No es capricho de la Carta de Derechos

El Estado es un ente imperfecto. Si puede arrestar sin tener razón, arrestará. Si tiene que penetrar una vivienda y registrarla sin tener un motivo, registrará. Si tiene que encarcelar por término indefinido a un individuo, encarcelará.

La imperfección del Estado tendrá siempre consecuencias directas sobre la dignidad del ser humano. Por eso, los pueblos redactan sus constituciones y resaltan que la dignidad de cada persona es inviolable.

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Cada derecho que reconoce la Constitución es un escudo poderoso contra las actuaciones de un Estado que no cesa en su intento de socavar esa dignidad.

Ahora bien, en el Puerto Rico del Siglo XXI, el Estado sabe que tiene en sus manos un gran problema. Los números de la actividad criminal retratan dos sociedades paralelas.  Una que aún aspira vivir dentro del marco de la ley. La otra ha optado por vivir al margen del orden establecido porque ha probado y gustado la posibilidad de vivir sin la presencia del Gobierno.

Quizás no es un retrato. Quizás es una esquela que anuncia el triste fallecimiento del paradigma llamado “operación serenidad.”

El Estado del Siglo XXI, pues, lucha por sobrevivir y esa lucha lo llevará a tomar medidas desesperadas.

Lamentablemente, esas medidas desesperadas siempre tendrán un precio alto que solo paga el ciudadano o la parte débil del contrato social. Ahí nace la propuesta del 19 de agosto: limitar el Derecho a la Fianza.

Puedo señalar que ese derecho a permanecer en libertad bajo fianza antes de mediar un fallo condenatorio, no obedece a un capricho de los redactores de nuestra Carta de Derechos.

El texto es hijo de un pueblo que vivió la cárcel aunque se presumía la inocencia del encarcelado. De un pueblo que pagó con cárcel desde el reclamo de un salario justo hasta la lucha por la autodeterminación de su destino político.

Por años, los Estados han utilizado la excusa de la “seguridad nacional” para intentar sanar alguna situación para la cual no encuentra el remedio apropiado (ver Documento de la Conferencia del Episcopado Latinoamericano y del Caribe en Puebla – 197- Número 315)

El resultado constante, sin embargo, es que todo lo que se hace en nombre de la seguridad nacional siempre mutila el rostro de la dignidad del ser humano y la libertad queda condicionada a supuestos que el Estado inventa caprichosamente.

Y es que el mensaje gubernamental está repleto de espejismos.

Por varias décadas, los gobernantes de turno han “coqueteado” con la idea de enmendar la Carta de Derechos de nuestra Constitución. Han convertido la eliminación del derecho a la fianza en el talismán para resolver el problema de la criminalidad.

Y cuando eso no les funcione volverán con otras ideas para enmendar la Carta de Derechos.  Las anticipo: (1) interceptar las llamadas telefónicas y (2) establecer la Pena de Muerte.

Votaré No. El Estado es un ente imperfecto que atenta constantemente contra la dignidad humana.

(El autor es profesor de la Escuela de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Puerto Rico)