A cinco años del gran fuego: Progresa la recuperación del Bosque del Pueblo

“Los más fuertes sobreviven y son ellos los que renuevan el bosque. Otra enseñanza de la que podemos y debemos aprender todos”, recalcó Alexis Massol González, cofundador de Casa Pueblo.

Foto: La Perla del Sur

La primera alarma resonó a las 6:57 de la tarde.

Era jueves y el sol del 27 de marzo de 2014 casi se extinguía. No así un monte entero entre los ríos Pellejas y Viví de Adjuntas. Ese ardía en llamas.

Ocurría en el Bosque del Pueblo, una reserva natural que décadas atrás había sido arrebatada a la agenda minera – que impulsaban inversionistas y funcionarios gubernamentales- para dedicarla a la preservación de especies y el disfrute de todos: una hazaña que había logrado la fuerza comunitaria de Casa Pueblo.

La conquista, sin embargo, no pudo evitar que esa noche, en menos de cuatro horas, el siniestro arrasara con sobre 100 cuerdas de hábitat para helechos gigantes, árboles de yagrumo, laurel y maricao, ejemplares que fungían como santuario para el coquí común, el lagartijo de ojos azules, el pájaro carpintero, el san pedrito y el múcaro de Puerto Rico.

“Fuego arde sin control. Misión imposible detenerlo esta noche”, escribió resignado por las redes sociales el director asociado de Casa Pueblo, Arturo Massol Deyá.

Con montes aún humeando, al próximo amanecer la causa comenzó a investigarse. Todo apuntaba a un fuego intencional, tras descubrirse tres focos distintos rodeados por vegetación y distantes entre sí. Una versión que cinco años más tarde ha sido corroborada.

Como reconoció Alexis Massol González, cofundador de Casa Pueblo, en el lugar se encontraron objetos incendiarios y, previo a la primera alarma, más de un testigo observó a parejas en vehículos todo terreno, cruzar la zona devastada.

“Aunque fue un fuego malicioso e intencional, prefiero pensar que son personas sin conciencia, que no han podido evolucionar”, confesó el patriarca de la familia Massol Deyá, al conducir este lunes hacia el mismo lugar.

“Aquí lo importante es aprender de la lección y aceptar que aún del dolor, la ruina y la tragedia, los puertorriqueños podemos levantarnos, igual que lo hizo el bosque”.

“La mejor lección para el país está aquí”, insistió.

“Reserva moral y ecológica”

Para sustentarlo, Massol González repasó recuerdos claros, como el grupo de técnicos y científicos que de inmediato se ofreció para coordinar un plan integrado de recuperación para el monte.

“Y tras esa planificación, empezaron a llegar de distintos lugares Puerto Rico seres humanos comprometidos que decían ‘tengo esta especie de árbol en peligro de extinción y lo ofrezco para recuperar el bosque’. Fue una respuesta espontánea y contundente que demuestra la calidad de nuestra reserva moral y ecológica, algo que ciertas personas aún no quieren que sepamos”, comentó.

Las propuestas presentadas se consumaron un mes después del incendio, el 26 de abril de 2014, cuando miles se movilizaron con picos y palas al monte carbonizado, para labrar la tierra y ayudar colectivamente a su recuperación.

“Habían miles de árboles… y empezaron a llegar miles de personas”, agregó Massol González sobre la convocatoria al evento de restauración. “Y cada persona llevaba en sus manos un arbolito. Parecía como una formación militar que en vez de rifles y armas, cargaban árboles entre sus manos”.

“Fue como algo profético. Dijimos que aquí habría un nuevo bosque del pueblo, construido por nuestras propias manos, y así ocurrió”, continuó.

Al final del proyecto, la zona se repobló con ejemplares de cupey, yagrumo, acacia, guayacán, bambúas y “muchos frutales para dar alimento a las aves”, destacó. Pero el reto no concluyó allí.

Cuatro meses de sequía severa sucedieron al masivo operativo cívico, lo que voluntarios de Casa Pueblo contrarestaron con una elaborada red de irrigación y cisternas alimentadas con agua de río. Pero fue el paso del huracán María el más grande revés, al causar daños adicionales, tanto a los arbustos más débiles, como a miles de árboles venerables.

“Aun así, al final la naturaleza es sabia”, puntualizó Massol González. “Los más fuertes sobreviven y son ellos los que renuevan el bosque. Otra enseñanza de la que podemos y debemos aprender todos”.

Tras el recorrido por la zona esta semana, una evidente marca del fuego era irrevocable. La densa vegetación que caracterizaba el lugar previo a la oleada de llamas sigue ausente, pero una alfombra de helechos ha retomado el espacio y entre ellos aflora una cantidad considerable de los árboles sembrados cinco años atrás, por voluntarios de todas las edades.

“Por eso, hoy estoy aquí como el primer día, como si fuera el 22 de diciembre de 1995, cuando celebramos la victoria sobre la minería. Hoy estoy aquí celebrando la victoria del bosque, de nuevo, porque la vida es así. La vida tiene altas y bajas, la vida tiene contratiempos y nosotros tenemos que estar preparados para construir y volver a reconstruir lo que ya construímos”, filosofó Massol González de cara al Bosque del Pueblo.

“Con esa perseverancia es que podemos imaginar y realizar las utopías, cualquiera que como país nos propongamos, y ese bosque es una utopía hecha realidad, muchas, muchas veces”.

Casa Pueblo es un proyecto de autogestión comunitaria que entre sus objetivos promueve la protección de los recursos naturales, culturales y humanos, señala su portal www.casapueblo.org. Se originó en el año 1980 cuando el gobierno de Puerto Rico programaba la explotación minera de 17 yacimientos de plata, oro y cobre en los municipios de Adjuntas, Utuado, Lares y Jayuya, lo que habría devastado 36 mil cuerdas de terreno de la cordillera.

Además de Massol González, entre los miembros fundadores que aún permanecen figuran Tinti Deyá Díaz y un nutrido cuerpo de voluntarios. Para colaborar, puede llamar al 787-829-4842.

Galeria: De la indignación a la reconstrucción 2014-2019

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