Nuevo estudio reafirma riesgos de contaminación con cenizas de carbón

En Puerto Rico sobre dos millones de toneladas de cenizas de carbón generadas por la empresa AES permanecen desde el año 2004 bajo urbanizaciones, centros comerciales y carreteras de Guayama, Arroyo, Salinas, Coamo, Santa Isabel y Ponce, territorios que abastecen al Acuífero del Sur.

Foto archivo

Un nuevo estudio de la Universidad de Duke probó que sobre una veintena de cuerpos de agua superficiales y subterráneos en Estados Unidos han sido contaminados -de forma consistente y prolongada- con elementos tóxicos derivados de las cenizas de carbón.

La investigación científica puntualizó además que en todas las muestras de agua y suelo obtenidas en la periferia de 21 centrales eléctricas del sureste de esa nación se identificaron altos niveles de metales pesados como arsénico y selenio. En cada una de estas instalaciones emplean carbón como materia prima y almacenan las cenizas en estanques sin revestimiento.

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En Puerto Rico sobre dos millones de toneladas de cenizas de carbón generadas por la empresa AES permanecen desde el año 2004 bajo urbanizaciones, centros comerciales y carreteras de Guayama, Arroyo, Salinas, Coamo, Santa Isabel y Ponce, territorios que abastecen al Acuífero del Sur.

Sin ninguna barrera o mecanismo que impida la filtración de tóxicos ni contaminantes, el desecho gris también se ha empleado como relleno estructural en proyectos residenciales y comerciales de Dorado, Toa Alta, San Juan, Caguas, Juncos y Mayagüez, reveló el pasado año una investigación realizada por el Centro de Periodismo Investigativo (CPI) y La Perla del Sur.

Intrusión masiva

“Básicamente, todos los estanques de cenizas del sureste de los Estados Unidos están liberando contaminación masiva a cuerpos de agua superficiales y subterráneos de esas zonas”, relató a La Perla del Sur uno de los autores del estudio, el doctor Avner Vengosh, profesor de Geoquímica y Calidad del Agua en la Escuela de Medio Ambiente Nicholas de la Universidad de Duke.

“Y algunas de las muestras colectadas confirmaron altos niveles de contaminantes”, continuó.

Por ejemplo, su equipo investigador detectó altas concentraciones de manganeso, vanadio, selenio, arsénico y molibdeno, disueltos en pozos poco profundos cerca de un depósito clausurado de cenizas en Tennessee. Allí el agua subterránea contaminada, además, mostró concentraciones de metales pesados que excedían los límites para agua potable y los estándares de cadmio, hierro, níquel, plomo, selenio y zinc para ecosistemas acuáticos.

Tanto la ingesta de arsénico como de mercurio, cromo y plomo se asocia a graves condiciones de salud como daño neurológico, problemas cardiovasculares, cáncer del pulmón, piel y estómago, además de asma y daños a riñones, según la organización estadounidense Médicos por la Responsabilidad Social.

Precisión científica

Para el estudio, explicó Vengosh, los científicos recurrieron a un protocolo excepcional denominado “Diagnosis Fingerprint”, que permite identificar con precisión científica cuándo la contaminación es provocada por cenizas de carbón.

“Cuando se investigan casos de contaminación, en muchas ocasiones se debate si la fuente proviene de cenizas de carbón o de fuentes naturales. Y nuestro estudio de isótopos con ‘Diagnosis Fingerprint’ nos permite identificar la presencia de cenizas de carbón en el ambiente”, agregó Vengosh.

El examen de Duke incluyó además el análisis del monitoreo de 156 pozos de agua potable, cercanos a estanques de cenizas de carbón en 14 centrales eléctricas de Carolina del Norte.

La posibilidad de que estos también hayan sido contaminados se confirmará o descartará en el estudio que Vengosh y los coautores Jennifer Harkness y Barry Sulkin divulgarán en la próxima fase de la investigación.

