A la búsqueda de soluciones: se reinventa el Campamento Contra las Cenizas

Los integrantes del campamento asumirán más activismo en la defensa del ambiente y en reclamo de una vida digna, sin discriminar entre asuntos que amenacen a comunidades cercanas o lejanas.

Jimmy Borrero Costas, a la salida del Tribunal de Primera Instancia de Guayanilla. Foto: Coral Negrón

Era sábado en la mañana. Y Jimmy Borrero Costas caminaba una vez más sobre el suelo que durante incontables días y noches utilizó como última trinchera para frenar en Peñuelas la descarga de camiones con miles de toneladas de cenizas tóxicas de la carbonera AES.

Aquella titánica misión, conocida y reconocida a lo ancho del país entre los años 2015 y 2017, tenía como objetivo proteger la salud de las miles de almas que aún viven y respiran en los sectores Tallaboa, Seboruco y Pueblito de Peñuelas: comunidades brutalmente golpeadas por la contaminación industrial del otrora complejo petroquímico y peligrosamente cercanas a los vertederos a donde AES trasladaba su nocivo polvo gris.

El sábado pasado, sin embargo, Jimmy caminaba por el Campamento Contra las Cenizas, más temprano de lo usual, para colocar carteles en contra de de la empresa LUMA y recibir a La Ruta de La Verdad: una caravana ciudadana convocada por un junte multisectorial que denuncia pública y abiertamente cómo el contrato gubernamental otorgado a la empresa multinacional atenta los mejores intereses de la Autoridad de Energía Eléctrica y las familias puertorriqueñas.

Como destacaba Jimmy, “esta no es una lucha de la UTIER. Es una lucha de todos”.

“Con ese contrato todos nos vamos a ver afectados, porque perdemos un patrimonio que no ha sido bien administrado”, continuó. “Con el dinero que le están dando a esa compañía pueden impulsar el proyecto de placas solares en todo el país”.

Su denuncia, tan enérgica y vertical como todas las que ya ha pronunciado, cargaba sin embargo algo más, algo novel, algo que a las pocas horas se constató en el rostro y espíritu de vecinos que llegaron al campamento.

¿De qué se trata?

Como describió el peñolano y activista ambiental José Manuel Díaz Pérez, este año el Campamento Contra las Cenizas resolvió convertirse en motor de avivamiento y propulsor de causas ciudadanas, para despertar la conciencia de todas las personas que habitan el país.

Por eso, además de persistir en la inconclusa batalla contra el mal manejo de las cenizas tóxicas de carbón y su desparramamiento por 14 municipios de la isla, los integrantes del campamento asumirán más activismo en la defensa del ambiente y en reclamo de una vida digna, sin discriminar entre asuntos que amenacen a comunidades cercanas o lejanas.

Por eso, además, a Jimmy y a La Ruta de La Verdad se unieron el pasado sábado decenas de vecinos y voluntarios peñolanos.

“Parte de ese compromiso es educar a las comunidades”, puntualizó José Manuel.

“Tenemos la meta de crear un centro de educación ambiental para nuestra comunidad de Tallaboa, en terrenos recién adquiridos. Ese es nuestro proyecto social”, continuó. “Pero queremos atender otras necesidades. Tenemos compromisos con la comunidad que no se limitan a Peñuelas, sino que se transforman en respaldo a luchas hermanas”.

Por tanto, como añade Janet Albino Teissonniere, otro de los pilares del campamento, del presente en adelante el colectivo de peñolanos también enfocará su atención a la defensa de las comunidades más desventajadas y a la búsqueda de soluciones para los problemas más apremiantes de su gente.

“Soy madre, abuela y comerciante. Y a la hora de la verdad, también nos íbamos al frente de batalla”, recordó en alusión al nutrido grupo de mujeres que -durante los enfrentamientos con policías y transportistas de cenizas, al igual que con la batalla contra el Gasoducto del Sur- resistió valientemente el ultraje gubernamental contra vecinos de Tallaboa.

Ahora, a años de ambos episodios, los vecinos redirigen sus esfuerzos a educar, crear alianzas con otros grupos u organizaciones y a atender las necesidades comunitarias con el fin de convertirse en facilitadores en el proceso de apoderamiento comunal, buscando soluciones sin esperar porque las agencias gubernamentales atiendan sus reclamos.

Agenda inconclusa

Aun así, Jimmy recordó y lamentó que la paralización de las descargas de cenizas en Peñuelas no ha frenado el impacto en la salud de sus vecinos. “Aquí en Peñuelas todas las semanas se muere alguien de cáncer. La gente se preocupa por el Covid y está bien, pero aquí hay más muertos por cáncer que por Covid, mientras la gente continúa con sus problemas de asma y enfermedades pulmonares”.

“La planta de Guayama sigue trabajando y contaminando los acuíferos, por eso seguimos trabajando para que la planta cese sus operaciones en febrero 2022 y no en el 2027 como está propuesto”, expuso por su parte José Manuel.

“Lo que pasa en Guayama nos afecta a todos”, añadió, por lo que volvió a emplazar al Departamento de Salud y al de Recursos Naturales y Ambientales (DRNA) a informar al país la ubicación exacta de las 2 millones de toneladas de cenizas que AES descartó entre los años 2004 y 2011 en municipios como Dorado, Toa Alta, San Juan, Juncos, Caguas, Arroyo, Guayama, Salinas, Santa Isabel, Coamo, Ponce y Mayagüez.

Asimismo, emplazó al DRNA y a su secretario, Rafael Machargo, a presentar el reglamento para el manejo de cenizas en la isla, que esa agencia debió aprobar en abril del año 2019 y que a dos años de ese término sigue en el limbo, incumpliendo un mandato de ley.