En Peñuelas se agotan desde los suministros hasta la paciencia

“Hay mucha frustración en la calle y a estas alturas, se entiende”, confesó el alcalde Walter Torres Maldonado. “Eso que se habló sobre una gran planificación y una organización a nivel central fue toda una farsa”.

A cinco semanas del paso del huracán María, la molestia y la frustración en la voz del alcalde de Peñuelas, Walter Torres Maldonado, era palpable.

Mientras a diario avanza el restablecimiento del servicio eléctrico en sectores de los municipios vecinos de Ponce, Guayanilla y Yauco, la totalidad de Peñuelas continúa a oscuras.

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Entretanto, el discurso gubernamental de cómo se pretende utilizar la electricidad producida en el sur para energizar la zona metropolitana de San Juan provoca entre peñolanos un doloroso recordatorio: que su pueblo no es una prioridad para el Gobierno Central.

“Uno se desespera porque ni se ve a las brigadas trabajando”, denunció Torres Maldonado, al criticar la falta de comunicación con directivos de la corporación pública. “Yo te aseguro que en Peñuelas la Autoridad de Energía Eléctrica (AEE) ni sabe cuál es el problema real, porque no han ido a los campos”.

“Nadie de la AEE ha ido a Las Jaguas, El Rucio, sector Belleza o Macaná. No han ido tan siguiera a Caracoles o La Moca”, continuó.

“Ahora las brigadas, las herramientas y el equipo están allá (trabajando la reconexión de sur a norte). Ese esfuerzo por energizar la zona metropolitana a toda costa lo terminamos pagando nosotros en el sur y otros en el oeste”, añadió.

Para empeorar el panorama, la carencia absoluta del servicio eléctrico ha provocado que la mayoría de los 23 mil habitantes de Peñuelas aún vivan sin agua potable.

Según expuso el alcalde, el envío de solo dos plantas eléctricas, de 75 y 125 kilovatios, sería suficiente para reactivar el sistema de bombas que transporta agua al 60 por ciento de la población.

Esta petición, al igual que muchas otras, siguen cayendo en oídos sordos, denunció.

“Hay mucha frustración en la calle y a estas alturas, se entiende”, confesó. “Eso que se habló sobre una gran planificación y una organización a nivel central fue toda una farsa”.

Pero mientras muchos lamentan la falta de agua potable, otros sufren cada vez que cae agua de lluvia.

En Peñuelas se estima que sobre 1,100 personas perdieron su techo durante el paso del huracán. Aunque han llegado 900 toldos, muchas de las viviendas requieren dos o tres debido a su tamaño. Ante esto, más de la mitad de los afectados aún no tienen con qué proteger lo poco que han salvado de sus pertenencias.

“Aquí llegan muchas personas desesperadas cada vez que llueve”, relató Torres Maldonado.

Suministros por cuentagotas

Por otra parte, el alcalde expuso que no fue hasta la semana pasada que se empezó a normalizar la entrada y distribución de agua y alimentos. Aun así, Torres Maldonado insistió que lo que llega no da abasto.

A modo de ejemplo, explicó que Peñuelas ahora recibe 10 paletas de agua al día, cifra equivalente a 480 cajas. Esto para cumplir con las necesidades de más de 12 mil personas sin servicio de agua potable.

“No es suficiente y aún si lo racionas, se acaba en uno o dos días, así que siempre se mantiene la necesidad”, explicó. “Yo agradezco lo que se ha hecho, pero lo que se ha hecho no es suficiente”.

“Para nosotros, poco ha cambiado desde el huracán. La única diferencia es que las calles están transitables y eso es porque nosotros mismos las limpiamos”, continuó.

Asimismo, sostuvo que a cinco semanas del huracán, aun no ha tenido una sola reunión con personal del Cuerpo de Ingenieros del ejército estadounidense.

Como en el día uno

A diferencia de otros municipios sureños donde ha comenzado a restablecerse el sistema eléctrico, en Peñuelas la dieta de los damnificados no ha cambiado desde el huracán.

Los alimentos que buscan los peñolanos -comida enlatada, sopas y productos no perecederos- escasean y su venta sigue siendo racionada. Las góndolas de los supermercados no son reabastecidos con regularidad y solo los pocos negocios con planta eléctrica se mantienen operando.

Sin electricidad, tampoco pueden procesar compras con la tarjeta del Programa de Asistencia Nutricional (PAN).

“Estamos claros que la crisis en Puerto Rico no es la única situación que se está atendiendo, pero ya ha pasado un tiempo razonable. Cinco semanas es más que suficiente para estar al día con asuntos básicos de ayuda”, expuso el alcalde.

“Vienen muchas personas a preguntarnos cuáles son nuestras necesidades. Se les explica, se llenan documentos y todos salen para resolver el problema, pero hasta ahí. No pasa nada, hasta que venga el próximo con el mismo cuento”.

“Ya ni soporto que me pregunten las necesidades. Necesitamos personas que resuelvan”, concluyó.