“Esperamos publicar más hallazgos temprano en el próximo año. Ahora estamos haciendo experimentos con las cenizas de carbón para determinar de forma sistemática qué puede salir de ellas”, dijo Vengosh.

La pesquisa de este equipo se originó en el año 2008 tras suceder el mayor desastre ambiental con cenizas de carbón en la historia de los Estados Unidos, el derrame de la central eléctrica Kingston en Tennessee.

En la madrugada del 22 de diciembre de ese año, un dique de su monumental estanque de cenizas de carbón colapsó, lo que provocó que más de cuatro millones de metros cúbicos de lodo cloacal inundaran 308 cuerdas de terreno, contaminaran los ríos Emory y Clinch -tributarios del río Tennessee-, y dañaran campos y propiedad.

En enero de 2009, un estudio independiente detectó altos niveles de metales tóxicos en el lodo vertido durante el derrame. Entre ellos, arsénico, cromo, cadmio, mercurio, plomo, cobre y níquel. También talio y bario, elementos omnipresentes en las cenizas de carbón.

Se estima que solo la tarea de limpieza en Kingston, aún en curso, costará entre uno y dos billones de dólares. Simultáneamente, diversos pleitos con reclamaciones multimillonarias se ventilan en tribunales federales.

“Estudios nuestros, como el que hicimos en Tennessee, en efecto han sido utilizados por cortes federales para demostrar que sí existe un vínculo entre las cenizas de carbón y la contaminación con metales pesados”, planteó Vengosh. “Y la corte federal ha ordenado a la empresa eléctrica limpiar el lugar, basado en nuestros hallazgos”.

Absolutamente

Sobre la posibilidad de que en Puerto Rico las millones de toneladas de cenizas descartadas sobre suelo virgen o a la intemperie provoquen un patrón similar al descubierto en el estudio de Duke, el doctor Vengosh disipó dudas.

“Absolutamente”, respondió. “Ya hemos demostrado, en muchos casos, que cuando se colocan cenizas de carbón en la tierra y la lluvia cae sobre ese suelo, (al agua) se mezcla con las cenizas, lo que provoca que los contaminantes de las cenizas se transfieran (“leach out”) a aguas superficiales o subterráneas y puedan contaminarla”.

“Ahora, debido a que ustedes tienen grandes precipitaciones, con el tiempo se esperaría que ocurra cierta acumulación de contaminantes. Así que, lo primero que se debería hacer es implementar un sistema adecuado de monitoreo para probar si tiene o no efectos en el ambiente”, recomendó Vengosh, geoquímico con más de 30 años de experiencia.

Sin remedio a la vista

Esta posibilidad, sin embargo, no figura entre las exigencias de la Regla de Residuos de la Combustión de Carbón aprobada por la Agencia de Protección Ambiental federal (EPA, por sus siglas en inglés) el 19 de diciembre de 2014.

En su lugar, desde octubre pasado esta guía federal exige a las centrales de combustión industrial de carbón que implementen un plan de monitoreo de agua subterránea solo “alrededor” del área donde se almacenen estos residuos, reconoció Carmen Guerrero Pérez, directora de la Oficina del Caribe en la Región 2 de la EPA.

En el caso de AES en Guayama, el requerimiento los obliga únicamente a examinar aguas subterráneas en sus predios y a divulgar los hallazgos en una página de Internet.

Al cierre de esta edición la empresa solo había publicado un informe del pasado mes de agosto, con el plan de acción recomendado por la empresa DNA Environment de Guaynabo. En el mismo se anuncia que hasta el 17 de octubre se recopilarían ocho muestras de cinco pozos hincados en predios de la planta.

Sus resultados presuntamente serán divulgados en un reporte anual, el 31 de enero de 2018.

Este examen de agua subterránea no abarcará las decenas de lugares en el sur, este, norte y oeste del país donde han ido a parar toneladas de este desecho tóxico. Para conocer algunas de esas ubicaciones acceda en Internet al reportaje del CPI y La Perla del Sur “Prometieron empleos y trajeron cenizas”.