A la memoria del León Mayor: a casi 80 años de su nacimiento

Churumba nació en Ponce el 24 de octubre de 1942 y el mausoleo donde hoy descansan sus restos y los de su viuda, Madeleine Velasco, ganó en el 2005 el Premio de Honor en la Novena Bienal de Arquitectura y Arquitectura Paisajista de Puerto Rico.

Foto archivo

“Cuando se ha vivido bien, el féretro es un carro de triunfo”.

José Martí, ante la muerte de Ralph Waldo Emerson

 

A las gemelas Solange Marie y Mara Bianca Cordero Velasco, extendiéndoles el gran afecto de Ponce a sus memorables padres, y al arquitecto Javier Bonnín Orozco.

 

La muerte de Rafael “Churumba” Cordero Santiago nos tomó a todos desprevenidos y en la inmediatez nos dejó lelos. Era un hombre relativamente joven a sus 61 años, y la lesión cerebral que pasadas unas horas le causó la muerte lo sorprendió trabajando en su despacho en la Alcaldía de Ponce.

Inútilmente lo llevaron en helicóptero al Centro Médico de Río Piedras, donde falleció a las 9:00 de la mañana del día siguiente, el 17 de enero de 2004.

Aún recuerdo la llamada telefónica de mi hija mayor, Lenita, en la que me informó que la muerte se había consumado. Una amiga muy cercana a la familia del ya difunto se lo dijo confidencialmente. Hacía 43 años que nos conocíamos, desde el 1961, y aunque no éramos íntimos, éramos buenos amigos. Yo le tenía mucho afecto.

En el Centro Médico cumplieron su expresa voluntad de donar sus órganos, lo que muestra su amor por el prójimo.

Sin perder un minuto, un grupo de sus mejores amigos se constituyeron en un Grupo Gestor, presidido por un ser humano extraordinario que rehúsa la notoriedad, mediante una corporación sin fines de lucro, llamada Ponce por Churumba Inc. Además de lograr su objetivo de hacerle un mausoleo digno de sus méritos, nos dejaron una exitosa “hoja de ruta” para futuras actividades similares a esta, siempre y cuando se cuente con personas como ellos, que no abundan.

Trabajaron con tal eficiencia que el mausoleo se develó oficialmente el 22 de diciembre del mismo año del fallecimiento, el 2004.

Una de las novedades de esta hoja de ruta fue que -contrario a lo que tradicionalmente se hace- de entrada querían comenzar con el dinero en mano y luego hacer una colecta nacional a través de los medios de comunicación para reponerlo.

Calcularon que el costo de los materiales y las esculturas sería de alrededor de $150 mil.

El presidente del Grupo Gestor, como garantía de un préstamo, hipotecó su despacho profesional. Hicieron un préstamo bancario por esa suma de dinero y pusieron el dinero en manos del diseñador, el escultor y el artesano constructor. Estos fueron el arquitecto ponceño Javier Bonnín Orozco, el escultor Omar Ortiz, oriundo de San Sebastián del Pepino, y el artesano constructor español José Araujo.

Al escultor lo escogieron mediante un certamen íntimo. Fue quien hizo el busto de Churumba y “el león en reposo” que hoy forman parte del mausoleo.

Una de las condiciones que puso el escultor fue que sus dos obras se fundieran en México.

Cobró $40 mil por las obras y $45 mil para irse a México con ellas y regresar a Ponce con las obras ya terminadas en tiempo récord, custodiándolas todo el tiempo.

Así lo hizo Omar y cumplió a cabalidad con todo lo convenido, sobre todo, con la calidad artística que usted puede constatar en el antiguo Cementerio Civil de Ponce, en la Calle Torres, esquina calle Frontispicio, que se transformó desde mucho antes en el Panteón Nacional Román Baldorioty de Castro.

El granito se importó de Italia, “ya que esa piedra no estaba disponible en Puerto Rico en piezas del tamaño que se utilizó en el proyecto”, me dijo el presidente del Grupo Gestor.

Mientras los artistas realizaban su trabajo dinero en mano, comenzaron la campaña pública de recaudación de fondos, en la que el fallecido presidente y fundador de este periódico, Juan J. Nogueras de la Cruz y el periódico La Perla del Sur  “dieron su más decidida cooperación en el proyecto de construcción… comprometiéndose con el mismo desde el primer momento”, como expresó el presidente del Grupo Gestor a los deudos de Nogueras de la Cruz, sus hijos, Juan José, Ana María, María de Lourdes y María Teresa Nogueras Soroeta, en carta que les cursó en ocasión del sentido fallecimiento del fundador.

Fue tan exitosa la campaña de recaudación de fondos, que en menos de tres meses tuvieron que dar por terminada la misma.

No solo se recogió la totalidad, si no que hubo un exceso o sobrante de $25,710.42, que se puso a la disposición del Municipio Autónomo de Ponce, para que, de conformidad con dos Resoluciones Municipales aprobadas, “dicha suma habría de utilizarse exclusivamente para atender el costo del mantenimiento del mausoleo”.

En el ínterin, los despojos mortales del alcalde se sepultaron temporalmente en el Cementerio La Piedad de Ponce.

Fueron trasladados de La Piedad al mausoleo el 20 de diciembre de 2004 y el mausoleo se develó oficialmente dos días más tarde, el 22 de diciembre de 2004.

La obra, en su conjunto, como he dejado dicho, fue diseñada por el arquitecto ponceño Bonnín Orozco, quien, dicho sea de paso, estos días acaba de regresar a Ponce, luego de unos años fuera del país. Es una obra de líneas sencillas en la que se usan materiales que, por su durabilidad, deben mantener el mausoleo en buenas condiciones durante siglos, como otros antiquísimos que hay por el mundo construidos con los mismos materiales.

Al año siguiente de develado, recibió un muy merecido Premio de Honor en la Novena Bienal de Arquitectura y Arquitectura Paisajista de Puerto Rico de 2005.

Su viuda, la licenciada Madeleine Velasco Alvarado, falleció el 5 de agosto de 2008 y fue sepultada junto a él en este bello mausoleo.

Este es un camposanto para la meditación, para mantener vivo el recuerdo de sus ocupantes y, creo, para proyectar nuestro futuro como pueblo.

Allí están los restos mortales de puertorriqueños respetables de distintas ideologías: Román Baldorioty de Castro, Manuel Gregorio Tavárez, Roberto Sánchez Vilella, Antonio Paoli, el héroe nacionalista Casimiro Berenguer y eventualmente estará Rafael Hernández Colón, junto a Churumba y Madeleine. Un mosaico de convergencias y divergencias.

Pena que no estén ahí tantos ponceños más que también lo merecen.