Guarionex: “no cumple con los criterios de inimputabilidad”

El psiquiatra Raúl López Menéndez. Foto: Axel Rivera

PONCE-  Según el psiquiatra Raúl López Menéndez, quien testificó hoy como perito del Estado en el juicio por jurado contra Guarionex Candelario Rivera, estar bajo cuidado médico psiquiátrico durante diez años no es sinónimo de padecer alguna condición psicótica.

Así lo aseguró en un intento por refutar el testimonio del doctor Víctor Manuel Santiago Noa, quien ayer, miércoles, como testigo de defensa, insistió en que el imputado de asesinar a sus tres colegas en la Comandancia de Ponce, el pasado 28 de diciembre, llevaba años tomando medicamentos que afectaban su autocontrol y tenía un trastorno esquizotípico de la personalidad, es decir, ideas delirantes de persecución.

La conclusión del perito de defensa, en su informe presentado ante el Tribunal, fue que Candelario Rivera tenía un “trastorno depresivo mayor, severo, con rasgos psicóticos”.

Santiago Noa fue contratado por la esposa de Candelario Rivera, Confesora Matos, para comprobar si el acusado era procesable o no por incapacidad mental. Es la Regla 74 del procedimiento criminal, la que sirve para anticipar una posible defensa de incapacidad mental, trastorno mental transitorio o capacidad aminorada, correspondiente al estado del imputado el día de los hechos.

Sin embargo, para López Menéndez, quien trabaja en el área de psiquiatría forense -criminal y civil- del Departamento de Justicia, los resultados de la prueba psicopatológica “Inventario Multifásico de Personalidad de Minnesota” (MMPI2, por sus siglas en inglés) certifican que Candelario Rivera no es un psicópata. “Las pruebas nos dicen que no hay consistencia”, mencionó.

El perito del Ministerio Público, que concretó una certificación de un año en la Escuela de Medicina de Harvard, puntualizó que lo que el imputado presenta es un posible trastorno de personalidad e indicó que esto tiene que ver, específicamente, con emociones y pensamientos que hacen a uno sentirse diferente al resto de las personas. No obstante, reiteró, que esto no convierte a alguien en psicópata y que solo se valida si las afecciones mentales comenzaron durante la juventud.

López Menéndez le afirmó a la fiscal Sharleen Rosa de Jesús, representante del Ministerio Público junto a Idelfonso Torres Rodríguez, que Candelario Rivera no tiene un historial de uso de antipsicóticos, ansiolíticos y antidepresivos. Asimismo, que este no padecía psicosis porque al entrevistarlo, el 11 de agosto de 2016, pudo observar su coherencia e inteligencia “por encima de la norma” al narrar sucesos.

“Está en perfecto contacto con la realidad. Estuvo en un estado de conciencia adecuado para la entrevista. Fue muy cándido y muy informativo”, detalló el médico sobre el encuentro con el acusado en la cárcel Las Cucharas, en Ponce.

Paso seguido, le explicó al jurado, compuesto por 15 personas, que ese mismo día, el acusado le compartió: “que sentía que lo habían tratado injustamente por mucho tiempo; que había tenido que ir al Fondo del Seguro del Estado en muchas ocasiones; que le tocaban las peores asignaciones; que no lo tomaban en serio; que los policías hacían cosas para sabotear su vida religiosa; que no tomaban en serio sus creencias religiosas; que redactaba cartas y no lo tomaban en serio”.

Durante el testimonio, se sostuvo que Candelario Rivera había entregado una carta a sus superiores en la Uniformada, mas que, aparentemente, esta no fue leída ni referida a un jefe superior.

Supuestamente, detalló López Menéndez, el día de la triple matanza el exagente entró a la Comandancia para preguntar por la supuesta carta.  “¿Dónde está la carta que yo hice?”, le cuestionó a la teniente Luz Soto Segarra, narró el psiquiatra. Pero, alegadamente, la oficial “se la tiró en la cara” más previo a ello, miembros de la Policía se estaban burlando de la forma en que Candelario Rivera le rendía culto a Jesús.

“Pero ese argumento no tiene parámetros psicóticos”, agregó el perito de fiscalía, “si hubiese sido un delirio no hubiese iniciado el día que llegó al cuartel. Los delirios tienen diferentes fases que son notadas por la familia. Una persona con un delirio dice cosas que a todo el mundo le aterran”.

“El señor Candelario entendía lo que estaba haciendo. Para ser inimputable tiene que sufrir de un defecto en su proceso de pensamiento que le impida entender lo que está haciendo…los trastornos de personalidad no impiden a la persona tener contacto con la realidad”, continuó.

Al momento del contrainterrogatorio, el abogado de defensa, Armando F. Pietri Torres, cuestionó el informe recién presentado por no incluir más que una sola entrevista a Candelario Rivera, y ninguna a familiares cercanos o vecinos. El licenciado inclinó su línea de preguntas a que el análisis del perito del Estado estaba incompleto y no se sustentaba en evidencia empírica. Además, exaltó que su perito (Santiago Noa) entrevistó a Candelario Rivera seis veces y que, contrario a él, sí incluyó fechas, horas y números de expedientes en el informe.

“Usted no reportó cuál expediente del Fondo del Seguro del Estado usó; no reportó cuál expediente del médico Américo Oms examinó; mencionó la serie de querellas que hizo Guarionex, pero no las verificó; vio un referido, una amenaza a la Unidad Anti discrimen, y no revisó la carta que escribió al coronel”, machacó Pietri Torres en la sala 505 del Tribunal de Ponce.

Por otro lado, otra discusión fuerte entre el Ministerio Público y el abogado de defensa fue en torno a la relevancia de los benzodiacepinas en el historial psiquiátrico de Candelario Rivera. Para el perito del Estado, los benzodiacepinas pueden producir “en algunas personas” pérdida de memoria, episodios de enojo y coraje, pero estas “son reacciones atípicas y paradójicas” y por ello, son drogas accesibles en los Estados Unidos.

Contrariamente, puntualizó Pietri Torres, que según lo testificado ayer por Santiago Noa estos medicamentos sí producen efectos secundarios peligrosos. El abogado hizo hincapié en lo discutido ayer sobre cómo los benzodiacepinas pueden desvanecer el autocontrol cuando se utilizan prolongadamente.

En la discusión sobre por qué Candelario Rivera llegó con los ojos rojos a la Comandancia de Ponce, en la fecha de la matanza, las versiones de los peritos volvieron a chocar. Santiago Noa había dicho ayer que estos eran resultado de su trastorno psicológico, y López Meléndez asegura que estos pueden ser efecto de presión arterial alta e irritación.

“No cumple con los criterios de inimputabilidad”, insistió el perito del Estado.

La jueza Carmen Otero Ferreiras comunicó que el próximo lunes, 21 de noviembre, se leerán los informes finales de este caso para que el jurado tome una determinación.