Simpático remanso entre los barrios Yahuecas y Yayales

El hogar de José Antonio Guzmán y Ada Rivera es desde hace semanas un fascinante destino para turistas locales y extranjeros que buscan nuevas experiencias entre las montañas de la isla.

Foto Jason Rodríguez)

Transitaban por el puente fronterizo entre los barrios Yahuecas y Yayales de Adjuntas cuando una gigantesca monoestrellada pescó sus miradas.

Boquiabiertos, frenaron el auto y comenzaron a reír.

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Era la familia DeSoto, un cuarteto de puertorriqueños radicados en San Antonio, Texas, que desesperados por respirar el aire y verde de nuestras montañas salió a pasear por la isla, sin rumbo definido ni hora de llegada.

En este, su más reciente viaje a la patria, estaban decididos a recargar sus memorias con escenarios naturales, los exhuberantes colores de la tierra natal y el penetrante aroma de un café colado entre las llamas de un fogón.

Sin embargo, de regreso al llano nunca pensaron toparse con semejante espectáculo: la Casa Bandera y el Puente Hamaca de otra familia de boricuas, los esposos José Antonio Guzmán Rosado y Ada Rivera Torres.

Ambas creaciones son fruto del ingenio de este binomio alegre, simpático y sociable por antonomasia, quienes desde hace más de dos décadas ocupan la vivienda de madera y zinc que ahora es centro de atracción de cuanto peregrino pasa por la carretera PR-135.

Como era de esperar, los DeSoto descendieron del vehículo y no perdieron tiempo. Todos activaron las cámaras de sus teléfonos móviles y caminaron hasta el puente colgante para perpeturar aquella estampa, irrepetible, sin dejar de sonreir y maravillarse.

“Ese es, precisamente, uno de nuestros propósitos”, comentó en un aparte el locuaz anfitrión, a quien muchos ya conocen por Guzmán. “Allá afuera hay demasiadas tensiones y preocupaciones, pero aquí no”, continuó.

Colores con finalidad

Mientras conversaba al pie de la ventana de la cocina, una de tantas en su hogar con vista panorámica al río Guilarte, Guzmán confesó que tanto a él como a su esposa les apasiona conocer gente, dialogar con visitantes y compartir con todos su innata alegría.

Por eso, les encanta recibir a nuevos amigos, como los que trae La Voladora Boricua, una empresa de excursiones ecoturísticas que viaja frecuentemente a Adjuntas y que desde hace meses hace escala en esta zona para que los turistas vivan la experiencia de caminar por un genuino puente colgante.

Y este último tiene su historia. Como explicó Guzmán, se construyó en el 1998, poco tiempo después de que el huracán Georges arrasara con el único puente vehicular que dirigía a esta pequeña comunidad.

Con materiales remanentes de la reconstrucción del sistema telefónico de Adjuntas, la ayuda de su esposa y de los amigos Edwin Acosta y Ángel Pérez, el cuarteto levantó sobre el río 186 pies lineales de un puente hamaca, logrando sin la ayuda del gobierno que los ancianos que viven en el área pudieran salir y entrar a sus casas, sin caminar riesgosamente por el arroyo.

“Así estuvimos por cinco años, hasta que finalmente se nos hizo caso y en el 2003 se contruyó ese puente sólido que ves allí”, recordó el anfitrión.

Desde entonces, el puente colgante no se usa tanto, pero Guzmán siempre trata que esté “al día” y que sea seguro para los peatones, como los que atrae La Voladora Boricua.

Por recomendación de ellos, agregó, hace dos meses aceptaron colocarle a la entrada una rústica alcancía en la que se solicita a cada transeúnte un donativo que se destina exclusivamente para la restauración de esta pasarela.

Desde entonces, la ayuda no ha cesado. Cada peseta y dolar obsequiado se ha utilizado para la compra de madera tratada en tablones “2×6”, que poco a poco han comenzado a sustituir las planchas de zinc oxidadas y vigas que ya conviene reemplazar.

En el interín, reconoció Guzmán, a Ada se le ocurrió la genial idea de crear focos de atención que no solo les ayuden a ser más visibles desde la carretera aledaña, sino también a fomentar una experiencia excepcional, como la que vivieron los DeSoto.

Así las cosas, una mañana ambos se encaramaron en el techo de la vivienda, lo limpiaron y luego lo pintaron de rojo, blanco y azul hasta convertirlo en otro homenaje a la bandera puertorriqueña.

Mas como si no fuera suficiente, hiceron lo mismo en el poste de cemento que está a la entrada de la comunidad y, más recientemente, convirtieron el techo de su garage en un monumental tributo a la bandera de Adjuntas.

“La gente llega y se transforma”, confesó la matriarca de la familia. “Han llegado hasta personas en depresión que ni del carro se bajan. Pero luego de ver lo que hemos hecho, se bajan, caminan por aquí, nos ponemos a hablar ¡y salen nuevos!”.

“Así es”, agregó Guzmán. “Hasta saco la guitarra y nos ponemos a cantar. Al final, me dan un abrazo y nos dicen ‘A la verdad que ustedes son tremendos’”.

“Y a partir de aquí, ¿qué será lo próximo?”, les preguntó La Perla del Sur.

Tras miradas y sonrisas pícaras entre ellos, como quien conspira alguna sorpresa en secreto, Guzmán aceptó dar un adelanto y confesó que ya estudia un muro cercano para plasmar en él otro homenaje, esta vez a la naturaleza borincana.

Asimismo, no descartó que algún día confabulen con más amigos para crear un festival o junte musical que haga honor a la trova y la bandera puertorriqueña.

“Honestamente, Ada es la de las ideas y yo soy el de las obras”, continuó. “Pero ambos lo que queremos es que al final todos se sientan felices, que se lleven un bonito recuerdo de Adjuntas y que sepan que aquí tendrán siempre unos amigos”, resumió.

Su meta ya lo lograron con La Perla del Sur y, de seguro, con los DeSoto, quienes los tendrán presentes en su nuevo hogar, aunque vivan a 2,148 millas de distancia.

(La Casa Bandera ubica en el km. 16.5 de la carretera PR-135)

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