Mural yaucano perpetúa a su legendario limpiabotas

El colosal mural engalana la calle Santiago Vivaldi de Yauco.

El limpiabotas yaucano Santiago “Ito” Madera Vázquez no lleva reloj. Cuando el sol del mediodía ilumina su cajón para lustrar zapatos sabe que la jornada laboral ha finalizado.

Empero, el pasado 15 de julio, su estadía en el casco urbano del Pueblo del Café se prolongó.

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No retornó a la hora de almuerzo a su hogar en el barrio El Cafetal de Yauco porque antes debía encontrar un mural que, según le habían comentado sus clientes, era “el mejor retrato que le habían hecho en la vida”.

Por eso, justo a las 12:30 de la tarde recogió sus utensilios de trabajo y partió cuesta abajo, por la calle Pacheco.

Tan pronto llegó a la intersección con la avenida Santiago Vivaldi, pudo verse a sí mismo, tal cual está “sentado en la calle” la semana entera.

“Quedé igualito”, repitió casi murmurando, como de costumbre habla este veterano artista del betún.

Allí, en el estacionamiento de la antigua cooperativa de Yauco -donde ubica la obra- pasó casi “cuatro horas” observando la creación del adolescente Rafael Enrique Vega.

Entretanto, las calles de la desaliñada urbe, donde hay decenas de establecimientos clausurados y pocos transeúntes diurnos, se transformaban.

Como ocurría en el pasado, expresó Ito “El Flaco”, las vías se colmaron de personas que agradecían su trabajo y determinación.

“Yo no pensaba esto… nunca pensé llegar a esto”, contó el limpiabotas horas después del evento, ya sentado en la marquesina de su casa, sin rastros de pasta negra o marrón en sus manos.

Se refería a que jamás consideró que su oficio de más de medio siglo se convertiría en fuente de inspiración para una de las emblemáticas 17 obras que conforman el festival de arte urbano Yaucromatic, organizado por el líder cívico Jonathan “Pito” Hernández de León.

“No puedo creer haber quedado igualito allí”, manifestó con emoción este obrero a punto de cumplir 65 años de edad.

Su travesía ha sido extensa, abundó. Desde los 14 años comenzó a brillar el calzado como medio de manutención para él y su familia.

En la escuela fracasó en dos ocasiones, confesó, al tiempo que su pasión por convertirse en el sucesor del reconocido limpiabotas Pablo “El Negro” aumentaba.

Fueron cientos las tardes que pasó observando al único obrero del oficio que había, en aquel entonces, para aprender por cuenta propia cómo dejar los zapatos inmaculados.

Su padre, Santiago Madera Padilla, fue cómplice de esa misión. El jefe de una familia de siete hijos le construyó la primera caja de madera con la que Ito podría abalanzarse a la calle Comercio desde que saliera el alba, para ganarse el peso.

Meses después, expresó, él mismo armó su segundo cajón para pulir calzado con “uno de esos cajones de bacalao, de los que ya no vienen”.

Ese equipo lo continúa acompañando, pues cuando se enferma o no hace la cuota diaria, recibe a los clientes en su propio techo y continúa obteniendo su indispensable ingreso.

Según Ito, a veces logra entre diez a 15 clientes, pero “antes venían más”. Explicó que la merma en negocios, en lo que solía ser el pulmón económico de Yauco, ha tenido ese efecto.

Sin embargo, aseguró, continuará su trabajo hasta que “las fuerzas” se lo permitan.

“He brillado toda la vida y seguiré hasta que Dios quiera. Aún no sé quién podría ser mi sucesor, ya que la juventud de hoy día no piensa en esto, pero estoy seguro que si alguien me reemplaza será después de que me muera o cuando esté más anciano”, afirmó.

Eternamente agradecido

Mas al repensar en la obra que lo ha inmortalizado, su asombro no cesa. Tampoco deja de comentar que un “nene que va ahora para la universidad” tenga semejante talento.

“Cada expresión facial, cada uno de mis huesos… lo hizo exacto”, puntualizó sobre la obra de Rafael Enrique Vega, quien en agosto inicia estudios en la Escuela de Artes Plásticas de Puerto Rico, tras culminar la escuela secundaria en la Escuela de Bellas Artes de Ponce.

El joven ponceño, quien esperó a Ito frente al mural el día que develó la obra, se sintió “honrado” por la tarea que le tocó.

“El Flaco echó a su familia adelante limpiando botas. Nunca ha abandonado su lealtad al trabajo. Es una persona que merecía un homenaje, sin duda alguna”, destacó ante la multitud de espectadores.

“Esta obra es un abismo, es la estructura interior de la persona. Si Ito lo vio y se sintió bien al verlo, quiere decir que logramos nuestro propósito”, compartió con entusiasmo sobre su trazo para perpetuar al único limpiabotas que queda en Yauco.

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