Isla Calor: Devolverle el verdor a la Ciudad Señorial debe ser tarea de todos

Foto archivo

La ubicación geográfica, la dirección de los vientos, la baja precipitación y la densidad urbana, entre otros factores, provocan en nuestra Ciudad Señorial esa distintiva sensación de calor a la que tantas veces hacemos referencia.

Los árboles y la vegetación en general son el mejor antídoto a esa sofocante sensación. Un solo árbol es capaz de bajar varios grados de temperatura, además de atrapar, romper y distribuir las brisas, repartiéndola a su alrededor e incrementando el “agradable factor viento”, lo que nos permite disfrutar de un ambiente más “confortable” cuando nos encontramos próximos a él.

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No debemos dejar de mencionar el fabuloso y eficiente trabajo que un árbol hace al momento de purificar el aire que todos respiramos.

Con el paso de los huracanes Irma y particularmente María, la pérdida de árboles en nuestro Centro Histórico fue masiva. Se cuentan por decenas o decenas de decenas los árboles de todo tipo, tamaño y especie que perdimos.

Árboles que además de adornar, refrescaban el ambiente, daban sombra, purificaban nuestro aire, amortiguaban y camuflangeaban los ruidos, haciendo de nuestra ciudad de Ponce una más placentera y más amable.

Hoy día, ante tan masiva perdida vegetativa, la temperatura ha aumentado sensiblemente y más aún aumentará durante los meses que se aproximan. Este efecto, reconocido y medido en el mundo de la ciencia, se conoce como “lsla Calor.” La concentración de altas temperaturas en un lugar específico, normalmente urbano, por razones identificables y agraciadamente, muchas de estas modificables.

Es inminente e impostergable devolverle a la Ciudad el fresco encanto perdido.

Este debe ser un esfuerzo de todos, coordinado con el Gobierno Municipal. Todos debemos apoyar dentro de nuestras posibilidades, la compra, la resiembra y la reforestación educada, pero pronta de la Ciudad.

Adopta un árbol

Para predicar con el ejemplo, lo que es siempre la mejor de las prédicas, justo frente a nuestra Escuela de Arquitectura perdimos un hermoso caobo que nos acompañó por muchos años.

De inmediato, en coordinación y con el apoyo del personal de Obras Públicas Municipal (quienes repararon nuestra acera dañada) nos hicimos responsables de adquirir, sembrar y regar diariamente un nuevo árbol.

Devolverle el verde a la ciudad debe ser tarea de todos nosotros, los ciudadanos, contando con la flexibilidad y cooperación del Gobierno Municipal, así como con el convencimiento de todos de que esto es lo correcto, lo bueno y lo más beneficioso para nuestra Ciudad.

Ponce debe reverdecer. No más cemento. No a la Isla Calor.