceños que se cayeron de un alto andamio.

Quería que se perpetuaran sus nombres y la fecha de su transición en una tarja de bronce, pero no tuve forma de convencerlos.

No superamos la subvaloración del obrero como miembro de nuestra sociedad.

Y aunque han transcurrido 50 años, todavía estamos a tiempo de ser justos con esos dos mártires de nuestro Auditorio Pachín Vicéns.

Don Willie Vicéns, quien fue cofundador de la franquicia de los Leones de Ponce en el Baloncesto Superior, protagonizó el 11 de octubre de 2012 el evento Retrobasket 60, una actividad organizada por la ADEPOLE para recrear el espacio donde el equipo rojinegro jugó entre las décadas 1950 y 1970: el Estadio Francisco Montaner. (Foto archivo / Florentino Velázquez)